La Alhambra romántica y el mestizaje gitano-morisco

Mariano Fernández Santiago (1824-1906), conocido como Chorrojumo, solía decir que era «el príncipe de los gitanos granadinos». Fue fotografiado a cambio de unas monedas por los turistas románticos. Su fama nació como proyecto pictórico de Mariano Fortuny.

Mariano Fernández Santiago (1824-1906), conocido como Chorrojumo, solía decir que era «el príncipe de los gitanos granadinos». Fue fotografiado a cambio de unas monedas por los turistas románticos. Su fama nació como proyecto pictórico de Mariano Fortuny.

Durante siglos, Estado e Iglesia, a través de la Santa Inquisición, veló por la conversión de judíos y musulmanes amenazándoles con tormentos y sin piedad. Un instrumento político e ideológico creado para lograr la uniformidad. Pero, no menos fue la etnia gitana con la cual se intentó también acabar mediante leyes, pragmáticas, disposiciones reales y el genocidio gitano conocido como la gran redada de 1749 o Prisión general de los Gitanos. En 1765, los gitanos que sobrevivieron, fueron puestos en libertad distribuyéndose por toda España y volviendo nuevamente a sus zonas.

A principios del siglo XVIII empezó a impulsarse un orientalismo español moderno. Mientras que con Fernando VI se comenzaron las primeras excavaciones arqueológicas en la Alhambra, con Carlos III, la corte de este se llenó de sacerdotes maronitas libaneses con el fin de ser traductores de cuantos documentos existían (1).

Granada, último reducto musulmán de la Península Ibérica, con el Romanticismo, se convierte en la ciudad más islamizada de Europa siendo un punto de referencia y encuentro de escritores, artistas y músicos así como punto de interés de numerosos viajeros que recogían sus sentimientos, vivencias y sus conocimientos a través de diferentes géneros literarios. Granada fue uno de los escenarios más sugestivos para la imaginación romántica: un lugar de tertulias literarias, culturales y artísticas donde se buscaba la recuperación de lo perdido. Basta acercarse a las visiones orientales de Ingres y Delacroix, o de los españoles Fortuny, Rosales o Villaamil, para apreciar la dimensión plástica que los relatos de los viajeros románticos confieren a la ciudad más islamizada de Europa (2).

La Alhambra quedó, tras el abandono de esta por parte de las tropas francesas, en un lugar bastante deteriorado. Se anunciaba su ruina total que fue acelerada años posteriores debido a falta de recursos, mala administración y dejadez de la Corona. Théophile Guatier, poeta, dramaturgo y novelista francés hacía una crítica a los primeros intentos de la restauración del edificio donde sus habitantes, gitanos, habían encalado sus paredes.

Durante los años 30 del S. XIX comenzó a existir una revolución de viajeros que perfilaron la imagen de Granada. En 1828, el escritor y viajero Irving, W., en una carta enviada al editor de The Knickerbocker, describe las fiestas más importantes de la ciudad así como las de localidades que celebraban fiestas de moros y cristianos. Según González Alcantud, J.A. (3):

Del día de la Toma, el dos de enero, informa Irving que en esa fecha «la Alhambra está abierta al público», y que «en las salas y patios de los monarcas moros resuenan las guitarras y las castañuelas, y alegres grupos, con sus encantadores vestidos andaluces, realizan danzas populares que han heredado de los moros», es decir, las célebres zambras moriscas, acogidas y transformadas por los gitanos granadinos. Existía, apreciaba nuestro autor, un continuum entre el pasado y el presente. Continuidad que adquiere dimensión popular en la recreación teatral del «Triunfo del Ave María», una suerte de comedia de moros y cristianos representada en la ciudad de Granada. (…) La popularidad del «Triunfo del Ave María», celebrada con motivo de la toma de la capital nazarí, la expresa así: «Es extremadamente popular entre el pueblo».(…) Irving pone la representación en relación, en carta fechada en Granada, con las fiestas de moros y cristianos celebradas en los pueblos de la montaña granadina.

En 1844, se comenzó la primera fase de reconstrucción de los edificios de la Alhambra pues, desde la estancia de las tropas francesas de Sebastiani, el estado de los edificios de la Alhambra habían llegado a un deterioro bastante preocupante.

Si se me preguntara, en el puro aspecto plástico y sin tener en cuenta la conservación del monumento, qué inquilinos de los que la Alhambra ha tenido desde entonces casaban mejor con ella, no vacilaría en responder para entendernos, aunque la denominación fuese impropia: los gitanos. Es decir, las gentes humildes que la habitaban en los tiempos de Washington Irving, y que éste ha descrito. Yo prefiero, plásticamente, a todas las otras la Alhambra campamento del pueblo, que pintan los grabados extranjeros del 800, cuando entre las yeserías ahumadas y los azulejos desportillados, pasean la pana verde, la basquiña roja, la manta alpujarreña y el catite. (4)

Resulta curioso que, en las salas y patios de monarcas moros, los gitanos hicieran resonar guitarras y castañuelas haciendo danzas populares herederas de los moros el día 2 de enero (día de la Toma) y ser, la Alhambra, lugar que frecuentaban e incluso vivían. ¿No existiría dentro de la mentalidad colectiva del mestizaje gitano-morisco el mantener y seguir yendo al palacio de sus antepasados en su honor y recuerdo de los años gloriosos vividos del antiguo reino nazarí? Remontándonos siglos atrás, desde el año 1500 aproximadamente hasta 1560, la vida en tierras del Reino de Granada transcurrió dentro de un régimen de tensión. Dos nuevos intentos fallidos —1516 y 1526— por desarticular la vida morisca provocan el desaliento de la comunidad y la animan a buscar otros aliados bajo cuyo amparo puedan asegurar su libre existencia.

Ocho años antes, en 1492, una nueva etnia, la gitana, llega a Granada «acompañando a los ejércitos y ejerciendo como forjadores de armamento y cuidadores de animales. Se aposentaron en los barrios de Rabadasif y Xarea ocupados por los moriscos, a extramuros y en el extremo del Albaicín, donde la muralla de La Alcazaba cortaba con la de la ciudad, en las cercanías de la mezquita que se bendijo en 1501 como iglesia de San Ildefonso. En este templo parroquial se conservan las anotaciones de bautismos y bodas de sus feligreses desde 1518, y son frecuentes las referencias con nombres moriscos de cristianos nuevos y nombres calés de castellanos nuevos. En estos barrios de cuevas, hoy llamados Cuesta de San Cristóbal y Cuesta de la Alhacaba, convivieron árabes y gitanos(…). Los gitanos y moriscos mezclaron su sangre uniéndose en matrimonio por tener la piel morena y ser parecidos en sus costumbres, en sus músicas, sus bailes y cantes». (5)

Hoy día, frente a la majestuosa Alhambra, en la zona oriental de la capital granadina, se halla el pintoresco e idílico barrio del Sacromonte, tradicional arrabal de los gitanos donde, todo viajero contemporáneo, no solo disfrutará de unas espectaculares vistas sino también podrá, en su caminar, escuchar las castañuelas, guitarras, cantos, zapateados y bailes e impresionarse con espectáculos de flamenco: un estilo de música y danza propio de Andalucía, Extremadura y Murcia que, a pesar de encontrarnos en él influencias de culturas muy diversas, existen investigaciones que plantean como hipótesis su relación con la música andalusí.

Mirar hacia el pasado es fundamental para construir un presente y, por consiguiente, un futuro mejor donde, de acuerdo con los valores de la Constitución y asentándonos en el respeto de los derechos y libertades reconocidos en ella, encontremos la equidad, que garantice la igualdad de oportunidades, la inclusión educativa de todos los niños y niñas y la no discriminación y actúe como elemento compensador de las desigualdades personales, culturales, económicas y sociales. En este sentido, desde el respeto, la igualdad, la tolerancia y solidaridad entre diferentes etnias deberá construirse un estado donde la multi e interculturalidad sea una realidad. Granada es un ejemplo de ello.

 

Por Miguel Ángel Martínez Pozo (6).

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1.- MARTÍNEZ POZO, M.A.: Moros y cristianos en el mediterráneo español. Antropología, educación, historia y valores. Editorial Gami. Granada, 2015.

2.- VIÑEZ MILLET, C.: Granada y Marruecos. Arabismo y africanismo en la cultura granadina. El Legado Andalusí. Granada, 1995. p. 68.

3.- GONZÁLEZ ALCANTUD, J.A.: El mito de Al Andalus. Origen y actualidad de una idea cultural. Almuzara. Córdoba, 2014. p. 128-129.

4.- GARCÍA GÓMEZ, E.: Releyendo a Washington Irving. Silla del moro y nuevas escenas andaluzas. Buenos Aires,1954. p. 23.

5.- ALBAICÍN, C.: Zambras de Granada y flamencos del Sacromonte. Una historia flamenca en Granada. Almuzara. Córdoba, 2011 p.18

6.- Miguel Ángel (Benamaurel, Granada) es diplomado en Magisterio por la especialidad de educación musical en la Universidad de Granada obteniendo el Premio Extraordinario Fin de Carrera, Máster en Investigación en Artes, música y educación estética y Doctor en Humanidades y Ciencias Sociales por la Universidad de Jaén.