Jerez de la Frontera

I Parte:   Breve introducción histórica

 

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas en conserva.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.

 Federico García Lorca

 

 Fotografía: Bohémiens en marche, de Alfred Dehodencq (1860).

La historia y el presente de Jerez de la Frontera (Cádiz) no podría entenderse sin la presencia gitana… Y es que tanto la realidad gitana como la no gitana se han entrelazado durante siglos, por lo que dicha convivencia ha ocasionado en múltiples casos, atenuar fronteras, contribuyendo a transformar relaciones, dándose así un gran proceso de transformación cultural que, según ellos mismos describen, ha diluido fronteras entre lo gitano y lo no gitano.

Si miramos atrás y según diversas crónicas, entre el siglo XVIII y XIX un gran número de familias gitanas decidieron quedarse en Jerez por la gran necesidad de una mano de obra para trabajos, como fueron los agrícolas (entre ellos la viña) así como en la fragua o en las ferias. Esta realidad no sólo proporcionó el asentamiento de dicha población en condiciones algo más favorables, sino que además provocó unos contextos de interacción con los demás trabajadores, que relegaba la identificación étnica a un segundo lugar.

Fotografía: Feria de ganado en Jerez (principios del siglo XX)

(…) Ya entrado el siglo XVIII, el censo de 1783 elaborado durante el reinado de Carlos III, cuenta un total de 389 gitanos en la ciudad. Sin embargo, el número de gitanos que han habitado en esta localidad gaditana es difícilmente contrastable… Las razones de esta dificultad derivan principalmente del mestizaje resultante de los matrimonios mixtos y de los procesos de identificación que esos mestizos llevaron a cabo.

Dicho proceso no fue fácil, ya que los encuentros entre culturas no son veloces y evidentemente gitanos y no gitanos debieron aprender a convivir para lograr entenderse y, al fin y al cabo, vivir… Los barrios de San Miguel, Santiago y San Pedro han sido las principales zonas de la ciudad donde las familias se asentaron y tras décadas de convivencia en las que el trabajo, el contacto y la consumación de matrimonios mixtos propiciaron más intercambio social, dieron lugar a una descendencia con raíces gitanas y no gitanas. El propio término de entreverao, es frecuentemente utilizado entre sus habitantes, un detalle que será significativo a la hora de entender la simbiosis entre gitanos y no gitanos en esta comarca y que ha influido en ambos grupos. Sin embargo, no olvidaremos las grandes dificultades y el gran retraso de dicha población con respecto a la población mayoritaria, a la hora de adquirir derechos en todos los lugares sin excepción. También aquí.

Recopilando las opiniones de muchos jerezanos (gitanos y no gitanos) acerca de dicha convivencia y por la forma en la que la describen, percibimos dos grupos simbólicos: uno que englobaría sólo a la minoría gitana local, la de los gitanos jerezanos, frente a otra comunidad que englobaría a toda la ciudadanía jerezana, los populares flamencos. Además, el uso del término gachó gachí ha sido adoptado de forma más normalizada en la localidad, adoptándolo tanto gitanos como no gitanos. Utilizado por la mayoría no gitana, en muchas ocasiones el gachó no viene a señalar el elemento étnico de otro individuo, ni siquiera de individuos de otros lugares. Este uso denota una pertenencia común entre gitanos y de no gitanos, a la hora de señalar a una comunidad simbólica que los enlaza a ambos como flamencos.

Fotografía: Diana Ordoñez, estudiante jerezana (2017)

Según describe Diana Ordoñez: aquí en Jerez, muchas familias no tenemos ya problemas por el hecho de ser gitanos, es más, a veces pareciera que es normal o hasta auténtico el propio hecho de serlo, además forma parte de la identidad de la ciudad… Sé que el pueblo gitano ha tenido, y tiene, dificultades para alcanzar la igualdad real, pero muchos sentimos que aquí la convivencia es más favorable. Yo me siento feliz por serlo y convivo con muchas personas que opinan lo que yo, aquí las diferencias no son tantas y no sucede como vemos en otros lugares… En el pasado sí tuvimos más dificultades, por ejemplo, mi madre, que no se formó como yo, y qué no decir de mi abuela, eran mujeres gitanas y como mujeres gitanas, tuvieron un camino  más difícil; el mío ha sido mucho más fácil por los logros que se han conseguido… Sé que aún tenemos mucho que avanzar, aquí y fuera, y que los gitanos aquí también han tenido problemas, muchos problemas, pero también los no gitanos, porque también hay pobreza, paro y dificultades que deberíamos haber superado entre todos, pero es mi experiencia, la mía.

En la historia de Jerez qué no decir del arte del flamenco, desde el pasado hasta la actualidad, arte que se engendra y se potencia como fuente propia… Representa para muchos (dentro y fuera del lugar) un gran símbolo de convivencia no conflictiva entre personas y que ha conformado una gran parte de la vida de las familias en los barrios. Aquí se reconocen y fomentan las leyendas de numerosos apellidos populares de familias gitanas que han vivido, y viven, de su destreza y cultivo… Algunos de ellos son: Monge, Vargas, Montoya, Campos, Zarzana, Marruro, Charamusco, Paulera, Chicharrones, Mondeja, Pipoño, Pantoja, Torrito, Méndez, Moreno, Paula, Monje, Antúnez, Terremoto, Jiménez, Ramos, Valencia, Soto, Romero, Gálvez, Heredia, Méndez, Peña, Fernández, Reina, Torres, Junquera, Pipa, Real, Gallardo, Zambo, Carrasco, Jero, Moneo, Rubichi, Carpio o Agujetas.

 *(En la próxima edición, más personas describirán sus experiencias sobre la convivencia en Jerez)

Fuentes:

Opiniones de Diana Ordoñez Fernández junto y vecindades jerezanas.

Castaño, José María (2007). De Jerez y sus cantes. Almuzara.

De la Plata, Juan (2001). Los gitanos de Jerez. Cátedra de Flamencología y Estudios Folclóricos Andaluces.

Royo, J. (2013). Algo más que gitanos. El juego de las identificaciones étnicas en Jerez de la Frontera.

 

Pueblos andaluces del Nº8. Otoño de 2017.
Por Mariola Cobo Cuenca.
Fotografía: Luis Miguel Zapata.