Las leyes contra las mujeres gitanas desde los Reyes Católicos hasta Felipe IV

En nuestro nuevo artículo de Amarí rompemos con el esquema habitual de textos de microhistoria con el objeto de realizar un repaso cronológico lineal de las leyes antigitanas en la historia y las repercusiones para la mujer gitana.

A lo largo de la historia desde su llegada a la península ibérica, el pueblo gitano tuvo que padecer persecución por parte de las autoridades. Sin embargo, recién llegados fueron bien tratados y poseían salvoconductos de reyes y nobles que les protegían como peregrinos cristianos. Acerca de éstos ya escribimos en un artículo titulado La condesa gitana Doña Luisa en el Santo Reino de Jaén.

A pesar de esto, al poco tiempo los reyes comenzaron a dictar leyes antigitanas que se fueron endureciendo con el paso del tiempo y que también afectaban a la mujer gitana directa o indirectamente, no sólo a los varones. Así, a continuación, expondremos y analizaremos leyes y discursos desde la primera dictada por los Reyes Católicos hasta llegar al Reinado de Carlos II, último monarca de la dinastía de los Austrias en España.

La Real Sanción de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón decía lo siguiente:  A vos los egypcianos que andais vagando por estos reinos y señoríos con vuestras mujeres y hijos… vos mandamos que del día que vos fuere notificada o pregonada… vivais por oficios conocidos… estando en los lugares que acordades de assentar o tomades vivienda de señores a quien sirvais… so pena que si en ellos fuerais hallados o tomados sin oficios o sin señores… cien azotes por la primera vez y le destierren perpetuamente… y por la segunda vez que vos corten las orejas y esteis sesenta días en la cadena… y por la tercera vez que seais cautivos de los que os tomaren

Esta ley establecía la base de las nuevas relaciones que se van a dar entre el Estado y el pueblo gitano a partir de entonces. De hecho, en lo sucesivo las nuevas leyes que se dictaron hacían referencia al cumplimiento de esta primera. Por otro lado, en esta ley no se hacía distinción entre varones y mujeres y, por lo tanto, las penas tan duras que se contemplaban también fueron aplicadas a las mujeres, ya fueran azotes, cortar orejas, destierro o esclavitud.

El primer monarca de la dinastía de los austrias, Carlos I, tuvo que renovar las leyes establecidas, ya que el objetivo de sedentarización que buscaban los Reyes Católicos no se había cumplido. Así, en las Cortes de Toledo de 1525 y las de Madrid de 1528 y 1534, se decidió endurecer las penas y se indicó que debían abandonar los reinos en un plazo de tres meses, a lo que se añadía la condena a galeras para los varones entre 20 y 50 años durante seis años. En esta normativa es donde se incluye la primera distinción de género, puesto que para el caso de la mujer gitana se mantuvo la condena a 100 azotes, cortar orejas, encadenamiento y destierro de tiempos de los Reyes Católicos. La diferenciación responde a intereses geoestratégicos, ya que no eran consideradas útiles en las galeras y la corona estimaba necesario emplear a los varones en la flota naval de la monarquía hispana para las múltiples guerras que tuvo abiertas en el período de Carlos I, y, posteriormente los demás reyes Austrias, Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II.

En este sentido, la Pragmática de Felipe II en Monzón del 25 de noviembre de 1552 incluye un aumento de la pena a galeras para los varones que pasaría de cuatro años, la primera vez que los capturasen, a ocho en la segunda y a perpetuidad en galeras si reiterasen una tercera vez. Resulta evidente que los intereses militares de la Corona comenzaron a influir en la distinción de género para condenas contra los gitanos de manera recurrente.

La situación del pueblo gitano siguió empeorando conforme avanzaba la centuria, puesto que al seguir sin avecindarse las medidas que se proponían eran cada vez más drásticas. Así, en las Cortes de 1594 dos procuradores de la ciudad de Burgos llegaron a plantear la separación geográfica de las mujeres gitanas para evitar los matrimonios entre ellos y promover los matrimonios mixtos con el objetivo de eliminar su existencia como cultura. Incluso se llegó a nombrar una comisión para el estudio de la propuesta, pero no tenemos constancia de que llegase a aplicarse. Sin embargo, un aspecto como éste llegaría a ponerse en marcha siglos después bajo la dinastía borbónica, tal como describimos en otro artículo de Amarí denominado Las gitanas bajo el gobierno de Fernando VI.

El racismo y la xenofobia en el período del siglo XVII fue aumentando en tal grado, que bajo el reinado de Felipe III el arzobispo Sancho de Moncada redactó un discurso en el que al referirse a la mujer gitana expresaba que las gitanas son públicas rameras, comunes a todos los gitanos, y con bailes, ademanes, palabras y cantares torpes hacen gran daño a las almas de los vasallos de V. Majestad.

Asimismo, durante el gobierno de Felipe IV aparece de nuevo otro discurso que fomentaba la intolerancia contra la mujer gitana redactado por parte del alcalde de Casa y Corte llamado Juan de Quiñones. En su escrito defendía bajo una mirada moralista de corte católico que los gitanos podían repudiar a su esposa, lo que chocaba con la doctrina de la iglesia que no permitía el divorcio. Además, en el mismo escrito acusa a las mujeres de leer las manos y rayas para la buenaventura, una acusación recurrente que ya fue abordada en otro artículo de la revista llamado Las gitanas y la Inquisición.

Fotografía de Velázquez: Felipe IV a caballo.

 

Por otra parte, en la Pragmática de 1633 en su capítulo 13 llamado “De los gitanos” se afirma que ni en danzas, ni en otro acto se permita representación, acción, o otrage de tal pena de dos años de destierro, y de cinquenta mil maravedeis por tercias partes. Esto provocó que las mujeres gitanas que actuaban en las danzas del cortejo previo del corpus fuesen perdiendo un medio de vida que tuvo mucha profusión en el Corpus Cristi de las ciudades andaluzas de los siglos XVI y XVII. De hecho, tal como explicamos en otro artículo de Amarí titulado Las danzas gitanas en el Corpus Christi entre los siglos XVI y XVII, estos bailes van desapareciendo en virtud de esta ley que se afianzará con otras similares en el período borbónico posterior.

Estas acusaciones y normas responden al modelo androcentrista de la moral católica que imperaba en esos siglos. Si a ello unimos los prejuicios que se iban gestando hacia el pueblo gitano en el período que estudiamos podemos afirmar que se construyó a lo largo de este siglo un pensamiento androcentrista y xenófobo que culpabilizaba a la mujer gitana doblemente. Así, mientras la mujer gitana fue símbolo de todos los valores de lo “no adecuado”, la mujer no gitana bien casada, no repudiada y que seguía el esquema establecido por la sociedad dominante sería valedora de “probada virtud”.

No cabe duda de que los discursos políticos y leyes que se redactaron en este período estuvieron impregnados de este modelo de pensamiento. Por tanto, las mujeres gitanas no sólo fueron víctimas de una ideología xenófoba androcentrista católica, sino también de las leyes que emanaron de este pensamiento y que condenaron a la mujer gitana a penas durísimas.

 

– Gil Ayuso, F. Textos y disposiciones legales de los reinos de Castilla, impresos en los siglos XVI y XVII. Madrid, 1935.
– Hernández Pedreño, Manuel. (Coord.) Exclusión social y desigualdad. Ediciones de la Universidad de Murcia. edit.um, 2008.
– Martínez Dhier, Alejandro. La condición social y jurídica de los gitanos en la legislación histórica española. Universidad de Granada, 2007.
– Moreno Casado, J. Los gitanos de España bajo Carlos I. Chronica Nova, 1969.
– Sancho de Moncada. Expulsión de los gitanos. Discurso VIII de la Restauración política de España. Madrid, 1619.