María Dolores Flores García, buñolera en la Feria de Abril de Sevilla

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¿Cómo llegó a dedicarse al arte de los buñuelos?

Mi padre era tratante de bestias, pelaba bestias, hacía canastas, mi madre iba a venderlas, nos íbamos al campo, etc. Él trabajaba en el campo y nosotros nos íbamos con él a arrancar rastrojos y malas hierbas. Cuando me quedé viuda, siendo vendedora ambulante, compré una furgoneta y me llevaba a mis hijos porque no tenía con quien dejarlos. Mi madre lo hacía todo por nosotros, así montó el puesto en la Feria de Sevilla, en el Prado de San Sebastián. Antes de que cambiaran la Feria de lugar, mi madre murió. Allí nos dieron una caseta y llevamos más de cuarenta años preparando buñuelos.

¿Les agrada preparar los buñuelos en los puestos de la Feria de Abril?

Sí. Empezamos dos semanas antes, a colocar el agua, la luz, las cortinas. Es algo que nos gusta. Es un trabajo, pero tenemos nuestros momentos buenos en los que cantamos, bailamos y estamos con tíos y primos que se acercan desde otros puestos. Se trabaja entre las tres de la tarde hasta las nueve de la mañana del día siguiente, después dormimos un rato y las niñas vuelven a prepararlos. Es un trabajo muy duro, pero llevamos muchos años. Todo el mundo entra a comer pasando un rato muy bueno, nosotras bailamos y cantamos y les ponemos copitas de anís. Se trabaja agustito, lo llevamos bien. Estamos acostumbradas, sabemos lo que tenemos que hacer y formamos una cadena. Los puestos son seis, al entrar, a la izquierda, tenemos el nuestro.

¿Podría describirnos su trabajo el resto del año?

Tenemos muchas bodas en las que trabajar, celebraciones, bautizos, comuniones, etc., también somos vendedores para vender a los mercadillos; yo cojo mi carro de la compra y les vendo cuatro cosas; lo que tenemos nos lo trabajamos, del sudor de nuestra frente. He educado a mis hijos para ser buenas personas. A mis niños no los cambio por nada, se han criado sin su padre y he sido madre y padre, me parece que todo ha ido por buen camino. Mis hijos han sido buenos y trabajadores y en eso siguen, trabajando. Yo me encargo de todo el tinglao de la feria sin ver muy bien, pero debo hacerlo. Coso las cortinas y las telas desde hace meses, estoy cansada; les digo a mis hijas que deben aprender, ellas me dicen «mama, tienes que estarte quieta», yo les digo «¿y si no lo hago yo, quién lo hará?». Me gusta lo que hago, si me pongo a hacer un traje, lo mismo hasta lo consigo, pero ¿para qué me voy a poner a ello? Me gusta hacer los delantales, ¡míralos! Si los encargara, ¡un dineral!, así que los hago y ahorramos.

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¿Puede contarnos a qué se dedican otros miembros de su familia? ¿Hay alguien más que realice este trabajo?

Yo tengo a mi hijo, Manuel, que también prepara buñuelos cuando se encarta. Ahora mismo cuando empiece la Feria, todos se vienen conmigo a prepararlos. Mi hijo Manuel a veces compra motos y las vende, buscándose la vida. Y Antonio se dedica a preparar buñuelos y comidas en los colegios, bodas, etc., él vive de eso. Siempre. Aunque la verdad es que no para y yo siempre le digo que no para: «niño esto, niño lo otro». Además también nos dedicamos a los buñuelos para la Romería del Rocío en Huelva, para las grandes hermandades. Tenemos una fama muy grande en el tema de la limpieza, quiero que se tomen unos buñuelos como si los tomáramos nosotros, lo que quiero para los míos los quiero para los demás, los paños que se quedan sucios o mojados, son para lavarlos. Como dice el refrán: pobre pero limpia. Yo quiero limpieza porque es muy importante. Desde mi bisabuela, se hacen los buñuelos, después mi madre. Los buñuelos se han hecho en mi familia desde siempre. Ahora los hacemos con carbón y antes con leña, porque no podíamos comprar carbón. Así metíamos los palitos en el fogón y los ricos se sentaban a comer buñuelos. Ellos pedían botellas de vino rico y de fino y se bebían tres botellas, después pedían aguardiente, en fin, no como ahora que tenemos una caseta en condiciones; antes solo teníamos cuatro palitos y cuatro telitas que eran nuestras casetas blancas, muy chiquetitas pero siempre muy limpias. Ahí se ponían las viejas a hacer los buñuelos en un perolito chico.

¿En qué otros lugares han vivido aparte del pueblo de Benacazón?

Cuando yo me casé vivía en Zalamea la Real y de Zalamea me vine a Almonte, mi marido era de allí, nacido y criado; como él era tratante, en este pueblecito era muy bien tratao. Después nos vinimos a Benacazón porque hacía muy buenas migas con todo el mundo. Aquí nos acogieron muy bien, la gente sabe como somos, gracias a Dios. Mi marido murió pronto y estuvo poco tiempo en el pueblo, a mí me han tratado siempre bien. En Almonte nacieron 4 de mis hijos y aquí me vine con 25 años, siendo una chiquilla. Me quedé sola, con una mano delante y otra detrás. Cuando hoy las mujeres se quedan viudas con un hijo, dicen dicen que no saben qué hacer, yo les digo que se pongan en mi lugar.

¿Cómo describiría el hecho de ser gitana?, ¿qué valores resaltaría del pueblo gitano?

Estoy muy orgullosa de ser gitana porque mis padres me han enseñado una enseñanza muy en condiciones, muy pobre, pero muy en condiciones. Mi padre era tratante, después de eso, fue corredor de casas, de fincas y de todo lo que podía hacer. Cuando no tenía trato, se iba a los cortijos, un cortijo es una hacienda, donde tienen una casa muy grande donde tienen a las bestias y al ganado, allí él pelaba a las bestias, burros, mulos, etc., y cuando no tenía para pelar, hacía canastos. Mi madre vendía esos canastos por los pueblos. Cuando no teníamos nada más, los señoritos nos daban una casa para ponernos a trabajar arrancando matas y dejábamos el campo limpio. Hambre no hemos pasado, pero sí necesidad. Nos pasábamos los zapatos de los mayores a los pequeños para no comprarlos. Cuando yo vivía en Zalamea, me iba a hacer camas y a limpiar, mis padres se iban a las ferias, a los tratos y yo me quedaba cuidando de todos mis hermanos pequeños, hasta que llegaba mi madre de trabajar en las ferias. Yo era la que iba a trabajar a esas casas para dar de comer a mis hermanos. Ahora vivimos repartidos por muchas zonas, tengo un hijo en Hinojos, otro en Villamanrique, otro en Umbrete y otro en Sevilla.

¿Cree que los gitanos han alcanzado mayor igualdad desde que usted era niña hasta la actualidad?

Sí, ha variado muchísimo, aunque la verdad es que las costumbres de los gitanos de mi época me gustan más que las de los gitanos de ahora. En el pasado, los gitanos que iban a la escuela eran contaos, porque los padres nos llevaban a trabajar con ellos. Hoy en día es diferente porque hay más de todo, abogados, médicos, maestros, estudiantes, etc. Yo tengo una nieta que es maestra y todos los demás están escolarizados, saben leer y escribir. Ahora todos tenemos una casita y antes no. De mi tiempo me quedo con que éramos más auténticos. Mi madre preparaba un potaje y todos compartíamos los platos porque no había platos para todos. Ahora, gitanos y no gitanos podemos elegir entre lo que queremos y no queremos comer.

¿Cree que los medios de comunicación ofrecen una imagen acertada de los gitanos?

A veces sí y a veces no. Antes, el casamiento de una gitana era una celebración con dos copas de vino y un potaje de garbanzos, eso es todo lo que había. Como no había otra posibilidad eso es lo que teníamos. Ahora los casamientos son diferentes. Nosotros no éramos así.

¿Considera que los propios gitanos pueden cambiar estereotipos, imágenes y comportamientos para integrarse?

Una gitana no puede enseñar tanta honradez, hablo a mi manera, lo siento.

¿Qué destacaría de su experiencia como mujer y como gitana?

La vida ya es de otra manera. Antiguamente no había posibilidad de llevar la casa, las mujeres mayores eran muy importantes; nosotras juntamos la noche y el día si nos lo proponemos. Los hombres de ahora son diferentes a los hombres del pasado, antes eran más formales. Lo que los hombres se proponían se hacía, ahora las decisiones no se cumplen. Antes se compartía mucho más que ahora, ahora lo que se gana es para uno, no para los demás: entre nosotros y entre ustedes también.

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Por Mariola Cobo Cuenca.


Fotografías:
Luismi Zapata (proyectos@luismizapata.com)