La afirmación de Malala

tavora

Existen pocas armas en el mundo
tan poderosas como una niña
con un libro en las manos.
Malala Yousafzai.

Esta rotunda afirmación de Malala, Premio Nobel de la Paz, va dirigida a todas las mujeres del mundo, a todos los pueblos, a todas las etnias, a la gitana también, porque es parte de este planeta al que pertenecemos todos. Ninguna etnia es ni especial ni distinta y las únicas diferencias son culturales, económicas y sociales circunstancias externas a los seres humanos.

Las mujeres desde hace siglos han sido las más perjudicadas y con menos derecho a la educación. En España ese derecho es para todas ¿por qué entonces ese desfase con las mujeres gitanas?

Hace décadas que la mujer gitana se enfrentó a quien las relegaba, y relega, a un plano subordinado y carente de protagonismo social. Con la mujer gitana no está pasando lo que pasó con las no gitanas, también relegadas a un segundo plano del que tienen que seguir saliendo con escaso protagonismo real, trabajando doble y teniendo que demostrar siempre que poseen las mismas capacidades que el género masculino.

¿Quién no recuerda a las abuelas que no podían vestir como querían, ni salir sin los maridos, ni tener nada propio sin la firma masculina, ni derecho al voto, ni a la educación?

Cuando queremos distinguir lo que pasa con las mujeres de etnia gitana con las mujeres no gitanas, a menos que recurramos a lugares comunes y con tintes tópicos, no encontraremos mucha diferencia a menos que hagamos un desplazamiento temporal: unas comenzaron a luchar antes y las otras después por una doble marginación, y no deja de ser la misma lucha de mujeres ante un grupo que las margina y les niega el derecho a ser, excusándose en costumbres y tradiciones. Y esta lucha comienza como todas: con las mujeres gitanas que tuvieron acceso a la educación. Ellas fueron, y son, el motor que tira de las demás.

En las mujeres gitanas menos formadas hay una idea arraigada: la de creer que la educación las despoja del hecho de ser gitanas, es decir, es menos gitana la mujer que más preparada esté, la que no sigue las reglas de su comunidad, reglas, como siempre, hechas por hombres.

Las etnias minoritarias tienen una responsabilidad y un instinto de supervivencia para no diluirse en medio de una globalización que desarraiga y desvincula. Sentirse gitano o gitana es un sentimiento que sirve de arma para combatirla aunque sea inconscientemente. Esta responsabilidad de supervivencia se confunde con acceder o no a la educación creyendo en sectores gitanos muy marginales que la educación apaya sin valorar que las consecuencias no son apayarse sino alienarse y autoexcluirse y ser dependientes del marido, los hijos y la incultura.

Las mujeres que hemos vivido con familias mezcladas como la mayoría en Andalucía (me gustaría saber quién queda en estado de pura sangre en estas tierras), hemos accedido a la los colegios de nuestros barrios obreros; las que hemos querido llegar a la universidad sabemos que mientras más sabes, mientras mejor preparada estás, más orgullosa te muestras de tu cultura y menos posibilidades de que la manipulen o te manipulen.

La identidad y el sentimiento de pertenencia a un pueblo, cuando se tiene, no se pierde y éste, al contrario de lo que se cree, crece con la educación. Puedes sentirte gitana siendo farmacéutica, doctora, abogada, artista, política, profesora, enfermera, investigadora.

En Andalucía la convivencia entre gitanos y no gitanos en barrios normalizados son testigos de esta convivencia y las gitanas realizan su trabajo como las demás. En los barrios marginales, la mujer gitana lo tiene más difícil, aún así, están sabiendo deshacerse de cadenas y liderando el cambio, a veces a costa de desprecios y oposición familiar, pero no renuncian a ser gitanas capacitadas para llevar las riendas de su vida, ni a su cultura ni a sus costumbres, y si ellas no pueden, deben darle el arma a sus hijas para que sean las gitanas que la etnia merece: las que tienen un libro en las manos.

Por Pilar Távora.


Pilar Távora nació en el Cerro del Águila, Sevilla. Es guionista, directora y productora de cine y teatro. Estudió Psicología en la Universidad de Sevilla.