La integración invisible

«Una vida sin matices
solo conduce a los grises»

¿Qué significado tiene pertenecer a un mundo global?, ¿qué connotaciones conlleva que las personas alcancemos la integración?

Me gustaría que nos respondiéramos a dos preguntas.La primera es, ¿la mayoría de las personas se comportan con maldad? Y la otra es, ¿la mayoría de los gitanos se comportan con maldad?

Muchas personas consideran que el hecho de pertenecer a esta etnia conlleva unos prejuicios que han sido construidos durante siglos. Entre todos tratamos de buscar culpables y victimizar al resto, de este modo se criminaliza al gitano como un único responsable, pero ¿de qué?

Generalmente, cuando la pobreza ha alcanzado de lleno a las familias, es más fácil que todos nos planteemos quebrantar alguna ley.

Por otra parte, en nuestra sociedad muchos gitanos han vivido integrados, con normalidad, aunque para algunos de ellos haya supuesto renunciar a casi todo lo que supone el mero hecho de sentirse gitano (no pretendemos referimos a ritos o prototipos anclados en el machismo). Simplemente han renunciado a manifestar su identidad por temor a ser encuadrados.

Llegar a integrarse no significa alcanzar la uniformidad como si se tratara de una línea recta. Este hecho supone la pérdida de una identidad en un mundo cada vez más homogéneo y globalizado (aunque no suponga una uniformidad en la adquisición de derechos humanos).

Los gitanos plenamente integrados no tendrían por qué ocultar su identidad por temor a ser juzgados, ¿a qué exactamente?, ¿ello supone alcanzar la plena integración?, pareciera más bien un acto de confusión monótono o uniforme que va ligado a la desaparición entre «mayorías absolutas». Solemos escuchar que la diversidad cultural en el mundo está abocada a desaparecer, pero ¿para convertirnos en qué?, y ¿para quién es positivo?

Aunque sea evidente que tendemos a absorver valores impuestos, el intercambio cultural tendría que ser más bien un enriquecimiento mutuo con el diálogo como base.

Convivir con gitanos sin haber nacido en su seno, supone apreciar la heterogeneidad entre nosotros, descifrar cuestiones e indagar franqueando barreras que todos hemos construido durante siglos. Esos muros edificados desde la ignorancia, a veces caen, pero también siguen creciendo, lo extraño es que no sabemos quién los sigue construyendo.

Muchos individuos tenemos un temor infundado sin saber exactamente a qué, esta línea invisible y potente nos sigue dividiendo a pesar del tiempo transcurrido.

Hemos confundido la igualdad entre personas con el hecho de «convertirlos» a un bando, absorbiendo la cultura hasta dejarla sin matices.

La pobreza no es identidad, tampoco representa a nadie cual bandera, hemos de entenderlo y los que viven en la desigualdad también. Las diferencias culturales son un hecho, existen por razones obvias y se han constituido con el paso del tiempo, ¿no podríamos respetarlas en lugar de rechazarlas? Quizá lograran enriquecernos. Las familias gitanas que han adquirido una educación no están obligadas a abandonar lo que les une, ya que seguir perteneciendo a esta etnia no significa rechazar «a esos otros» con los que conviven.

Si realmente lo pretendemos, podremos avanzar creando vínculos de unión a través de actitudes conciliadoras, de aprendizaje, de diálogo, de escucha, así como con propuestas reales de acercamiento sin la desconfianza como base.

Editorial del Nº2. Primavera de 2015.
Por Mariola Cobo Cuenca.