Las danzas gitanas en el Corpus Christi entre los siglos XVI y XVII

En nuestro artículo nos detendremos en el análisis de la procesión del Corpus Christi en Andalucía para comprobar la participación de las mujeres gitanas en el mismo durante las dos primeras centurias de la Edad Moderna.

El ritual del Corpus Christi fue instaurado por el papa Urbano IV en 1264 para todo el orbe cristiano, más tarde Juan XXII en el año 1316 dejará establecida la Octava del Corpus y finalmente sería Nicolás V en 1447 el que inaugure la procesión del Corpus. Este último empuje a dicho ritual provocó que se fuese generalizando esta procesión en todo el occidente cristiano. Por todo ello las primeras noticias de las procesiones del culto eucarístico se remontan a la Baja Edad Media en el caso de la península ibérica.
Sin embargo, respecto de Andalucía hay que señalar que en la parte oriental la procesión se fue organizando conforme se fue conquistando el territorio perteneciente al Reino nazarí de Granada. En este sentido, el sur de la península fue un lugar en el que dicho ritual cobró una enorme fuerza debido a que además del aspecto religioso supuso un instrumento al servicio del conquistador (cristiano) frente al conquistado (musulmán), un símbolo del poder adquirido por parte de la nueva sociedad dominante, la castellana, frente al resto de minorías existentes.
En los inicios de la Edad Moderna el ritual tomará una importancia aún mayor debido al Concilio de Trento en 1551, en el que se decide darle un gran impulso a este ceremonial como respuesta al desafío de la reforma protestante. Así, la denominada contrarreforma católica fomentará un ritual que durante los siglos XVI y XVII adquirirá una gran popularidad y se convertirá en exponente del arte barroco.
Este ceremonial representaba a la sociedad estamental del momento y en él participaban los grupos privilegiados y no privilegiados. Así, por orden de importancia procesionaban representantes del clero y la nobleza, como estamentos privilegiados, y el pueblo llano como no privilegiado, estaba representado por los grupos gremiales. La sociedad jerarquizada y fuertemente cerrada no daba cabida a los grupos étnicos minoritarios, en este caso moriscos y gitanos. En este sentido, es posible que la etnia gitana participara en el ceremonial como un mecanismo de integración en una sociedad dominante que no les permitía el acceso, un proceso similar al que se estaba produciendo en el mismo período con la fundación de hermandades de penitencia de carácter étnico que procesionarán en Semana Santa.
Sin duda el Corpus Christi supuso una puesta en escena de toda la sociedad por lo que los gitanos participaron del mismo, ya que eran un grupo con rasgos diferenciados dentro del pueblo llano al que no se le permitía integrarse dentro de los gremios de los grupos populares. Sin embargo, la minoría gitana aparecía en la parte previa al cortejo como grupos de danzantes, lo que implicaba lo siguiente. Desde un punto de vista antropológico, un ritual que suponía una reproducción de la identidad colectiva dejaba situados a los grupos representados de manera jerárquica y diferenciada, por esto en el Corpus la posición que ocupaban los gitanos como danzantes en la parte previa al cortejo implicaba un significado simbólico y social que los visualizaba y situaba como un grupo aparte de la sociedad dominante.
La participación de la mujer gitana en este ritual fue un elemento a destacar en el caso de Andalucía. En las Actas Capitulares de diferentes municipios andaluces se encuentran referencias a las danzas gitanas que se organizaban con motivo del Corpus. Así, tenemos ejemplos en Osuna, Vélez-Málaga, Granada, Jaén, Sevilla, Cádiz, Málaga y Córdoba entre otros.
En la ciudad de Jaén se señalan danzas de gitanas para la primera mitad del siglo XVII en las que participaban entre 10 y 15 personas según los años y donde las mujeres debían ir bien aderezadas, adornadas, calzadas y vestidas a lo gitano, con sus arollos y guardainfantes. En cuanto a Granada se señalan danzas de gitanos en el corpus granadino de 1632 y respecto a Sevilla las danzas gitanas durante los siglos XVI y XVII tras las de negros, indios y moriscos son las que más se repiten. En el caso de Osuna las actas recogen el pago a gitanas por sus danzas en el corpus durante el período comprendido entre 1540 y 1550, después se pierden y se recuperan en 1571. Además, hay un caso de pago por sus danzas a una gitana llamada María de Espinosa en los Corpus de 1646 y 1647.
Sin embargo, las localidades donde parecieron destacar más fueron Córdoba y Málaga. En primer lugar, nos ocuparemos del caso malagueño donde las danzas gitanas iban detrás de las cofradías gremiales en el cortejo, lo que supone un cambio respecto al lugar previo al inicio del mismo que hemos mencionado anteriormente en el artículo. La razón pareció ser de tipo práctico, ya que las danzas a veces retrasaban el horario establecido para el recorrido de la procesión. Aun así, el cambio las situó tras las cofradías gremiales lo que apoya el argumento dado con anterioridad respecto al significado simbólico y social que implicaba la posición jerárquica en la procesión.
En los contratos recogidos en las actas malagueñas se estipulaba que debía haber nueve mujeres danzantes y cuatro hombres, con atuendos vistosos para ellas y aderezados con guirnaldas de flores. En cambio, en el caso cordobés debían participar ocho mujeres vestidas con basquiñas de seda, mangas anchas y volantes, bandas de velillo de plata, el pelo dispuesto en rodetes y tocadas con plumas. Estas mujeres gitanas iban acompañadas de algunos hombres que tocaban sonajas, castañetas, tamboril, flautas y panderetas. En Córdoba destaca sobremanera el número de veces que se dieron danzas gitanas en el período que abarca 1601-1640, puesto que hasta en catorce ocasiones se dieron este tipo de danzas, lo que hace pensar que debieron tener mucho éxito. Así, de manera consecutiva hubo danzas gitanas entre 1601 y 1610, salvo en 1608, y más tarde se recuperaron en 1620 saliendo de forma casi ininterrumpida hasta 1630, menos en 1624.
En conclusión, las danzas gitanas junto a las demás del Corpus suponían la mezcla de lo sagrado con lo profano, de lo popular con lo aristocrático. Un hecho cultural que reflejaba la diversidad de la sociedad andaluza durante los siglos XVI y XVII. Sin embargo, la riqueza en cuanto diversidad que suponía el ritual terminó desapareciendo debido a las prohibiciones de danzantes del rey Carlos III en el siglo XVIII, que quiso homogeneizar las costumbres de sus súbditos dentro la corriente ilustrada que dominó ese siglo.

Bibliografía
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Los gitanos y su Historia del Nº7. Primavera de 2017.
Por Fernando Jiménez Carpio.