Las gitanas y la Inquisición

Amarí busca analizar el funcionamiento de las instituciones de poder como instrumento de homogeneización social. En este sentido, los artículos sobre minorías y su relación con los mecanismos de dominación suponen una temática muy trabajada dentro de la investigación histórica. Nuestra intención es aplicarlo al caso de la Inquisición en relación a las mujeres gitanas.

Castillo de San Jorge, Triana, sede del Tribunal de la Inquisición. S. XVII.

Castillo de San Jorge, Triana, sede del Tribunal de la Inquisición. S. XVII.

 

El Tribunal de la Santa Inquisición fue instituido por el Papa Lucio III en 1183 para defender los delitos contra la fe católica. En él se denominaba herejes a aquellos que practicaran doctrinas contrarias a las enseñanzas de la Iglesia. En principio esto sólo debería afectar al ámbito de lo religioso, sin embargo cualquier costumbre que se desviase de lo que era entendido como «forma de vida cristiana» podría ser juzgado como herejía.

A lo largo de la Edad Media la Inquisición se extendió a todos los reinos cristianos europeos. Así, para 1249 se estableció en Aragón y serían los Reyes Católicos quienes en 1478 lo implantaran también en Castilla. Este tribunal estuvo bajo control monárquico y duró en España hasta su abolición en 1834 bajo el reinado de Isabel II.

Durante la Edad Media y Moderna, las minorías sociales fueron uno de los objetivos de los inquisidores generales puesto que suponían una desviación de la doctrina que marcaba la Iglesia. En consecuencia, en los reinos cristianos de Europa se fue desarrollando un proceso de homogeneización de la sociedad mediante una persecución sistemática de aquellos colectivos que se salían de las formas de vida dominantes o mayoritarias. De este modo, diversos grupos como judeoconversos, moriscos y gitanos sufrieron el acoso del Estado y de la Iglesia a través de diversos tipos de acusaciones.

Los delitos posibles para recién convertidos al cristianismo, como judíos y musulmanes, era ser acusados de prácticas «judaizantes» y «mahometizantes» respectivamente. Es decir, aquellos bautizados que de forma secreta practicaban otra fe. Por otra parte, para los gitanos los delitos solían estar englobados dentro de las llamadas supersticiones, que deriva de la palabra latina superstitio o creencia extraña a la fe religiosa. Entre las condenas que se imponían por este delito estaban los 100 azotes o vergüenza pública, los destierros de tres meses a diez años de duración o las multas. Dentro de las supersticiones existían dos tipos de delito: la brujería y la adivinación.

En primer lugar nos centraremos en la brujería. Bajo esta denominación se acusó a numerosas mujeres en toda Europa, seguramente entre ellas mujeres gitanas. En España durante los siglos XVI y XVII las mujeres eran sacadas por la calle para una condena social y azotadas públicamente. Además, algunas de ellas terminaron siendo echadas a la hoguera injustamente por no mostrar arrepentimiento del delito que se les imputaba.

Castillo de San Jorge, Triana, sede del Tribunal de la Inquisición. S. XVII.

Castillo de San Jorge, Triana, sede del Tribunal de la Inquisición. S. XVII.

En segundo lugar, trataremos la adivinación o predicción del futuro y cosas ocultas mediante actos sobrenaturales o mágicos sin recurrir a Dios. En ella se diferenciaban dos situaciones, por un lado los sortilegios o adivinación de suertes supersticiosas. y por otro lado, los augurios o adivinación a través de la ubicación y movimiento de los astros.

Desde un punto de vista antropológico, la construcción de estos delitos fue la herramienta que la sociedad androcentrista dominante usaba para controlar que las mujeres no se salieran del rol que la moral cristiana les asignaba.

La Iglesia y el Estado, como instituciones jerárquicas de poder dirigidas por hombres, no podían tolerar que las mujeres gitanas ejercieran ciertas prácticas que se saltaban su autoridad.

El hecho de que la mujer recibiera la admiración de sus vecinos, bien por desarrollar una sabiduría o conocimientos que al resto se les escapaban, o bien por curar enfermedades, hizo que la Iglesia y el Estado como instituciones de dominación viesen a la mujer gitana como una rival. De este modo, el Tribunal de la Santa Inquisición fue un instrumento al servicio de una sociedad patriarcal que no permitía a las mujeres gitanas poder ejercer determinados oficios que desafiaban el status quo.

Este tipo de «conductas desvíadas» según los tratadistas inquisitoriales debían ser perseguidas, así las mujeres gitanas quirománticas fueron equiparadas a brujas. Es difícil saber si eran gitanas o no, sin embargo gracias a la labor investigadora basada en el estudio de los apellidos de los acusados se ha podido saber que son más de las que se creía. A modo de ejemplo citaremos varias denuncias.

En la sección del archivo del Santo Oficio toledano se dieron casos de adivinas como son el de dos gitanas llamadas María y Magdalena para el año 1623; Isabel Cortés entre 1624 y 1625; María Hernández en 1635, que fue encarcelada y estaba embarazada mientras se produjo el proceso; o Catalina de Osses y Orobio ya en 1721. Por otro lado, en el tribunal de Valencia existen también casos como el de Isabel M.ª Montoya en 1671 y María Montoya en 1711; Josefa del Cabello para 1721; Generosa Vicente en 1725; Vicenta Eugenio ya en 1730; y finalmente, la denuncia contra Antonia Díaz en 1794. Por último, el Santo Oficio en Córdoba procesó a Sebastiana Gratiniana en 1684, condenada a 4 años de destierro; Sebastiana Fernández en 1747; o Juana Alonso Álvarez que en 1781 fue sentenciada a Sanbenito y destierro por ocho años.

Al observar detenidamente los datos, los investigadores han llegado a la conclusión de que el número total de procesos es bajo si lo comparamos con otras minorías, como judíos o musulmanes conversos. Ello se debe a que la etnia gitana era escasa desde un punto de vista demográfico.

Sin embargo, entre el total de las acusaciones a gitanos cabe destacar que la mayoría fueron mujeres. Así, de los 168 procesamientos de gitanos detectados en los autos de la Inquisición española, 115 de ellos fueron a mujeres.

Por Fernando Jiménez Carpio.


Bibliografía:

Díaz de la Guardia, Luís. Un proceso inquisitorial del siglo XVIII. Archivo Histórico Diocesano de Jaén. 1997.
Caro Baroja, Julio. Las Brujas y su mundo. Madrid, Alianza, 2003.
Caro Baroja, Julio. Vidas Mágicas e Inquisición. 1992. www.books.google.es
Caro Baroja, Julio. La Inquisición y los gitanos. Madrid, 1988.
Contreras Contreras, Jaime. Estructura de la actividad procesal del Santo Oficio. 1993. www.unirioja.es
Montoya, Víctor. Las hogueras de la Inquisición. 2009. www.bolpress.com
Sánchez Ortega, M.ª Helena. Hechizos y conjuros entre los gitanos y los no gitanos. 1984. www.revistas.ucm.es