Estrella Morente: «el auténtico giro lo darán las personas. No los políticos ni el poder»

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¿Consideras que haber nacido en el seno de la cultura gitana te ha aportado en tu trayectoria personal y profesional?, si es así ¿por qué motivos?

Los gitanos son un referente de supervivencia y de cultura, de colorido y de historia, de leyes, de dogmas, de magia y de misterio, cómo no va a aportar eso al flamenco y a la cultura en general. El flamenco es mágico y eterno, el pueblo gitano también.

¿Tu familia te ha enseñado a valorar este hecho?

Eso se vive o no se vive, no es presumir de nada, es saber y ser consciente de las tradiciones de un pueblo que se expresa casualmente a través del arte, qué casualidad, qué casualidad. Hay, muchos avances y muchos pasos que dar, pero hay algo por encima de todo que hay que respetar, esa es la esencia del pueblo gitano. Los auténticos gitanos hablan de respeto y hablan de diálogo, ellos no cuestionan sus problemas en un tribunal, lo arreglan con la palabra y la palabra del patriarca es la que marca y decide, como si fuera la de un juez. En este caso es la fidelidad y la veneración a la decisión del mayor. Otras personas deciden ingresarlos en la residencia y ellos, los gitanos, los encumbran y siguen su razón hasta cuando la pierden.

Ser mujer gitana y andaluza ¿qué significado tiene para ti?

Yo tengo la suerte de haber nacido en una familia, mi madre es gitana, mi padre no lo es, pero mi padre es adorado, querido y uno más del pueblo gitano porque ha entendido, ha valorado sus creencias, sus maneras y las ha acrecentado, las ha proyectado hacia su familia limando lo innecesario, quedándose con lo mejor, empezando por mi madre, que es una gitana del rastro de Madrid. Como cantaor, todos los gitanos lo adoran y lo consideran como «el mejor de los gitanos», por su respeto, por su cariño siempre, hacia este pueblo, e insisto, la prueba mayor es su familia, criando a sus hijos y enamorarse de una mujer gitana con todas sus consecuencias, viajando en la vida con ella. Mi cometido como mujer, ya no sólo como gitana, es conseguir ser más respetada y valorada, no más que el hombre. Me han educado en un sistema de igualdad y eso es lo que pretendo contar a través del cante, de mi profesión y en este caso, de estas palabras. Mi objetivo es el respeto hacia todos y creo que el conocer los entresijos de las leyes gitanas me ha ayudado a respetarlas pero también a mostrar que se puede ser libre y fiel a la vez.

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¿Crees que en nuestro país existe una igualdad real entre gitanos y no gitanos?, ¿por qué?

En mi casa nunca sucedió eso, mi casa es un ejemplo, mi casa es la mejor respuesta para esta pregunta. Las personas son personas ante todo, no existen las razas ni los colores en la piel humana, es cuestión de que el sol da de una manera en una tierra, y en otra, de otra. La música en este caso demuestra que no hay fronteras, ni barreras, ni razas; hay sentimientos, hay intenciones, inteligencia, ignorancia y religiones, que son una de las grandes culpables de los enfrentamientos entre los seres humanos. Creo que hay tender puentes de diálogo y de entendimiento.

¿Consideras que los gitanos están acercándose a conseguir la igualdad entre hombres y mujeres?

Yo creo que el pueblo gitano, que lleva una gran desventaja en la historia, está haciendo grandes esfuerzos por sobreponerse, por actualizarse y por acercarse a la sociedad. Tenemos gitanos abogados, jueces, maestros, directores de orquesta, como es el caso de Paco Suárez, de Extremadura. Tengo mucha ilusión de cantar con la Orquesta Romaní, es un auténtico privilegio.

Siento honor y orgullo de que el pueblo gitano avance, como otros pueblos. Hay muchas maneras de avanzar y tenemos que poner nuestro grano de arena.

¿Qué reivindicarías a las instituciones sociales y/o políticas para conseguir la integración de las familias gitanas en la sociedad?

Creo que el auténtico giro lo darán las personas, no los políticos, ni el poder, ni los estamentos, no los que deciden normalmente quién está en el sitio. Uno se coloca en el sitio con el tiempo, espero que las muchachas gitanas, decidan emprender una carrera universitaria y enfrentarse a sus principios con el apoyo de los suyos sin dejar de ser ellas.

El poder está en el pueblo, en las personas de a pie, el poder del cambio está en nosotros. Nosotros somos las que vamos cambiando la historia, no alguien con una etiqueta, un diploma o un título. Es hora de que la ignorancia, que ha sido la gran culpable de muchos destrozos en la humanidad, se vaya anulando y salgan a flote la cultura, el saber estar, la formación, la sensibilidad, el colorido.

En sentido inverso, ¿qué les pedirías a los gitanos para implicarse en su plena integración?

Atención. Atención a lo que escuchan, el gitano suele vivir en un mundo autosuficiente, el gitano de por sí tiene una naturaleza especial, dadivosa, generosa, con los suyos. Le gusta el color de la vida, de las mañanas, de las noches, de la naturaleza, los caballos, los animales, la comida, etc. A veces desatiende de manera intuitiva lo que cuentan en los periódicos; le interesa poco porque como comprenderás, alguien que es tratante o marchante de bestias, de caballos, de animales, vendedores de ajo, venta ambulante, etc., pues no le interesa lo que suceda en la bolsa. Si se interesaran un poco más tendrían el poder y la inteligencia de cambiar muchas cosas. Les pido atención, atención a las noticias. Hay gitanos muy cultos a los que les preocupa lo que sucede en su sociedad, pero normalmente a los gitanos les preocupa lo que sucede en su entorno, en su familia, en su día a día, en su venta de la mañana, porque es lo que le da de comer a los niños. Hay gitanos que han dado ejemplo, como es el caso de mi amiga Juana Martín, en el mundo de la moda, Paco Suárez o la familia Reyes, en el mundo de las antigüedades, anticuarios en la calle Elvira de Granada de toda la vida, así como gitanos poetas, escritores, arquitectos, médicos. Es importante para mí que haya gitanos maestros, con una sensibilidad a flor de piel.

¿Consideras que la mayoría de la sociedad tiene una visión cercana a la realidad de los gitanos?

Ojalá la sociedad entendiese la vida y las circunstancias como lo hace un buen gitano aferrado a los sentimientos y a las costumbres de sus mayores, con el cariño hacia los niños, a la naturaleza y al contacto con la raíz de la tierra.

¿Ser gitana ha contribuido de algún modo en tu manera de entender el flamenco?

Yo he escuchado a mi abuelo que era gitano de «pura cepa» pero también he escuchado a mi abuela que no lo era, una mujer del campo de la Vega de Granada, que trabajaba haciendo ganchillo mientras recogían los frutos del campo y cantaba los cánticos populares que tanta verdad llevan. No veo diferencias entre mis «dos casas».

¿Qué personajes te han enriquecido en tu vida relacionados con el mundo cultural y artístico gitano?

La gitanería tiene algo de embrujo, tiene algo de chispa y de duende, es alimento para el alma porque es misterio y es una manera de caminar en la vida, siendo gitano y siendo flamenco. Cuando yo canto «El amor brujo» de Manuel de Falla y recuerdo esos textos de María Lejárrega, la mujer de Gregorio Martínez Sierra, mano derecha de García Lorca, de Falla y de muchos escritores, sin ella ser gitana sentía la gitanería de esa manera. Manuel de Falla no era gitano y acercó la cultura y el flamenco a todos. Yo me he criado en esas enseñanzas populares y en esos esfuerzos por acercarnos, como es el caso de Lorca, que quiso engrandecerlo. Si escritores como Lorca o Falla mostraron en sus obras este mundo, algo tendría para que ellos se enamoraran de él.

¿Cómo definirías brevemente a la mujer gitana?

Mi madre: Aurora Carbonell, La Pelota.

¿Podrías plasmar alguna letrilla flamenca relacionada con estas cuestiones, que te haya aportado especialmente?

El cancionero popular del flamenco es muy rico, llevando a mi padre a indagar en la poesía. Decía que sin literatura la vida estaba vacía y que realmente era la única que te daba una visión más o menos veraz de lo que es la historia y tus orígenes. Hay muchas letras populares pero todas comparten el alma de los más puros sentimientos:

«Qué pena es quererte tanto
y tenerte que olvidar,
eso sí que son quebrantos».

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Entrevista: Mariola Cobo Cuenca.


Fotografías:

1. Gregori Civera.

2. Bernardo Doral.

3. Sergio Parra.