Mujer gitana con trabajo y formación

«La integración no es desintegración, un término demasiado utilizado. Más bien parece que desaparecemos para convertirnos en lo que no somos»

Mi nombre es Mª Fernanda Muñoz Fernández y nací en 1966, en Atarfe, Granada. Soy Licenciada en Antropología Social y Cultural, Diplomada en Educación Infantil, Experta en Estudios Romaníes y Experta Universitaria en Estudios Romaníes Internacionales. Esta formación la adquirí en la Universidad de Granada. Actualmente coordino el Plan Integral de Desarrollo Gitano, en el Consorcio para el desarrollo de la Vega-Sierra Elvira. Es un programa de intervención en la comunidad con las familias gitanas, en los pueblos de Atarfe, Colomera, Illora, Santa Fé, Fuentevaqueros y Pinos Puente.

Lo que más aporta mi trabajo es la relación con las familias y el contacto con la gente: de la gente no te olvidas. Nosotros podemos hacer mucho con las personas, aportando recursos para alcanzar su integración. La integración no es «desintegración», ese término está demasiado utilizado y más bien pareciera que «desaparecemos para convertirnos en otra cosa». Ninguna cultura es más que otra. Quiero manifestar que existe más población gitana integrada en la sociedad, sin embargo tienen más eco los gitanos que viven en la marginación.

Reivindico que se proyectaran más ideas positivas acerca del mundo gitano y que se alcanzara una igualdad más real, menos politizada y menos vista, ya que únicamente se destaca el estereotipo.

Andalucía es la comunidad de las «cuatro culturas» y no de las tres culturas. Me gustaría reivindicar la no desaparición de la lengua caló, todos la hemos utilizado en el castellano y muchas personas lo desconocen. ¿Por qué no buscamos alternativas para la no desaparición del caló? La lengua es un vehículo muy importante para un pueblo. Me gustaría que los gitanos ocuparan puestos importantes, no todos tienen por qué alcanzar los estudios universitarios, pero podrían ocupar puestos que ellos quieran ocupar.

En Europa los gitanos podrían adquirir unos puestos de importancia para tomar decisiones hacia ellos mismos, hoy no los ocupan. Los estereotipos no desaparecerán en dos días, los gitanos no somos flamenco, ni noticias de casas quemadas en pueblos, como sucedió en Estepa.

En cuanto a las aportaciones, las mujeres gitanas son un pilar fundamental sobre la que se sustenta la familia: sus costumbres, sus valores dentro del grupo son una idea, y fuera de este grupo son otra. Pareciera más bien que, de cara a la sociedad, ellas no tiene tanta voz, que estuvieran supeditadas, secundadas y reservadas; pero no, no es así, sin la mujer no se podría continuar en multitud de aspectos.

Mi madre me inculcó muchos valores, uno de ellos, el respeto hacia mi padre, que no significa machismo, sino respeto. Cuando fui a echar la matrícula a la Universidad fue mi padre quien me acompañó; no lo hizo por protegerme, sino por orgullo hacia mí. Este hecho significó un halago, no una situación de agobio.

En nuestro trabajo no apartamos a los hombres de las actividades, vienen con sus familias, vienen de nuestra mano, les hemos concedido su espacio y ellos lo han ido encontrado: «vamos con las niñas» dicen cuando se incorporan a las actividades junto a su familia. Aunque las ponencias y las jornadas las imparten mujeres, ellos pueden asistir y participar.

Queda mucho por hacer, aunque se ha avanzado muchísimo. Todos estamos en la misma isla, esperamos que esa isla no se hunda.

Por Mª Fernanda Muñoz Fernández.