Fundación Alalá

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Fomentando el flamenco desde las asociaciones

«En este barrio las cosas funcionan con el boca a boca», nos cuenta sonriendo Blanca Parejo, la directora de la Fundación Alalá (Tres Mil Viviendas) y cantante del grupo Los Seventies. Junto a personas comprometidas, ha formado una escuela de arte flamenco para niños en el barrio del Polígono Sur de Sevilla que atrae a muchas familias cada semana. Los niños y sus padres llegan con ganas de aprovechar la posibilidad de aprender cante, guitarra, baile y percusión con buenos maestros sin pagar los altos precios de otras academias de flamenco en la ciudad.

Más que un proyecto de formación en el arte, la Fundación Alalá es un proyecto social que beneficia a las familias para un futuro más prometedor.

Los niños crecen en un espacio de arte de un barrio que ha dado grandes maestros flamencos. El flamenco forma parte de su día a día y es una fuente de alegría y compañerismo. Sin embargo hay que estudiarlo con un gran esfuerzo para conseguir una carrera profesional. La clave es la continuidad.

«Nuestro objetivo es que a través del arte aprendan valores importantes como la paciencia, el respeto y un tratamiento cariñoso hacia las personas», dice Emilio Caracafé, un guitarrista conocido que vive en el barrio desde hace 35 años. Se acuerda muy bien de como él mismo se revolcaba al suelo con siete años, llorando y pidiendo que su padre le comprara una guitarra. Emilio es el mediano de diez hermanos perteneciente a una familia gitana humilde y trabajadora a la que le costó estudiar el flamenco en las calles, teniendo que luchar para realizarse en una vida dedicada a su pasión artística; una experiencia que quiere evitar a sus alumnos.

Para ello empezó a trabajar en el barrio, de esta manera formó una asociación que fue financiada en su mayor parte con fondos privados a través de la Fundación Konnecta, una iniciativa de gran impacto social para potenciar en niños de etnia gitana del Polígono Sur, hábitos, disciplina y valores trabajando coordinadamente con los colegios. Alalá tiene muchos amigos que la apoyan regularmente, como el torero Curro Romero o el bailaor Juan de Juan, que a veces visitan las clases para demostrar su estimación por estos niños. El Ayuntamiento de Sevilla dispone de aulas y oficinas en el Centro Cívico El Esqueleto, así la Asociación realiza actividades por la tarde que incluyen el apoyo escolar, cursos profesionales y deportes.

Su directora, Blanca, describe que «la escuela funciona como herramienta de aprendizaje para que los niños tengan la capacidad de elegir su futuro, ya sea dentro del mundo del flamenco o no, si se sienten seguros ya sea bailando, cantando o realizando otra actividad, ya que serán capaces de enfrentarse a cualquier otra cosa que se propongan».

Alalá es una familia, un punto de encuentro y compañerismo. Su equipo consiste de artistas y trabajadores sociales y culturales, muchas veces siendo una sola persona. Les une la afición por el flamenco y el cariño por los niños.

«A la hora de sentir y de pensar, los niños de aquí son más libres, más naturales» nos dice El Pechuga, cantaor de Triana y reciente profesor en Alalá. Cuando él era más joven, fue el niño de los maestros. En las clases veía que los niños tenían mucho talento, pero lo que les faltaba era la educación. Él creció en San Juan de Aznalfarache, un pueblo de Sevilla que, en su opinión, poseía aspectos parecidos al barrio de las Tres Mil Viviendas, por ello se sentía muy identificado con sus alumnos. El cantaor nos cuenta que sus padres nunca le obligaron a quedarse en casa y muy joven iba al barrio de Triana, ya fuera en bus o andando. «Eso es la afición» dice sonriendo; allí escuchaba a los maestros, que se reunían tras el trabajo. Ellos le dieron el apoyo que necesitaba para conseguirlo y con quince años se dedicaba al flamenco puro.

Nos cuenta que «lo que él aprendió en cuatro días, los niños de Alalá pueden aprenderlo en uno sin dejar sus estudios»; ahora trabaja al lado de sus amigos, el percusionista Dr. Keli y Emilio Caracafé como profesionales de gran entendimiento.

Según palabras de Emilio, «el flamenco toca los corazones de los niños y así se descubren los problemas de cada uno y el día a día de las familias, pero para realizar la visión de un lugar y las posibilidades de cada uno para elegir su futuro dentro o fuera del barrio, tiene que existir también la confianza de sus padres». Para conseguirlo, deciden reunirse para trabajar la integración de los niños en la escuela; proyectos sociales o beneficiarios especialmente dedicado a padres, reuniones regulares y clases de baile para las madres. De este modo, pasito a pasito, han permitido que sus hijos participen en excursiones y actuaciones fuera del barrio.

La fundación espera que los niños también trasladen sus experiencias personales de las clases a sus hogares en forma de educación, «¿cómo puede una persona respetar a otra cuando en su propia familia no la valoran y no enseñan a un hijo a creer en sí
mismo?» se pregunta Pedro de La Cruz Flores, hijo de una familia gitana y del artista Manuel Lele de la Cruz, una figura importante en el día a día de Alalá; con su mujer y dos hijos vive en las Ochocientas Viviendas, como vecino de muchos de los alumnos, de vez en cuando acompaña a algunos de sus alumnos a sus hogares.

La Toromba es un ejemplo para nosotros por su forma de bailar, y además «es muy buena persona», relatan Esther y Saray, dos primas del barrio y alumnas emocionadas por el baile. La Toromba conoce a la mayoría de las mujeres y niñas desde hace muchos años, ellas comparten mucho más que las clases de baile; con la confianza que tiene en ellas, intenta enseñarles a perder la vergüenza y tener confianza en sí mismas. Ella disfruta de su trabajo en un ambiente muy gitano, «el gitano se levanta cantando, todo lo que veo en esta etnia, la lágrima o la alegría, todo lo acaban bailando y cantando». A su clase de baile vienen tanto gitanas como payas. «Soy yo que lo enseño, pero son ellas son las que lo llevan. Yo deseo que ellas estudien y disfruten de los varios colores de la vida». Como ella misma, muchas mujeres jóvenes tienen que elegir entre la vida de ser madre o una carrera artística, especialmente en el caso de las niñas gitanas de las Tres Mil.

Con respecto a la transmisión del arte flamenco entre las familias, se están consiguiendo dar pasos hacia adelante, en este aspecto la Fundación Alalá es un gran avance, especialmente para los niños del Polígono Sur. Sin embargo, no debemos olvidar que es fundamental un acceso asequible y efectivo para conseguir una formación profesional y pública para todos.

Por Martina Maria Helmke.


Martina es estudiante de Antropología Cultural en Hamburgo, Alemania. Para su tesis realiza una investigación en el barrio del Polígono Sur de Sevilla.