Dolores García Moya

entrevista-interior

Dolores García nació en Linares, Jaén, su inconfundible acento así lo desvela… Según ella, ha tenido una vida feliz a pesar del vaivén de décadas absolutamente duras, donde la desigualdad y la pobreza han sido más que evidentes. Ella sonríe a la vez que las lágrimas recorren sus mejillas, sin embargo describe las diferentes etapas de su vida con mucha más satisfacción que desconsuelo. Durante su vida, Dolores ha recorrido multitud de ciudades y pueblos de España debido a que vistió los hábitos de monja durante 18 años. Actualmente convive junto a dos de sus hijos entre Algeciras y Sevilla.

¿Dolores, cuándo nació?
El 20 de julio de 1926 en Linares, Jaen. Mis padres eran de allí; éramos cinco niñas y dos niños. Yo soy la más pequeña.

¿A qué se dedicaron sus padres?
Mi madre era vendedora de telas e iba vendiendo por las casas de Linares, Lucena y Sevilla y mi padre era tratante de bestias.

¿Qué recuerda de su juventud?
Fui monja desde muy joven y mi padre no quiso que lo fuera porque él no quería que yo me juntara con payos, sin embargo mi madre no. Mi madre era una gitana que lo mismo trataba al payo que al gitano, la voz cantante la tenía ella en nuestra vida. Con el tiempo ellos se separaron porque no se llevaban bien, él era un verdugo y ella era muy buena. Él era muy racista, no quería ver a los payos ni benditos; a una hermana mía le dió con un palo en la cabeza porque la vió hablando con un castellano, por eso aquella hermana no quiso ver a un gitano ni confitao en oro. Ella se casó con un payo y no ha probao un gitano. Por miedo a que yo tuviera problemas, me cambió el apellido Maya por el apellido Moya, porque decía que Maya era muy gitano. Ojalá dure muchos años en el cementerio el panteón Maya, allí no hay ningún Moya; el único Moya que hay soy yo. Yo quiero ir con mi madre y allí volveré a ser una Maya, como en mi origen. Ella fue una santa, cuidó de sus hijos y de sus nietos siempre, si había un pastel lo guardaba para todos, yo en eso me parezco mucho a ella…

¿Fuiste al colegio?
No, en esa época no se veían muchas niñas y menos niñas gitanas yendo al colegio, ¡imagina cómo era un pueblo de Jaén en los años 20 y en los años 30!

¿Qué nos contaría de su etapa como monja?
De monja aprendí a leer y escribir, a cocinar, a planchar, cogía limones con las demás monjas… Un día le pedí a una monja el favor de que le escribiera una carta a mi madre porque yo estaba muy contenta de comer cuatro veces al día, ella, riéndose me preguntó la causa y yo le respondí que en mi casa solo se comía una vez al día. En Alcantarilla, Murcia, en Córdoba, Madrid, en Granada y en más lugares de España. Los votos del noviciado eran pobreza, castidad y obediencia.

¿Por qué motivos salió del convento?
Porque mi madre estaba enferma y le pedí permiso a la madre superiora. Cuando llegué al pueblo, los vecinos me dijeron que mi familia se había marchado a Lucena, en Córdoba. Cuando llegué, encontré a mi padre viviendo solo en un cuartillo muy sucio, lo limpié y estuve unos días con él. Un día le pregunté: «¿por qué estás solo?» Él me dijo: «porque tu madre me ha dejado, pero tú no me dejes solo, por favor…» Le dije que debía ir a ver a mi madre pero que yo volvería a buscarlo; tras ver a mis hermanas y a mi madre en Sevilla, ella no me dejó regresar y mi padre murió solo en Lucena.

¿Cuando conoció a su marido?
En Sevilla. Cuando regresé a buscar a mi madre y a mis hermanos Isabel, María, Rafael y Paca. Un día, mi marido, llamado Salvador, llamó a la puerta y preguntó por mi hermana Isabel, porque a ella le gustaba mucho el cante y el baile, y a Salvador le gustaba mucho una juerga… Él me preguntó que quién era yo, yo le dije mi nombre y que había regresado porque me había salido de monja.

¿Qué trabajos ha tenido en su vida?
Yo trabajé sirviendo en varias casas de señoritas y las comidas que sobraban en todas ellas se las llevaba a mis hermanas y a mi madre.

portada

¿En qué barrios ha vivido en Sevilla?
Primero vivimos en la Cava de los gitanos del barrio de Triana, donde vivían todos los gitanos; después nos dirigimos a unas casitas bajas en el Polígono San Pablo donde nació mi hijo Juanjo; los demás nacieron aquí en la barriada de La Paz: Fali, la Nena, Salvador y Ramón el Nene.

¿Por qué razón no ha cambiado el apellido Moya por su apellido real, Maya?
Al ser canastero , mi padre no era aceptado en el Registro Civil, por eso a muchos nunca se los llevaron a la Guerra Civil, porque no rezaban en el mundo. En esa época entraban en las casas y se los llevaban, pero como no rezaban en el Registro Civil, pues no se los llevaron. Yo me hice el carnet en los años 60, los años que tienen las Tres Mil Viviendas; ahí es cuando mi hermana María vivía en la calle Feria; ella me dijo que cambiáramos mi apellido porque decía que Maya era muy gitano, yo pues le hice caso y creí lo que ella me había dicho; la verdad es que nunca he ido a corregirlo y la vida ha ido pasando porque tenía muchas más cosas importantes y urgentes que hacer. Yo siempre fui Maya, no Moya.

¿Cómo describiría su boda?
Me casé por el rito gitano. Mi marido me dijo «yo quiero una mocita», y yo le dije «pues yo soy mocita», y al mes y diez días de habernos conocido nos casamos, ¡así fue! Todo aquel que entiende de pañuelos conoce a la Tía Mona, ella fue la que me lo hizo; además me dolió, yo tenía treinta y cinco años y ya me costó más… Mi marido ha sido bueno conmigo, Dios lo sabe, cantábamos muchas canciones y bailábamos, él cocinaba bien, hemos vivido muy bien. Yo no tengo queja de él, todos mis niños han ido al colegio, todos saben leer y escribir.

¿Qué letras recuerda de las canciones que ha cantado durante su vida?
Yo he estado mucho con mi madre, con ella he cantado mucho, he sido la más chica y siempre iba con ella; además, mi padre siempre cantaba conmigo en la Nochebuena. En el convento cantaba:

Salve madre
en la tierra de mis amores,
te saludan los campos
y hacia el amor,
reina de nuestra almas,
flor de las flores,
muestra aquí de tu Gloria,
los resplandores,
que en el cielo tan solo
se te ama mejor,
Virgen santa,
Virgen pura.

Y ya junto a mi familia, en las fiestas, cantábamos:

Esta rubia panaera
que con la calor del horno,
se está quedando morena.
No me mires malamente,
no me mires malamente,
que yo no tengo la culpa,
que no me quiera tu gente.

Por la calle abajito,
va quien yo quiero,
no se le ve la cara
con el sombrero.

Si vas por la carretera,
si vas por la carretera,
vi a tu padre y a tu madre
y a toa tu familia entera.

Por Mariola Cobo Cuenca.


Fotografías: Luismi Zapata (proyectos@luismizapata.com)