Arcos de la Frontera

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Arcos es un hermoso pueblo situado en la provincia de Cádiz. Existen indicios de sus primeros habitantes prehistóricos y romanos, siendo éstos últimos los que lo denominaron Arx-Arcis, fortaleza en altura. Sin embargo, es a la cultura musulmana a la que el pueblo debe en gran medida, la esencia y la fisonomía de muchos de sus rincones. Los musulmanes la denominaron Arkos y supieron disfrutar de este lugar único.
Bajo el dominio de Ben Jazrum en el siglo XI, llegó a ser un reino de Taifa y una ciudad próspera, en la que se levantó la muralla, se trazaron sus calles, aumentaron las viviendas, los patios, los molinos, se edificó el alcázar militar, etc.
Actualmente, muchas de las casas siguen conservando la peculiar estructura de aquel entonces, levantadas en torno a pequeños patios que poseían pozos de agua con la que se abastecían las familias, así como a la diversidad de plantas que embellecían, y continúan haciéndolo, en diversos rincones del lugar.
Las múltiples viviendas encaladas se encuentran sobre es un empinado cerro que deja al descubierto los matices amarillentos del subsuelo y a los pies de este gran pilar natural, luce esplendoroso el río Guadalete, rodeado de fértiles campiñas que se unen al vaporoso horizonte.
La localidad es célebre también por episodios sucedidos en el pasado, como el que sufrió el célebre bailaor Antonio el Bailarín, que fue encarcelado por un inoportuno «me cago en los muertos de Cristo» (…) durante el rodaje televisivo de El sombrero de tres picos y cuando faltaban tres años para la muerte de Franco.
José Manuel Flores Macías nos narra ahora su historia junto a la del del lugar del que procede…
Soy José Manuel Flores Macías y mi nombre flamenco es Titi Flores. Nací en 1976 en un pueblo arraigado en el carácter y personalidad de sus antepasados. Mi pueblo se llama Arcos de la Frontera y forma parte de la provincia de Cádiz. Mi padre se llama Francisco Flores Carles y mi madre María Josefa Macías Cardozo. Como hijos de este pueblo, se han criado y han heredado las costumbres y formas de vivir de Arcos, que ha sido un pueblo especialista en las artes de la agricultura del campo y de lo artesanal.
Mi infancia la recuerdo y la tengo muy presente como algo muy sencillo y agradable. Una de las cosas que más me han marcado es la calidez que una madre ofrece a sus hijos, con la magia de otorgar la cualidad de hogar a una casa. Al mismo tiempo un padre que se encarga de mantener a su familia con su trabajo y dedicación. Trabajo que se desarrolla principalmente como jornalero en todas las posibilidades que ofrece el campo. El sol cálido y la luz brillante es otra de las cosas que tengo muy latente, el sol de Arcos y el sosiego de un pueblo tranquilo.
Mis abuelos son unas personas sencillas y auténticas, a la vez que guardan los secretos más recónditos de haber sabido vivir, convivir y adaptarse a las situaciones y retos de participar en un hábitat y aún así, ofrecer todo su amor y alegría de vivir a los nietos.
Un día, todas estas directrices se ven sorprendidas por la maravillosa melodía de un cante flamenco que suena entre las calles empedradas de mi barrio y que salía de una radio. Esto me caló muy dentro y excitó todos los sentidos de mi cuerpo. A partir de ese momento mi vida empezó a tener otro enfoque que me hacía estar más consciente de las cosas, ya que antes sólo apreciaba las sensaciones. La música flamenca me hizo entender e interesarme por las conversaciones de los mayores de mi entorno, que hablaban acerca de esta música y de los intérpretes. Es aquí donde aparece la apreciación de que yo pertenecía a una familia vinculada al flamenco.
Después con el tiempo apareció la palabra «GITANO». Gitano pasa a ser ahora algo muy bonito en mi vida ya que me relacionaba con esa música tan hermosa y viva. Todo esto me gustaba y me sentía auténtico.
Mi abuelo José Flores Durán (origen de Flores es Asturias y el radial de Duran es germánico) aquí es Flores, el apellido considerado con la cualidad de gitano y así consta en los índices de la historia. Él se había dedicado al trato de ganado y también a esquilar burros, siempre dejaba al animal, en el pelaje, el dibujo de un pez como firma de su trabajo. Él y sus hermanos comparten unos rasgos muy morenos y una costumbre muy dada al baile y al cante jondo en familia.
Más tarde se dedicaría con mi abuela Juana Carles Muñoz (Carles de origen germánico y Muñoz tiene al menos tres versiones: romano, escocés o castellano) a hacer churros y buñuelos artesanalmente, algo que realmente hacían con mucha dedicación y amor ya que sus churros aún se recuerdan.
En mi abuela es Muñoz, el apellido de tradición gitana y así consta en la relación de apellidos gitanos. Aquí tenemos otro claro ejemplo de convivencia de diferentes familias y de un oficio con arte y que ofrece una alegría a los vecinos.
Por otro lado estaba mi abuelo materno Antonio Macías Durán (Macías es de origen gallego y el radial de Durán es germánico) se dedicó al trabajo del campo y era un andaluz enamorado y gran aficionado al cante flamenco. Cante que afloraba de su garganta siempre que surgiera el momento. Además siempre buscaba la ocasión de reunirse con aficionados al flamenco en peñas y festivales de toda la provincia de Cádiz y que era mucho, de gran diversidad, muy auténtico y autóctono.
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Mi abuela materna Manuela Cardozo Benitez (Cardozo es Castellano, Benítez es Asturiano) se dedicó a las tareas del campo y a todo lo referente al arte de la agricultura. Además era una mujer muy agradable y alegre. Alegría que expresaba bailando siempre que le salía espontáneamente.
Así que el cante y el baile estaban muy presentes en mi familia. Por supuesto mis tíos también heredaban «esta forma de ser»
Es entonces cuando me hago consciente, mentalmente, de la variedad. Al parecer hay otras mezclas de razas no sólo en mi pueblo, con influencia histórica de los árabes, romanos, griegos, etruscos, y un largo etc., de tribus europeas que en los genes se va heredando ya que la vida como la historia tiene eso: es multidireccional y multirracial. Así que en mi familia también.
Pero lo más curioso es que en general a todos les gusta esta música: El Flamenco
Así descubro que no tengo solo apellidos gitanos sino que además tengo más mezclas de apellidos causada por la convivencia de los habitantes de Arcos, lo que aún me hace más universal… La grandeza del mestizaje, el pertenecer al pueblo andaluz y a toda su cultura, su arte, diversidad y humanidad.
Por otro lado, he de señalar que en mi pueblo hay muchos apellidos considerados gitanos: Amaya, Monje, Cruz, Jiménez, Reyes, García, González, Rodríguez, Fernández, Heredia, Soto, Romero, Contrera, Serrano, Morón, Peña, Bautista, Salguero, Moreno, Martín, Bermúdez, Gómez, Hernández, Fajardo, Suárez y seguro que me dejo por ahí alguno…
Respecto a las familias consideradas gitanas y más cercanas a mi entorno, he de decir que transmitían mucha autenticidad y amabilidad. Rasgos que hacían de la convivencia algo muy bonito, confortable y que en las fiestas más señaladas se expresaba a través del cante, el baile y las ganas de reír y vivir.
Por supuesto la simpatía también se daba en el resto de familias, ya que Arcos es un pueblo cariñoso y con una variedad de cultura, no solo en las tareas cotidianas sino también en la artesanía, la música, la poesía y literatura pastoril y relacionadas con la evocación y descripción de las calles y monumentos históricos tan preciados en Arcos.
El cante también ha sido muy muy valorado, mi pueblo se ha prodigado en tradición de cantaores: «El Latiguera», «Cantarranas», la familia «Soto» padre e hijo, «El Ministro», Manuel Amaya Flores, Manuel «El piconero de Arcos», «Los Cambayas», Manuel Pérez «El Rubio», José Antonio «El Negro», «El Meinato», «Los flamencos de la Peña», «Los Panderetos» etc. La guitarra es otro tesoro de nuestra historia: Juan Caro «maestro Caro», Manolo Caro, Miguel «El del quiosco», Miguel Chamizo, Miguel Cambaya, Paco Cañas, Antonio Heredia, Antonio Iglesias, Enrique Duarte, Marcelo Amaya, Juan Diego de Luisa, Rubén Silva, Dani Barba, Manuel Roldan, Manuel García, Sergio Quirós, etc., son algunos nombres de artífices de esta joya del patrimonio flamenco latente en Arcos. También tenemos tradición en el mundo del toro, su escuela y la fiesta taurina: Eduardo Duarte, Joaquín «Mulero», «El Arqueño» y en la cerámica, el empedrado de calles, las chozas y cobijos, la huerta, el picón, el arte de hacer el pan artesanal, los dulces tradicionales, las ferias, la Semana Santa en la que no falta el Cristo de los Gitanos, los deportes, una extensa tradición de juegos de la calle, el cuidado de gallos, galgos y caballos. De hecho, uno de los deportes que vinculaba y vincula más a los niños de mi pueblo es el fútbol. En Arcos siempre ha habido muy buena cantera de futbolistas, aunque ahora con las escuelas de fútbol sea más fructífera. Y es verdad que en todas estas disciplinas han convivido y se han relacionado los apellidos gitanos con otra variedad extensa de apellidos. Es este otro claro ejemplo de la multiplicidad.
Arcos es un pueblo totalmente andaluz y muy pintoresco, de casas encaladas y miles de macetas con flores de mil colores. Además en el sitio donde está asentado, nos muestra la audacia y la pureza de quién se ha criado en la cima de una Peña, rodeado de Águilas y otras rapaces en su día.
Respecto al baile flamenco, siempre que escuchaba una música o mis padres se veían involucrados en una fiesta yo salía a bailar sin tener ningún tipo de preparación ni estudio. La primera vez que vi en la televisión una zarzuela de niños y niñas bailando, me quede embobado en las botas de los niños y ya no he olvidado esa forma de expresión. Fue entonces cuando mi padre empezó a llevarme a un profesor de baile, «Pepe el Rubio», de Jerez, que venía a dar clases a una «Peña Flamenca» de Arcos.
Fue Pepe quien habló a mi padre de su profesor, en Jerez, Cristóbal «el Jerezano» con el que también fui a aprender. Y con el aprendizaje de los primeros pasos y mi condición y espontaneidad innata, empezó mi viaje en el mundo del flamenco. El desarrollo constante y el empezar a bailar con un grupo que organizó mi padre Curro Flores, flamenco de condición, un primo de mi padre llamado Manuel Amaya Flores y cantaor flamenco, Miguel Chamizo, guitarrista y Juan Serrano que junto a mi padre, eran los palmeros, algo esencial y base en el oficio del flamenco.
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En el rol del baile estábamos una de mis hermanas Esmeralda Flores, y yo.
El cuadro flamenco se llamaba «Familia Flores». Fue una experiencia muy intensa y bonita en mi infancia como flamenco.
Más tarde empecé a bailar en un tablao en Jerez de la Fra, «El Lagar de Tío Parrilla», de Los Parrilla de Jerez. Después me fui a Madrid y aquí es donde ya conozco a toda una diversidad de flamencos de apellidos gitano, de una gran variedad de apellidos y procedencia: flamencos de adopción, de condición, de alma flamenca, etc.
Así que me siento gitano, persona, de la raza humana, flamenco y lo más importante: sentirme un individuo con todo lo que eso conlleva, ya que lo de ser y sentirse «Gitano» es uno de tantos misterios incognoscibles de esto maravilloso que tiene la vida.

Pueblos andaluces del Nº6. Invierno de 2017.
Por Mariola Cobo Cuenca y José Manuel Flores Macías