Las gitanas y sus oficios en la Edad Moderna

En nuestro nuevo artículo de historia pretendemos acercarnos a los oficios que la población gitana desempeñó durante la Edad Moderna en España, y más concretamente los que ocuparon las mujeres gitanas entre los siglos XVII y XVIII.

Comadronas desinfectando paños. Extraído de «Enterradme de pie. La odisea de los gitanos», I. Fonseca.

Comadronas desinfectando paños. Extraído de «Enterradme de pie. La odisea de los gitanos», I. Fonseca.

A la llegada del pueblo gitano a España la sociedad dominante estaba estructurada en un sistema estamental heredado de época altomedieval. Esto implicaba que según el grupo social de pertenencia familiar cada persona tuviera asignada una función social marcada desde el nacimiento.

Los tres estamentos existentes eran la nobleza, el clero y el pueblo llano. Por un lado, los nobles copaban los cargos de gobierno, pero también hacían carrera eclesiástica los hijos segundones de cada familia noble para ocupar los altos cargos de la jerarquía de la Iglesia, como eran los de obispo, cardenal o abad. Por otro lado, el pueblo llano se repartía los diferentes oficios de artesano, campesino y comerciante, siendo los hijos segundones los que ingresaban en el bajo clero, bien como sacerdote o bien como monje.

En este contexto, las personas gitanas que llegaron a la Península Ibérica tuvieron que dedicarse a los oficios que les fue posible dentro del pueblo llano o también llamado «tercer estado». Sin embargo, entrar en ciertos sectores económicos como el del artesanado en las ciudades de la Edad Moderna no fue tarea fácil, puesto que el sistema de gremios muy asentado desde la Baja Edad Media suponía una limitación a la hora de ejercer libremente una profesión. Así, el sistema gremial establecía un control de la producción, los medios de producción y la mano de obra. Por lo tanto, para poder ejercer una profesión había que entrar como aprendiz en un taller, más tarde pasar a rango de oficial, para finalmente poder acceder a un puesto de maestro y tener taller propio, previo examen de obra maestra. Esto propiciaba que la entrada de trabajadores recién llegados dependiese del interés de los componentes de cada gremio.

Esta dificultad de inserción en España también queda patente en los gremios con la fundación de hermandades de ayuda mutua asociadas al catolicismo. En ellas existía una suerte de solidaridad de grupo, pero que excluía a todos aquellos que no pertenecían al mismo. En consecuencia las personas gitanas no tuvieron permitido el acceso a estas hermandades, de ahí la fundación de hermandades exclusivamente compuestas por gitanos allá donde el número de ellos era más elevado. Un claro ejemplo de ello son las hermandades de gitanos que han perdurado hasta la actualidad en Sevilla, Jerez o Granada. En una sociedad aristocrática, estamental y gremial los grupos sociales eran muy herméticos y cerrados, poco permeables a la incorporación de nuevos miembros. Por tanto, el surgimiento de una hermandad de carácter étnico era la solución para la integración de las minorías en la sociedad mayoritaria.

Sin embargo, a pesar de las limitaciones del sistema gremial muchas familias gitanas lograron asentarse como artesanos en las ciudades de España a partir de su llegada en el XV. Así, en la caso de Sevilla destacaron dentro del gremio de los herreros, quizá porque dicho gremio todavía no estaba muy organizado a su llegada. También en el reino de Valencia encontramos cesteros, alarifes y alpargateros. Por otra parte, también lograron desempeñar trabajos dentro del campesinado como jornaleros, arrieros y esquiladores. Y dentro del comercio destacaron en la compra y venta de caballerías, aunque también hubo vendedores de especies y de pañuelos.

Todos estos oficios que hemos nombrado fueron ocupados por los hombres. No es de extrañar en una sociedad androcentrista donde el papel de la mujer estuvo reducido a la crianza y el hogar. En este sentido, el censo realizado por Carlos III en 1785 ilustra una aportación escasa o nula de la mujer gitana en el ámbito laboral. Así, en el caso de Guadix, se señala tan solo una mujer gitana que trabaja en la herrería de su padre entre un total de 175 habitantes gitanos.

Sin embargo, al margen de los datos oficiales se sabe que entre las mujeres gitanas muchas de ellas compaginaron estas funciones que la sociedad les imponía con otros trabajos que les permitieran conseguir ingresos adicionales para el grupo familiar. Así, las gitanas ejercieron oficios como los de hilandera, comadrona, matrona y ditera.

El trabajo de ditera supuso una solución para muchas familias, tanto de castellanos viejos como de castellanos nuevos, que no podían financiar la compra de cosas básicas. En un sistema de vida donde el crédito era muy escaso para la población las mujeres gitanas desempeñaron un papel clave permitiendo los pagos a plazo en la compra-venta de productos. La venta a dita o crédito en pequeñas cantidades fijadas por ellas o el cliente fue un sistema que denotaba una gran capacidad para el comercio y los negocios.

De los tres trabajos que hemos mencionado, cabe analizar los dos primeros desde una perspectiva de género. Estos trabajos tienen un marcado carácter femenino por el rol que la sociedad les tenía asignado, ya que son trabajos que sólo podían ejercer mujeres. Por ejemplo, hilar era un empleo que iba ligado a la misma función que la mujer desempeñaba en su hogar, por lo tanto estos conocimientos eran exclusivos de las mujeres. Un caso de este tipo fue el de Isabel Fernández, que tenía 36 años y vivía en Huétor Tájar (Granada) dedicada a coser y lavar ropa, casada con Gabriel Martín, aplicado a labores del campo.

Con respecto a las comadres y matronas la propia feminidad del trabajo realizado nos ayuda a entender los argumentos que estamos dando. Un ejemplo de este tipo fue el de Sebastiana Fernández de 70 años que vivía en Frigiliana (Málaga), cuyo oficio era comadre de parir. Por otra parte, este tipo de trabajo estaba asociado a la crianza y el nacimiento, por lo que no es de extrañar el papel desempeñado por la mujer gitana, sobre todo si tenemos en cuenta el valor dado por la cultura gitana a la familia extensa. En relación con esto está también la longevidad de las comadres, cuyos conocimientos se basaban en su larga trayectoria dedicada a la función reproductiva. Por tanto, debe ponerse en valor la labor que la mujer gitana llevó a cabo debido a su amplia experiencia en este campo, el de la maternidad.

Por Fernando Jiménez Carpio.


Bibliografía:

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