Écija y yo

Écija, he querido hacerte un pequeño prólogo pero al describirte, al decir lo que pienso de ti, sin querer me he metido dentro. He querido besar tu cara, arroparme con tu Genil y tus torres, saborear una vez más ese orgullo que llevo dentro, pero imposible, he querido pero… no he podido. Está tan ligada mi vida a ti; y tan en mis adentros, que me acuerdo de muchas cosas cuando digo tu nombre.

He querido llenarme de ti, y sin quererlo he contado mi vida desde pequeñita, porque en ti abrí mis ojos… y ya me he ido. Dejarte atrás ha sido muy difícil, pero tenía que vivir esa vida que todos llevamos dentro. Hoy te invoco, te invito a que una vez más estés conmigo, aunque sea a través de unos versos.

Cuando abrí los ojos
por primera vez
vi Écija.
Me acunaban once torres
y un sol glorioso y espléndido,
calentaba mi piel suave
y mis primeros lloros.
Mi madre dice que yo era muy blanca,
y delante de mi puerta se oía
un grito profundo y hondo de saeta
que salían de una garganta gitana.
En aquel dia abrileño
cuando el Cristo de la sangre
daba sus últimos suspiros
y la Virgen de los Dolores
sufría sin consuelo
al ver morir a su hijo.
El pueblo entero
agonizaba en silencio
¡cuando tú morías Señor,
salí del vientre de mi madre!
Écija y la primavera, una cuarta hija,
en mi casa
y en aquellos años sesenta
envuelta en primaveras, dolor, y saeta
acurrucada a mi madre
tuve el orgullo
de bordar en mis carnes
el ser ecijana.
Fui a la escuela
como cualquier niña,
y sufrí en mi alma
el repudio, y la desdicha,
porque mi color era moreno.
Supe que no jugaría a la comba conmigo
y de aquel sentimiento
¡me acordaré mientras viva!
culpar a unos niños
es cosa absurda
¿pero aquella maestra?,
¿y aquel cura
que también me despreció?
Así crecí, abrumada,
sin saber si era bueno o malo
ser gitana.
Despertaba a la vida
me obstaculizaban
y tenía muchas barreras ante mí.
Entonces con mis once años
quise escribir y decir lo que pensaba
y lo hice.
Pasó el tiempo,
sólo con quince años conocí a Manuel
y doliéndome mucho
dejé mi familia, aquel instituto, mi pueblo.
Palma del río me llamó
y con sólo dieciocho abriles
aquí me vine, aquí sigo,
hoy a la asunción le digo piropos,
a la Virgen del Belén mi patrona,
y a esos dos ríos que me cercan,
que me cobijen.
Allí quedó mi Écija,
y en estos días
cuando la navidad va asomándose
a las puertas del invierno,
me acuerdo de todo aquello.
Pido un pedacito de aquel cielo
envuelto en una nube de ilusión,
añoro tus cosas, mis gentes,
pero aquí ya he echado raíces;
he cubierto mis ansias
y tengo lo que quiero.
Écija, para mí tanto,
allí correteaba por mi cuesta
de mi casa vieja
y anduve quizás entre tinieblas.
Quería alcanzar el infinito
luchar por algo grande,
hoy lo tengo,
mis hijos y mi marido,
mi libro y mi baile.
Cuando abrí los ojos por primera vez
vi Écija, ¡dichosos mis ojos!

Por Paca Torres.


Paca Torres nació en Ecija, Sevilla. Ha publicado dos libros: «Verde y azul», en 1988, el primer libro escrito en España por una poeta gitana; y «La libertad de una mujer gitana», en 2013. Articulista, rapsoda. Rebelde e inconformista. Mujer comprometida con el Pueblo gitano