Educere y Educare

¿Qué significa educar? Alguna pista nos la aporta el término latino del que proviene ducere, cuyo significado contiene el guiar, conducir ¡qué maravilloso término! y cuánta responsabilidad implica… La guía natural es instintiva, como cuando nace un bebé, instintivamente lo cuidamos, guiamos desde nuestros parámetros primarios, es decir: protegerlo para que continúe su vida. Es la verdadera esencia de la educación: proteger el desarrollo de la vida en plenitud y ¿para qué? El guiar y conducir a nuestros hijos cuando nacen consiste en nutrirlos, asearlos, dirigir sus pautas de vida con el fin de que crezcan sanos y lo hacemos porque amamos a nuestros hijos e hijas profundamente, en esto no hay diferencia entre gitanos y payos. En ambas culturas se pretende lo mismo, que nuestros descendientes sean felices y por eso queremos llenar sus cabecitas y su espíritu de toda nuestra experiencia, para así regalarles nuestros aciertos y enseñarles a evitar nuestros fracasos ¡cuánto nos equivocamos! Pues como se dice: El futuro no es un lugar a donde vamos, sino que estamos creándolo, y sus caminos cambian tanto al que los hace como a los que se destinan (UNESCO)

Yo prefiero aplicar en la vida el término educare y que consiste en ayudar a sacar del otro lo que la propia persona es. Educar no es solamente inculcar saberes; implica mirar atentamente al otro y ayudar a despertar su potencial de creación y así, logre abrirse al mundo aportando lo mejor de sí.

Inevitablemente el legado de lo que somos en una familia y en el conjunto de una sociedad influye en la propia percepción de uno mismo, queremos ser aceptados y queridos por nuestra familia y por el conjunto de la sociedad, es un signo de que ocupamos nuestro lugar en el mundo. Las dificultades se producen cuando lo externo no está en coherencia con este propósito. Cuando nuestro papel es de instrucción (educare) cortamos las alas y limitamos la posibilidad de SER y ahogamos su espíritu y la belleza que contiene, en eso no hay logro de felicidad.

Fotografía: Padres y hermanos de Antonia

En el pueblo gitano los chaborrillos han ocupado un lugar de peso. El tener el primer hijo varón, trasladaba a la mujer de inmediato a otro estatus social superior y de aceptación. Los hijos varones representaban el grado de fuerza de una familia. Y, a través de los hijos e hijas la mujer encontraba su realización como persona. Eso ha bastado durante generaciones. Había que sobrevivir. El hoy de la mujer gitana ha evolucionado y responde a los tiempos, como en su momento lo hizo el papel que desempeñó. No se puede justificar el ayer desde el hoy, sino al contrario, nuestro ayer nos debe ayudar para fortalecer las bases e impulsar nuestro hoy. Y la pregunta sería ¿qué tenemos? Lo que tenemos es una realidad de la cultura gitana que se escapa, como el agua, entre los dedos de la mano, porque se intenta sostener lo insostenible a través de costumbres y tradiciones que fueron en su tiempo y ahora ya no son útiles para el sentido último de esas mismas tradiciones. El pueblo gitano ha sabido sobrevivir en el mundo paralelamente desde la fuerza interna y siempre, no nos engañemos, interrelacionándonos con los payos. ¿A quién si no, vendían los productos, a quién si no se hacía el trabajo?, ¿de dónde nos venían las “perras”? Hemos desarrollado oficios que no hubiesen servido para nada si no hubiesen tenido un mercado…, y ese era payo. Por lo tanto, hay mucho que agradecer a los payos. Hoy día también. No existen universidades gitanas, no existen institutos gitanos, no existen escuelas gitanas, no existen guarderías gitanas…, no existe una estructura educativa gitana, pero lo peor es que no existe, bueno, más bien, solo mínimamente, una conciencia de educación en la cultura gitana. Habría que preguntarse por qué. Hay muchos estudios sobre eso, pero, permitidme guiaros a pie de tierra. A través de mi trabajo como Técnica de Integración he podido observar la realidad de niños y adolescentes gitanos y se percibe la misma cuestión ¿para qué voy a la escuela? Sobre todo, en Secundaria se aprecia más notablemente la fuerza de las costumbres del grupo social y su influencia. Los niños gitanos que no han podido entender el valor de la formación recurren a los valores que se les ha inculcado como hombres y no les resulta fácil entender y admitir el valor del respeto hacia los docentes. Las niñas gitanas, aunque pueden encontrar su espacio de libertad en el centro educativo, la vigilancia y el control por parte de la familia extensa las asfixia. Tampoco ayuda la poca formación en nuestra cultura del profesorado en general y los que sí tienen interés, el desgaste de lidiar solos, los hace replegarse frente a una realidad sobre la que les gustaría influir en su desarrollo, pero, frente a la que le faltan herramientas.

Entonces ¿qué hace que algunos gitanos y gitanas estudien y otros no? Sin entrar en los intereses íntimos y particulares, yo diría que la capacidad de tener una mente abierta. El apoyo de la familia es condicionante, sobre todo, a determinada edad, pero no es un determinante absoluto ni para impulsar ni para reprimir. Desde luego el avance sería mucho más rápido y significativo si el conjunto de las familias gitanas dieran sentido, más allá de la obligación legal, a la educación formal y esto podría suceder si se entendiese que no hay una sola forma de educar, que el ir a la escuela es un camino más seguro, fácil y rápido para nuestros hijos, para poder desarrollarse, para poder crecer por dentro en un espacio más seguro y controlado que la inmensidad del mundo, a donde, inevitablemente, tarde o temprano, los entregamos.

Fotografía: Tía abuela Antonia

He podido observar en las familias las relaciones asimétricas que se establecen con los profesores y, es verdad, podemos dar con malos profesionales, existen, doy fe, pero en lo que podemos poner nuestra energía es en lo primordial, que es inculcar a nuestros hijos e hijas el valor de la propia dignidad que implica el respeto hacia uno mismo y que se traduce en las formas. Somos ejemplo y modelo de nuestros hijos e hijas y eso nunca debemos olvidarlo: por ellos.

Yendo a lo específico de la mujer gitana y su desarrollo en el campo de la educación, para mí ha sido una enorme gratitud el haber nacido en la familia a la que pertenezco. He tenido grandes ejemplos de mujeres recias que, con su vivir, me enseñaron a ser ellas mismas y, pese a quien pese, seguir adelante. He querido rendir homenaje a través de la imagen de la fotografía a mi tía abuela Antonia, una mujer que fue madre soltera y que crio a mi prima “la joyita” con un amor y dedicación pleno, recorriendo “esos mundos”, vendiendo lo que podía para poder criar a su hija.

La formación académica en mi familia era estimulada por mi padre y vigilada por mi madre, ella nos levantaba cada mañana para que fuésemos a la escuela. No éramos muy bien vistos por el resto de la familia extensa paterna, mi padre era el raro, pero se le respetaba y eso se extendió a nosotras. En mi caso las circunstancias familiares y económicas impidieron que pudiese desarrollarme académicamente hasta bien entrada en años, cuando ya había criado a mis hijos, pero nunca he perdido las ganas en este aspecto. Mis deseos de ser libre por dentro implican el conocimiento del mundo que piso y la formación académica me proporciona las herramientas para ese propósito. La fortaleza interna que da el saber (que no es la sabiduría) equilibra otras carencias económicas y sociales que pesan y frenan. No sé dónde me llevará la vida y si lograré realizarme profesionalmente, pero, decido, desde mi esencia gitana, seguir con mi propósito de caminos de libertad internos y externos a través del conocimiento y del día a día…, solo existe el hoy, pero mirando al azul del cielo y pisando la verde y fértil tierra.

Mujeres y educación del Nº8. Otoño de 2017.
Por Antonia Jiménez Fernández