Avanzar sin olvidar

«Recuperemos del olvido
lo que nos hizo sentir vivos»

Es difícil imaginar lo que supone vivir en la humildad, salvo para quien lo ha hecho. Cuando observamos fotografías de hace décadas en blanco y negro, o de colores rojizos en estampas arrugadas, percibimos notables diferencias que van más allá de la pura imagen.

Es evidente que muchas personas que nacieron en enclaves rurales de España, lo hicieron en la escasez. Ello suponía que los hombres salieran al alba a trabajar en el campo, bajo un sol abrasador, o bajo un frío que cortaba el aliento. Mientras tanto, muchas madres se encargaban de alimentar a sus hijos a base de guisos que hoy se han convertido en platos populares, como las migas o el gazpacho. Tras dejar a los niños en el colegio, ellas salían al campo y llevaban alimento a los suyos, compartiendo el pan bajo la sombra de un olivo. Al ponerse el sol, todos regresaban a casa agotados aunque satisfechos, ya que la jornada lograba sostener a sus familias.

Pese a todo, esas vidas se han guardado como tesoros, ya que el salto de esos años a la actualidad no ha sido tan inmenso como los cambios ocasionados entre nosotros y nuestro entorno.

No podemos negar que hemos logrado dar pasos hacia la igualdad y hacia la libertad con respecto a hace décadas, sin embargo cuando miramos atrás, sentimos anhelo de la sencillez, del contacto directo, de celebraciones como bautizos o bodas sin ostentación, de la enseñanza de los más viejos, de niños jugando en la calle libremente o de la ausencia del mundo digital.

Lógicamente, las familias gitanas también han experimentado esos cambios veloces y también feroces. Los motivos han sido diversos en enclaves rurales y urbanos, sin olvidar los derechos alcanzados por la sociedad mayoritaria en una joven democracia.

En el pasado reciente, los miembros de aquellas familias vivieron junto a otras personas sin que su etnia fuera motivo de intranquilidad, aunque hubiera que luchar trabajando por subsistir y la vida no fuera fácil para nadie. Los gitanos convivieron con cierta normalidad en zonas muy humildes, algunas de ellas son ahora puntos emblemáticos de ciudades como Sevilla, Málaga, Granada, Cádiz y Córdoba.

El tiempo va pasando y las ciudades se han transformado, no obstante, sentimos el deseo de rescatar del pasado recuerdos que nos acercaron más a otros en una dura realidad.

El paso de los años pareciera más bien una espiral veloz y atroz, dando lugar a que entremos en una discusión confusa y extraña, ya que nos gustaría avanzar hacia lo positivo sin borrar nuestro arraigo. Si logramos avanzar, no perdamos el rumbo. En muchas ocasiones seguimos ignorando las similitudes y diferencias entre gitanos y no gitanos; la sospecha y la ignorancia han sido mutuos y prolongan la desconfianza, pero ¿por qué no detenernos a reflexionar? ¿Es más fácil detectar lo molesto?

Si lo hacemos, descubriremos que el caso de España es considerado un ejemplo de la integración de gitanos en la sociedad. Entre todos hemos dado más pasos en los últimos treinta años que en cinco siglos de asentamiento. Desde Europa se nos observa con cierta curiosidad, ya que grandes grupos de gitanos están siendo expulsados desde Italia y Francia.

Avanzar no significa que los años pasen sin más, los jóvenes romá son los encargados de seguir dando pasos hacia una igualdad real, sin tópicos victimistas. El hombre retoma episodios relacionados con el temor y la desconfianza, olvidando su ayer y obligándole a desaprovechar lo que aprendió siendo niño.

Editorial del Nº3. Invierno de 2015.
Por Mariola Cobo Cuenca.