Rosario Castro Heredia


Retrato de Charles Chaplin. Lita Cabellut

«Si alguien considera estar limitado por su raza u origen se volverá aún más limitado. Carly Fiorina, política estadounidense y presidenta de la organización sin ánimo de lucro Good360»

Me gustaría comenzar mi aportación con esta frase, frase que si no refleja del todo mi pensamiento al menos invita a la reflexión.
Mi nombre es Rosario Castro Heredia, nací en Cádiz, tierra mestiza, combinación de las “cuatro culturas”.
Siempre he pensado que una de las mayores riquezas de Andalucía reside en esta diversidad de culturas, en como el conjunto puede crear una perfecta multiculturalidad donde cada uno pueda desarrollarse a su manera, teniendo su propia identidad.
Sin embargo, demasiados son los días en los que tengo que enfrentarme a personas con total desconocimiento, más que rechazo, por nuestra cultura. Personas que piensan que te hacen un halago cuando te dicen esa frase del “pero tú no pareces gitana”, “tú eres distinta”. Seguro que más de uno se ha encontrado con esa frase y ha llegado a odiar cada palabra o cada letra de ella.
El desconocimiento y la incultura crea estereotipos, y nosotros los gitanos llevamos cargando a nuestras espaldas con esos estereotipos negativos durante mucho tiempo.
Raro es el día en el que algún medio de información no ligue la palabra gitano a la de pobreza o a la delincuencia. Es muy común encontrar en los titulares “de etnia gitana” noticias sobre robos o reyertas, información que no aporta nada importante al caso o a la noticia, simplemente es una información morbosa que, sin saberlo, o a sabiendas de ello, nos causa un daño terrible, acrecentando esa visión tan negativa para la sociedad. Igualmente son muchas las personas que ven a los gitanos como un físico estándar, piel oscura, pelo largo y moreno, o como un buen flamenco y nada más. Permítanme decirles que los gitanos somos igual de heterogéneos que cualquier otra población. No se podrán encontrar dos personas iguales. Cada persona piensa de una forma diferente, y no por ello hay que tacharlos de ser más o menos gitano.
A lo largo del tiempo, me he dado cuenta de que cuanto más te formas, más sabes y más conoces, mayor es el sentimiento de identidad y de pertenencia a mi pueblo. Por el contrario de lo que mucha gente pueda llegar a pensar, la educación no es sinónimo de apayamiento, para mí la educación y el conocimiento hacen crecer este sentimiento, un sentimiento de orgullo y de querer llevar tu identidad por bandera, enseñando al resto del mundo nuestras raíces y nuestra verdadera cultura eliminando los estereotipos que nos persiguen.
Cierto es que hemos avanzado mucho, pero aún nos queda un camino muy largo por andar.
En la actualidad este camino está siendo recorrido en su mayoría por mujeres. Mujeres que no se conforman, y que quieren cambiar las cosas.
Si la lucha de la mujer es un camino difícil, ser mujer y pertenecer a un grupo minoritario pone aún más barreras en el camino. Pero esos baches no impedirán que el camino se recorra.
Cada día son más las gitanas que conozco que se forman, que cursan estudios superiores o que tienen un oficio. Hoy día son muchas las gitanas con formación universitaria, gitanas maestras, trabajadoras sociales, abogadas, enfermeras, políticas, etc. Gitanas con un sentimiento de identidad muy fuerte pero que sin embargo están invisibilizadas por no responder al estereotipo. Son muchas las veces que he oído hablar de los gitanos invisibles, grupo en el que a menudo me siento identificada.
Hace poco leí un artículo que decía que estos gitanos que no respondemos al estereotipo que nos quieren imponer, somos una especie de “islas”. Cada uno tiene su identidad y sentido de pertenencia, pero no nos asocian al conjunto. Es por ello que cada día hay más y más “islas” pero siguen sin ver la totalidad, sin darse cuenta que al aumentar estas islas quizás pueda significar que los roles están cambiando.
Es por ello que animo a crear lazos, a unirnos para hacer fuerza y mostrar cómo estos casos de gitanos con estudios no son casos aislados, sino que los papeles están cambiando y cada vez somos más.
No hay nada más bonito que compartir ese sentimiento de pertenencia, y esas inquietudes con alguien que al igual que tú también se sentía diferente por pensar de otra manera distinta, o de sentirse diferente por no ser quizás lo que se esperaba. Yo he conocido a muchas mujeres con distintos pensamientos, distintas inquietudes, pero todas orgullosas de lo que son, manteniendo su identidad y desde aquí me gustaría decir que todas ellas me han aportado algo y son un ejemplo para mí.
Como he dicho, el camino de la mujer gitana es muy largo, pero se está recorriendo a pasos agigantados.
Me gustaría contar un poco mi experiencia profesional. En 2015 comencé a trabajar en un programa de educación con alumnado gitano. En él conocí a muchos chicos y chicas de edades entre 11 y 16 años. Para mi alegría, un gran número de ellos, sobre todo las chicas, tienen claro que su futuro será formarse, son conscientes que deben estudiar para poder ser independientes, y que los estudios no hacen a nadie menos gitano, lo hacen más fuerte y menos subordinado. A algunas niñas les gustaría pedirse y casarse jóvenes, otras piensan en carreras universitarias, otras aún no lo tienen muy claro, pero todas saben que deben instruirse y que luego serán lo que quieran ser.
Cuento esto porque años atrás esto era algo impensable, que una mujer gitana pudiese tener estudios sin dejar de serlo. Ahora, los chicos encuentran la formación y el ser gitano como algo que puede y debe ir cogido de la mano.
Este crecimiento se lo debemos a nuestros padres, sobre todo a las mujeres de nuestra familia que con su lucha han conseguido que seamos libres de elegir.
En mi caso, les debo todo el agradecimiento del mundo a mis padres. Ambos siempre se han preocupado por darme una buena educación, preocupándose siempre por lo que a mí me hacía feliz.
Mi madre que no pudo estudiar, siempre me ha apoyado a continuar con mis estudios, quería que tuviese una formación universitaria, que fuese autosuficiente y pudiese valerme por mí misma. Y lo ha conseguido, por sus ánimos y sus apoyos hoy les doy las gracias a mis padres por ayudarme a convertirme en la persona que soy ahora.

Mujeres y educación del Nº7. Primavera de 2017.
Por Rosario Castro Heredia.