Lepe

«A los campos de Lepe, a las arenas
del abreviado mar en una ría,
extranjero pastor llegué sin guía,
con pocas vacas y con muchas penas.»
Luis de Góngora, 1625

Lepe es uno de los municipios más poblados de la provincia andaluza de Huelva. La localidad se sitúa en un valle, envuelta por colinas y zonas de cultivo, donde la recolección de frutas y hortalizas como la fresa y la naranja, es bastante habitual. Su clima suave permite a los leperos hacer vida tanto en la calle como en el campo y no muy lejos, hacia el sur, encontramos el mar con unas playas muy extensas.
Lepe sigue conservando vestigios de su patrimonio histórico ya que en ella se asentaron culturas como la fenicia, romana y árabe. Debido a la inmigración en busca de puestos de trabajo, la población ha crecido velozmente y los principales núcleos de actividad son la agricultura y el turismo, dándose un gran crecimiento turístico en las zonas de playa como La Antilla e Islantilla.
A la población llegan cada año inmigrantes temporeros/as para trabajar en la campaña agrícola onubense, procedentes de países como Rumanía, Bulgaria y Marruecos, algunos se quedan y otros se marchan (estables y temporeros) .
Algunos comercios los llevan inmigrantes, como carnicerías, locutorios, tiendas de alimentos, halal o almacenes de ropa.
Su gastronomía es peculiar debido a su cercanía con el mar, como las sardinas, los almejones, los chocos, el calamar, la fresa, los higos, las patatas, etc. En la localidad es muy popular el plato conocido como las habas Enzapatás.
En Lepe viven aproximadamente 600 personas de etnia gitana, en su mayoría en el barrio de La Pendola. (Fuente: Ayuntamiento de Lepe).
Desde este barrio, nos describen su historia Los Cantaritos, la familia gitana más extensa que convive desde hace más de un siglo en este lugar, cuando las casas se situaban sobre arena y gravilla, sin el asfalto agrietado que vemos hoy.
Como sus padres y abuelos, fue aquí donde nació Trinidad de los Reyes en 1965, y donde más tarde se uniría con Manuel Jiménez Romero, siendo después padres de cinco hijos: tres varones y dos chicas. Según ella: En las Colombinas vivía antes mi familia y mi tía vive aquí atrás. Yo me casé con 18 años y al año tuve a mi hijo, así que él tiene 32 años y yo llevo 33 años casada (…) mi abuelo y el abuelo de Manuel eran hermanos. En su día, mi padre no quiso que “nos juntáramos” porque yo era muy joven, así que “nos escapamos”… Él estuvo un año detrás de mí y yo le dije que no, pero un día él llegó en un coche por segunda vez a buscarme y ya sí me fui a la casa de su hermana, pero no me acosté con él. A los tres días llegaron a buscarme su madre, mi madre, su hermana y mi hermana, después me trajeron a Lepe. Por fin, nos casamos y “saqué mi pañuelo” hace 33 años ya.
Cuando me casé me hice la prueba del pañuelo, y sí, es dolorosa a la primera. Tengo que contar que mi marido sufrió porque él no quería que me hicieran “la prueba”, y era porque me quería mucho. Pero mis hijas se han juntado con payos, estamos muy contentas porque imagínate que se hubieran juntado con gitanos, alomejor hubiera sido peor, eso no lo podemos saber…

Según Trinidad Mi marido se ha dedicado, entre otros empleos, a ganarse la vida en la albañilería y en temas de construcción, pero al tener yo las cuadras de las bestias pertenecientes a mi familia, él sí pudo dedicarse a eso y sigue haciéndolo con dos de mis hijos, ya que sigue a nombre de mi padre y ahora es mío y de mis hermanos. Son mi marido y dos de mis hijos los que se dedican ahora. En la cuadra él ha llegado a tener hasta 12 bestias, ¡muchos caballos! y lo que hace es cambiarlas, cuidarlas o venderlas.
En breve, Trini nos llevó a casa de una de sus tías, su nombre es Josefa Jiménez Irlandés, casada con Juan Martínez Jiménez y según Trini los gitanos más viejos del pueblo. Juan se sigue dedicando al trato de las bestias, y Josefa sigue manteniendo y cuidando de su hogar valientemente, como ha hecho durante toda su vida, dándoles a quien lo ha requerido cariño y refugio. Siempre lo ha hecho, nos cuenta Trini.
Actualmente Trinidad tiene a dos de sus hijos viviendo en la ciudad de Huelva y a los otros tres en Lepe, porque los que me quedan en casa son el chico y otro más mayor, que acaba de tener un hijo y que va y viene de aquí a la casa de la novia, que no es gitana.
Me gusta mucho mi cultura, pero mis hijas no se han casado con gitanos, me da pena. De todas maneras, los muchachos son muy buenos, tienen sus trabajos y sus casas y las quieren, pero son mis raíces ¿qué le hago?
(sonríe) A mí me hubiera gustado que se casaran como yo lo hice, como mi madre, mi abuela, mis hermanas… Pero se enamoraron de payos y ya está. Mi hijo pequeño acaba de dejar los estudios en el instituto, así que su hermano se lo ha llevado a las cuadras de los caballos.
Las dos hijas que tengo, dejaron hace tiempo sus estudios y cuidaron de mis hijos más pequeños, porque yo cogí depresión debido a que no quería tener más hijos. Me iba a la recogida de la fresa y los dejaba con ellas. A una de ellas no le gustaba nada el colegio, lo cual sé que es una pena, pero yo lo hice mal no obligándolos a todos.
En Lepe hay pobreza y esa pobreza es de todos los leperos. Hay muchos niños de todas las familias y no hay trabajo.
Esta casa es de la Junta de Andalucía y yo llevo en ella 30 años. Estamos integrados bien, los gitanos estamos bien mirados en el pueblo y nuestros nietos van al cole. Tengo seis nietos…
Mi familia en el pueblo es famosa, porque yo soy hija de Vicente “el pintor” porque les pintaba a todos en el pueblo, en las casas de la playa de la Antilla por ejemplo… Mi madre vendía ropa por las calles, Bella “la gitana” la llamaban, empleaba en Sevilla, Huelva y en los pueblos, ropa de cama, aquí el mercadillo los sábados.
Ahora mi hija limpia en el pueblo por el ayuntamiento, su marido payo de electricista, el Chechu, un sobrino mío, es farmacéutico…

Como hemos descrito anteriormente y como sucede en otros lugares, la población gitana emigrante proveniente de zonas de Europa del Este se encuentra en condiciones más delicadas con problemas de desarraigo, precariedad laboral y pobreza. Y a pesar de la humildad en la que viven las familias gitanas nacidas aquí, las relaciones con gitanos están bastante normalizadas en el día a día, nos cuenta la churrera del pueblo, debido a que han creado desde hace décadas lazos con gitanos y con no gitanos. Según Trini, aquí estamos muy tranquilos, los gitanos rumanos se quedan abajo del pueblo, pero también se han juntado gitanos rumanos y con otros como nosotros, porque están aquí. Pero nosotros estamos más integrados en el pueblo.

Pueblos andaluces del Nº7. Primavera de 2017.
Por Mariola Cobo Cuenca.