Trinidad Fernández Fernández

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Me llamo Trinidad Fernández Fernández, nací en Fuentevaqueros en 1927 y vivo en Atarfe. En mi infancia vivía al lado de la casa de Federico García Lorca cuando estalló la Guerra Civil; Federico vivía al lado del paseo del pueblo y mi familia vivía cerca de la Vega. Mi madre nació en Fuentevaqueros y se llamaba Antonia Fernández Flores y mi padre nació en Atarfe, Luis Fernández Fernández. Yo iba de la mano de mi padre a ver un teatro de títeres que Lorca organizaba para la gente del pueblo; sus padres tenían dos casas, una en el pueblo y otra en Valderrubio, donde daban de comer a mucha gente necesitada y en Semana Santa hacían allí ricos potajes. No sé por qué le tiraban tanto los gitanicos, todos nos trataban muy bien.
Por la rama de mi madre eran carniceros y por la rama de mi padre eran trabajadores del campo. Mi padre se dedicaba todo el año al campo y un hombre señorico le dio la mitad de la tierra. Mi padre hacía aparcería, es decir, hacía dos jornadas de trabajo, una la recogía para el señorito y otra para mi familia.
Un día, los ganaderos que nos traían a casa la leche que ordeñaban nos dijeron: Luis se han encontrado a Guchillejas muerto, tirado en los fogariles. Él fue un hombre gitano inválido que se sentaba en la calle a escuchar los mítines políticos. El día que estalló la guerra fusilaron a muchas personas que iban a escuchar o eran republicanos.
Mi madre era conocida como la Rubia en pueblo y cuando encontraron a Guchillejas, mi padre le dijo ¡Rubia esta noche vendrán a por nosotros, me voy! Mi padre era de izquierdas y escuchaba en un transistor la conocida Pirenaica junto a un amigo, como no sabía leer pues así accedía a la información. Él no militaba en política pero al ser un hombre gitano del campo, sus ideas estaban más de ese lado. Él huyó junto a muchos, menos mal que lo hicieron, porque fueron a buscarlos para matarlos; además registraban las casas y si localizaban herramientas del campo, los mataban o los apaleaban. Por eso mi madre me hizo enterrar todas las herramientas en nuestro patio. Teníamos un marrano y cerca enterré la hoz, los cuchillos, las palas, etc. Vinieron 3 días en busca de mi padre pero él se había ido, después nos marchamos donde vivía mi abuela materna. Pasamos mucho, los militares pegaron y pelaron a mi madre junto a otras mujeres, para que confesaran dónde huyeron los hombres.
Huimos de Fuentevaqueros y mi abuela paterna nos recibió aquí en Atarfe. Por la parte de mi madre, se dedicaban a la carnicería y por la parte de mi padre al campo.
Mi bisabuela era la peinadora de la Duquesa de Wellington en una finca que ellos tenían en Íllora, y mi bisabuelo iba a veces con el Duque de cacería.
La convivencia de nuestra familia ha sido buena con todos, mi abuela ya estaba cruzada, ella decía que tenía una pata blanca y otra negra. En la casa de mis padres y abuelos nunca ha existido la palabra payo. Nuestro trato ha sido mejor con las personas que no son gitanas que con los propios gitanos, por nuestra forma de vivir, sin olvidar mi gitanería.
He criado a mis cinco hijas y al varón muy bien criados, la pequeña fue a la escuela religiosa donde pagábamos y después fue a la universidad pública. La educación de mis hijos ha sido así porque llevábamos tres carnicerías más el ganado, una aquí en Atarfe, otra en Albolote para mi hija mayor y otra para mi hijo en Granada. Hemos trabajado mi marido y yo, siempre. Mis hijas se han casado con hombres gitanos y el varón con una mujer que no es gitana, pero ¿quién no está mezclado? ¡eso no es malo para nadie!, además he tenido nueve nietos y once bisnietos ¡algunos con carreras terminadas!
La población no gitana me ha tratado muy bien, igual que nosotros ¡es mutuo! No hemos sufrido discriminación y no olvidamos nuestra gitaneidad. Mi hija mayor se casó por el rito gitano y mi hijo lo hizo el mismo día por lo no gitano ya que su mujer no lo era.
Yo conseguí aprender a leer mientras trabajaba en la carnicería. Siempre he ayudado a las personas pobres del pueblo, gitanos o no. Soy viuda desde hace más de 20 años pero gracias a Dios he sido feliz. En Atarfe todos me conocen como mama Trini y somos una familia de gitanos privilegiada.

Fragmentos de vida del Nº6. Invierno de 2017.
Por Trinidad Fernández Fernández.