Las mujeres gitanas bajo el reinado de Felipe II

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Puerto de Guayaquil (s. XIX). Ernest Charton

En nuestro artículo de microhistoria nos acercaremos a la realidad que vivieron las mujeres gitanas durante el reinado Felipe II, debido a las numerosas medidas que se tomaron para perseguir la homogeneización de los súbditos por parte de la Monarquía autoritaria característica del siglo XVI.

El reinado de Felipe II se inicia en 1556 y termina en 1598, por lo que nuestro período de estudio se ciñe a estas fechas. Sin embargo, las medidas contra los gitanos comenzaron anteriormente, durante el reinado de los Reyes Católicos, y sus continuadores serían Carlos i y su sucesor Felipe II. En esta línea, el 30 de agosto de 1560 en la Cortes de Toledo se hizo un recordatorio de las leyes promulgadas por los monarcas antecesores de Felipe II que señalaba lo siguiente: «…declaramos y mandamos que lo que en ellas se contiene se guarde y ejecute, aunque se hallen menos de tres de los dichos gitanos juntos en compañía, y asimismo se entienda y ejecute la pena de los azotes y destierro del reino en las mujeres gitanas que anduvieren en hábito y traje de gitanas: lo cual nos mandamos que hagáis pregonar públicamente…»
Este texto hacía referencia a las pragmáticas que promulgó Carlos i en 1539, por las que se condenaba a los varones gitanos de entre 20 y 50 años a penas de galeras durante seis años. Esta legislación tenía un sentido utilitarista en sus condenas, puesto que faltaban remeros para las escuadras en los numerosos conflictos que la Corona Hispánica mantuvo a lo largo del siglo xvi en los mares. El conflicto turco en el mediterráneo, los enfrentamientos con los Países Bajos e Inglaterra y la conquista del Nuevo Mundo provocaron un aumento en la demanda de trabajadores para los navíos. Sin embargo, el trabajo de la boga en los barcos era muy temido por su dureza, de ahí la falta de trabajadores libres. Por esta razón se obligó a personas que estuviesen condenadas a prisión y a los gitanos entre ellos, a lo que se añadió en 1560 la pena para todo aquellos que se les sorprendiera con ropas de gitanos.
Sin duda, esta última medida de Felipe II supuso una persecución a todo un colectivo humano, que desembocó en 1572 y 1573 en una redada para lograr conseguir el mayor número de galeotes posible. En este sentido, existe un estudio de José Luís de las Heras donde se señala para este período que hasta un 10% del total de los condenados a galeras eran gitanos. Por otro lado, otra investigación de Thompson indica para el período 1586-1595 que hasta un 2,9% del total de los condenados eran gitanos.
En esta etapa de la historia los gitanos tuvieron que buscar mecanismos para subsistir entre los que pudo estar la huida hacia América, bien aprovechando las condenas a galeras que tuvieron este destino para poder escapar, bien intentando conseguir alguna licencia de embarque. Es posible que la salida hacia las indias occidentales fuese una opción puesto que la lejanía de las autoridades podría otorgarles la libertad que les estaba siendo coartada en la Península. Sin embargo, para esta última opción, la Corona envió una Real Cédula a todos los Virreyes, Audiencias y Gobernadores del Nuevo Mundo ordenando que devolviesen a todos los gitanos que se encontrasen. En este sentido, tenemos varios documentos que lo confirman. Por ejemplo, una Real Cédula al virrey del Perú D. Martín Enriquez con fecha 11 de febrero de 1581 y otra mandada al presidente y oidores de Tierra Firme con fecha 15 de julio de 1568. También existen dos cartas al rey escritas por el virrey de Nueva España, conde de La Coruña con fecha 11 de febrero de 1581 y 9 de abril de 1582, en las que se afirma haber recibido una Real Cédula sobre devolver gitanos e informando de que no se sabía que hubiera llegado ninguno al virreinato.
Esta documentación es una prueba de la persecución a la que fueron sometidos los gitanos por parte de las autoridades y todas estas medidas trajeron consigo una serie de consecuencias para las mujeres gitanas, que se convirtieron en auténticas heroínas para sus maridos condenados. Así, en una carta escrita a Felipe II de D. Francisco de Anuncibay, oidor de la Audiencia de Quito con fecha 25 de febrero de 1587 se señala entre diversos asuntos: «…a pesar de la cédula sobre los gitanos han llegado algunos, a los que se ha devuelto a sus lugares de origen.» Este documento menciona en concreto: «6 u 8 gitanos en dos cuadrillas, casados, de que nos hemos admirado, los dejaron pasar y aun con licencia». El mismo texto comenta que los devolvieron a galeras y a las mujeres las embarcaron en el puerto de Guayaquil.
Las mujeres solían acompañar a sus maridos en el trance que suponían las condenas a galeras intentando ayudarlos y apoyarlos. En este sentido, durante el mismo período tenemos registro de unas gitanas que en mayo de 1574 fueron sorprendidas hurtando un puerco a un vecino de Cartagena para llevarlo a unas galeras en el puerto, por lo que intentaron contratar a un barquero con este fin, siendo descubiertas y apresadas. Es evidente que la separación de varones casados y sus esposas supuso para las mujeres el inicio de una vida errante de puerto en puerto, buscando a sus maridos para intentar darles un suplemento alimentario que podía significar su supervivencia en esos seis años de dura condena.
Por otra parte también hubo mujeres que protestaron y lucharon por la liberación de sus maridos, tal como se narra en la siguiente carta de 1545: «Habiendo suplicado a Vuestra Alteza a los días pasados ciertas egipcianas, fuera servido mandar soltar los egipcianos que estaban presos en la Galibraza San Ginés de que es tenedor el capitán Martín de Pedrola. Vuestra Majestad dio cédula para que el dicho capitán habida información de que los susodichos eran sus maridos los diese libertad con que dentro de 9 días se avecindasen en cualquier parte de estos reinos.»
A toda la normativa existente contra los gitanos en el período de los Reyes Católicos y Carlos i, como hemos dicho al comienzo de este artículo, Felipe II le sumó la de azotes y destierro para las mujeres, quizá con la intención de amedrentarlas porque era conocedor de la fuerza, lucha y determinación que las mujeres gitanas habían desarrollado en la defensa de su familia.

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Carta de los Oidores de la Audiencia de Quito sobre gitanos

Fuentes de archivo
AGI, Indiferente General, 427, L. 30, F. 326r.-326v.
AGI, Audiencia de Panamá, 236, L.10, F. 113v.-114r.
AGI, Audiencia de Quito, 8. R. 21. Nº 59.
AGI, Audiencia de Quito, 8. R. 21. Nº. 56.
AGI, Audiencia de México, 20. N.º 89.
AGI, Audiencia de México, 20. N.º 68.
Fuentes bibliográficas
Sánchez Ortega, M.ª Helena. Los gitanos españoles desde su salida de la India hasta los primeros conflictos en la Península. Espacio, Tiempo y Forma, Serie iv, Hª Moderna, t. 7, 1994.
Martínez Martínez, Manuel. Los gitanos en el reinado de Felipe II (1556-1598). El fracaso de una integración. Dialnet. Unirioja.es. Chronica Nova, 30. 2003-2004.
Thompson, IAA. A map of Crime in Sixteen-Century. Economic History Review, n.º 21. 1968.
Heras Santos, José L. La Justicia Penal de los Austrias en la Corona de Castilla. Books.google.com. 1991.

Los gitanos y su historia del Nº6. Invierno de 2017.
Por Fernando Jiménez Carpio.