Aires Nuevos: Formas Alternativas en el Movimiento Asociativo Gitano

Vivimos en una sociedad donde la juventud se ha encontrado en un momento de desilusión. La conciencia de que el sistema educativo muchas veces no se ajusta a nuestras realidades, la diversidad que conformamos muchas veces no es aceptada si no se ve un fin lucrativo en nuestras acciones por terceros y qué decir del mundo laboral. El binomio juventud-trabajo siempre viene acompañado por la idea de precariedad, exilio o directamente, vacío. A esto, súmale ser gitano, o desgraciadamente agravándolo más, gitana.

Todo esto sucede cuando nos regimos por un modelo social en donde la diversidad es sinónimo de obstáculo. Sin embargo, desde unos años atrás se está tomando conciencia de ello. Vienen nuevos aires.

No estamos inventando nada. El descontento social y las ganas de cambio marcan el ritmo de la historia. Revoluciones, instauración de democracias… crean ciclos en donde las personas se han visto expuestas a cambios los cuales se han normalizado.

El movimiento asociativo gitano ha venido luchando por, básicamente, que los derechos sociales sean accesibles a nuestra comunidad (vivienda, educación, trabajo…) desde hace más de 40 años.

“Una vez fuimos a visitar a unos calós que vivían en un barrio a las afueras de la ciudad X, cerca del campo. Era un día de lluvia y a las mujeres con los bebés en brazos les llegaba el barro por la rodilla. Decidimos ir a que nos atendiera el alcalde. Obviamente en esa época, no quiso saber nada de nosotros, se intuía a lo que íbamos, así que no nos recibió.

Cerca había una ferretería, así que se nos ocurrió comprar unas cadenas y amarrarnos a las puertas del ayuntamiento y llamar a los medios, a ver si le daba lache al vecino y nos atendía. Por supuesto, con el miedo en el cuerpo a que nos vieran nuestras familias y nos la liaran en casa. Aún así lo hicimos. En meses estaban esas familias realojadas.”

Desgraciadamente hoy en día todavía se dan casos de infravivienda, gracias a esos anteriores pasos, reducidos.

Este tipo de hazañas son las que escuchamos la juventud ojiplática en boca de nuestras tías y tíos, que dieron esos primeros y grandes pasos en el movimiento. Gracias.

Sin embargo, hoy en día, como causa de ese activismo, focalizamos nuestro centro de atención ante otras problemáticas de las que somos más conscientes. Y es que, como tantas veces se ha comentado, somos la generación de gitanas y gitanos más formada hasta el momento. Debemos tomar el lugar que nos corresponde.

Nuestra plataforma juvenil, Aire Nuevo Caló, se conforma a partir de un grupo de gitanas y gitanos, cuya preocupación va más allá de la problemática por la que se movían las plataformas gitanas hace unos años.

Ya no queremos pedirle cosas al alcalde. Queremos ser el alcalde.

En una época, donde las manifestaciones son diarias y las quejas en corrillo son temas de conversación constante, desgraciadamente, estas actitudes de denuncia, se diluyen. Por lo tanto, el cambio social ocurre desde dentro de los espacios de toma de decisión y es por eso, que necesitamos voces gitanas en ellos.

Aire Nuevo Caló, se enfoca en esa actividad, acercando las instituciones a los jóvenes gitanos, con labores de portavocía e interacción con otros grupos sociales y, en definitiva, dotando a la juventud gitana de esa importancia que se merece.

¿Cómo acercar, entonces, a los jóvenes a esa actividad?

Muchas veces se ha dicho del activismo 2.0 que es ineficiente: no se puede cambiar el mundo a base de tweets. Sin embargo, si los contenidos que se generan a través de las redes sociales, por parte del activismo 2.0, ya sean videos, entradas de blogs, imágenes… crean viralidad y esa información llega a un amplio número de personas y agentes clave, con seguridad se empiece a hablar de algo que hasta el momento es invisible: que las gitanas y los gitanos puedan formar parte de espacios en los que, ni por asomo, se les tiene en cuenta. Y sobretodo, desde la entidad, entendemos que es un puente perfecto al activismo de calle. Lo que empieza denunciando un tweet discriminatorio, puede acabar en una mesa de diálogo estructurado entre entidades juveniles. Es decir, si tenemos que hablar de Kim Kardashian o motivar con letras de canciones de Beyoncé, lo vamos a hacer si esto forma parte del proceso de cambio hacia un activismo de calle, como el que presentábamos en estas líneas.

Crear en la juventud gitana esa sensación de que su voz es necesaria, y de justicia social, que aporten a su entorno, es esencial para lograr estos pasos. Pero no sólo gitanas y gitanos hablando de “cosas gitanas”. Sino que, construyendo entre todas y todos decisiones que afecten al conjunto social al que pertenezcan, ya sea desde “cómo pintar los bancos del parque” a “qué actividades formativas podemos ofrecer a los claustros de los centros de una ciudad”.

Pero claro, si hablamos de espacios de toma de decisión, hablamos de política. Y eso a algunas y algunos nos asusta. Son tantas las noticias diarias con las que nos avasallan sobre corrupción, críticas a políticos, abucheos públicos… que cualquiera de nosotros “se atreve” a moverse por esas aguas, y más siendo caló o calí.

Aunque desgraciadamente, podemos contar las experiencias de aquellas tías/primas y tíos/primos que han tenido la oportunidad de estar en algún partido, aquellos factores que crean el efecto (en términos feministas) del techo de cristal dentro de los propios partidos: todos quieren gitanas y gitanos en sus filas hasta que hay que organizar mandos. Listas en los que no aparecen apellidos gitanos. El pensamiento que la comunidad gitana de un territorio votamos en unidad. El voto gitano. En definitiva, aspectos por los que se debe luchar, tal y como se ha comentado, desde dentro. Nadie va a ir a cambiarlos.

Tenemos que perder el miedo, dotándonos del sentido de la responsabilidad, la justicia y el comunitario, cosas que no están lejos de nuestra cultura. Aunque nos persigan los fantasmas de los prejuicios y los comentarios del tipo “yo tengo un amigo gitano” (como si eso solucionara las cosas).

Somos la generación de gitanas y gitanos que defienden las libertades individuales y colectivas de nuestra comunidad, que no les da miedo que nos asocien con términos como el feminismo o la lucha lgtb, que habla abiertamente en contra de la corrupción, que defiende sus símbolos, sus señas de identidad y todo esto por un simple motivo y fin: adora su cultura y quiere ponerla en el sitio que se merece, ya que tenemos conciencia de ella.

Esto es el Aire Nuevo Caló. Y ha tomado forma de una entidad que trabaja horizontalmente y en red con jóvenes calís y calós muy válidas y válidos de toda España. Que colabora con otras entidades juveniles. Que su herramienta más fuerte son las redes sociales (como buenos millennials que somos). Y que quiere recuperar la dignidad que siglos de persecución nos arrebataron.

#OpreRoma

Por Francisco Planton Amador

Reivindicar desde la paz del Nº10. Primavera de 2018