No circulan por las venas pobreza ni delincuencia

La pobreza no es un sinónimo de la sangre que circula por nuestras venas, sin embargo, los seres humanos nos hemos encarnizado considerando que la desigualdad es un sinónimo de la sangre que tenemos en diversos lugares del mundo. Unos no deberían tener más derechos que otros, esa es la utopía humana y la teoría que nos empeñamos en perseguir, pero que seguimos saltándonos como sucede con todas las utopías humanas.
En España, la situación de la comunidad gitana va avanzando, dando pasos firmes y en primera persona, lo sabemos porque lo vemos. Los gitanos y sobre todo las gitanas, hablan dando voz a los que no pueden hacerlo debido a la pobreza, la exclusión social, la precariedad laboral o el anonimato.
Debemos hacerlo bien porque no hay otro camino, no podemos permitirnos seguir tropezando y seguir lamentándonos ya que eso tiene un precio: perpetuar la desigualdad.
La desigualdad es una realidad humana que le lleva siglos de ventaja a la igualdad ¿será posible alcanzarla entonces?
El dinero es un culpable protagonista, ya que en torno a él se concentran las peores condiciones humanas. Muchos consideran que la pobreza es un sinónimo de sangre, de identidad, de una condición humana que se perpetúa en unos más que en otros.
En la actualidad, no tenemos dudas acerca de que se responsabiliza más al débil de su escasez que al poderoso de su corrupción (…) y en indudables casos, las condenas son cumplidas por los que no pueden permitirse eludirlas debido a la pobreza en la que viven.
La delincuencia no es sinónimo de sangre. Cometer fechorías no va ligado a ser gitano ¿es posible que las personas que lo afirman desliguen ambas significaciones? El día que eso suceda todos saldremos ganando, no dudemos de ello.
¿Por qué motivos nos enfrentamos gitanos y no gitanos al perseguir la igualdad entre personas? Solemos resaltar más la diferencia despectiva hacia “un rival”, en lugar de apuntar hacia una igualdad respetuosa y enriquecedora, en cualquier dirección, ¿acaso es imposible?
No apostamos por una lucha entre rivales en la misma dirección. Apostamos por una lucha en común persiguiendo fines comunes porque en este país las personas que luchamos por la igualdad gitana real, invertimos demasiado tiempo discutiendo acerca de las diferencias y apenas sobre las similitudes que nos convierten en lo que somos realmente: personas de carne y hueso. Basta ya.
Defendemos mirarnos a los ojos al mismo nivel: el mismo. Para hablarnos, entendemos que esta idea es elemental y no lo será nunca si la desigualdad existe entre alguna de las personas que la defendemos, de cualquiera de sus miembros.
Por otra parte, unos no tienen más derecho sobre otros en la elección de la causa perseguida: la defensa de los derechos humanos. Es injusto para los que defienden acercarse a la igualdad, provengan de donde provengan, si el fin elegido es el común; es así como realmente se alcanzan los fines, unidos, gritando lo mismo y no tan disgregados.
La suma es común, pero muchos de los que han decidido luchar para eliminar la barrera del racismo, excluyen escuchar, se niegan a aunar esfuerzos con los que han decidido sumarse por convicciones firmes, por lo que la lucha se magnifica… En el presente seguimos levantando más muros entre nosotros (por gitanos y por no gitanos) como si esta defensa formara parte de una exclusividad adquirida al nacer… Pero, ¿esto forma parte de la búsqueda de la igualdad entre personas?
La sangre no debería aventajar a otros que persiguen el mismo fin, remando en la misma dirección hacia el mar de la igualdad, el entendimiento real y la riqueza cultural.

Editorial del Nº7. Primavera de 2017.
Por Mariola Cobo Cuenca.