Asao a la lumbre de las noches de verano

El arte de cocinar para muchos

Desde Amarí queremos resaltar algunas recetas tradicionales para ponerlas sobre el mantel. Son platos que probablemente muchos hemos disfrutado desde nuestra infancia. Como en cualquier hogar, es básico tener nociones sobre esta forma de arte que nos lleva a disfrutar degustando. Es más que evidente que en esta tierra, la andaluza, se elaboran comidas sanas, deliciosas y variadas. Muchas familias gitanas también lo han hecho desde la más absoluta normalidad, compartiendo con los que han tenido la suerte de ser invitados a su mesa.

Soy Antonia Jiménez y soy una gitana nacida en el norte, concretamente de la provincia de Cantabria. Allí hace mucho frío, pero a mis padres les gustaba cocinar en la calle, eso solo lo podían hacer las noches de verano, que suele ser corto. Sobre las 7 de la tarde mi mama nos llamaba y entre los más pequeños recogíamos leña y ella la disponía estratégicamente, dejando el rescoldo abajo y con palos colocados alrededor como solo ella sabía disponer, después hacía una lumbre que a mí me parecía bellísima. Todo preparado para cuando llegaba el papa de la escombrera, se aseaba y ellos se ponían a asar.

 

INGREDIENTES

  • Patatas
  • Sal

 

PREPARACIÓN

Se cogen de las más medianas porque si no se tardan mucho en hacer y quedan crudas por dentro, en la parte más alejada de las brasas se van colocando alrededor con la piel, moviéndolas de lado de vez en cuando. Están para jamar cuando se ve la piel bien tostada y negruzca, vamos que al pelarlas se te quedan los dedos negros como el tizón. El disfrute es ir pegándoles bocaicos sazonando el bocao a punto de sal.

 

 

A la lumbre también cocinábamos, Morro y oreja de balichó, pero no siempre llegaba a la brasa este manjar, los cuartos no daban para que fuese tan a menudo…

INGREDIENTES

(Aprox. 5/6 personas)

  • Morro y oreja de balichó
  • Sal

 

PREPARACIÓN

Meterlo en agua y sal un rato a remojo para poder rasparlo bien. Mi madre o mi hermana mayor, la Juana, cogían un cuchillo mellao y raspaban bien toda la superficie para que no hubiese nada de restos en la oreja y quedase bien limpio el morro de cualquier pelo y, una vez limpio y sazonado con sal, lo ponían en unas trevedes (esto era trabajo de mi padre) pendientes de que quedase bien tostaíco y crujiente ¡qué sabroso era!, con un cacho de pan y el trozo que tocase encima, no había mayor delicia…

Alguno de los pequeños siempre nos dormíamos al destello de las brasas, encima de una manta, escuchando a nuestros padres cantar a “la paquera”, “la perlita de Huelva” o esa canción que le encantaba a mi padre de Paquito Jerez, que decía como se quiere a los hijos ya no se puede querer más…, un hijo es la Gloria que te manda Dios y le brillaban los ojos cuando cantaba eso. A él le gustaba amenizar la noche con su armónica. ¡Qué noches más hermosas!

 

¡Nos sentamos para comer!