Gonzalo Jiménez Navarro y Esperanza Ramos Pérez

 

 

¿Qué edades tenéis?

Gonzalo: Yo 29. Mi hijo Mariano 6, mi Gonzalo 5 y Cristian 3

Esperanza: Yo 25.

 

¿Dónde nacisteis?

Gonzalo: En Sevilla

Esperanza: Yo en el barrio de Los Pajaritos, en Sevilla.

 

 

 

¿Cambiarías algo de vuestro barrio, el Polígono Sur?

Esperanza: Muchas cosas: la delincuencia, que hubiera menos…, que haya más cosas en el barrio, supermercados, más cosas a nuestro alcance para que no tengamos que ir tan lejos; por ejemplo, para comprar en “el Día” tenemos que ir hasta la carretera de su Eminencia.

La limpieza, para que entrara más gente al barrio para cosas que necesitamos, como hacer una obra, que nos traigan muebles, pedir de comer, podemos llegar a comprender que no quieran…, pero aquí también hay gente buena, que por culpa de otros tengamos que pagar nosotros. En el tema de los trabajos, cuando saben que somos de aquí no nos cogen para trabajar. Yo he ido a entrevistas y cuando se han enterado de que vivo aquí pues no me han cogido o a veces me ha dado vergüenza decirlo.

 

Gonzalo: Cambiaría el tema de la violencia. Nosotros tenemos que sacar “la Democracia” misma entre nosotros, los del barrio, porque los que vienen aquí se lavan las manos y se van a su casa, pero los que se quedan somos los del barrio. Y nos duele el barrio.

Las cosas que hay aquí nos duelen a nosotros que para eso somos del barrio. Están haciendo cosas también en el barrio, poco a poco y voy viendo cosas…

 

¿Qué nos contáis sobre vuestros estudios y sobre vuestro trabajo?

Gonzalo: Yo no estudié.

En Bruselas están “papá y mamá”, verdaderamente desde donde se reparte, de donde sale todo el dinero, dan mucho para gente joven y luego no se ve. Yo le tiraría de las orejas malamente, porque aquí yo no veo ese tipo de ayudas.

Y el racismo por ser gitano…, cuando llegas al bar, donde echo mi currículum y lo primero que me preguntan es: ¿tú qué eres, gitano o moro?

Y ahora vas tú mañana a echar el currículum con los ojos claros y te dicen: vente mañana. Ya cambia la cosa, no debería ser así, ¿no?

Yo me busco la vida con la guitarra, cuando me ven por aquí los policías dirán: “mira, éste se va a hacer empresario” (sonríe irónicamente)

 

Esperanza: Yo estudié hasta 2º de la ESO. Muchos cursos de arte y en hoteles. En el barrio he hecho cursos, pero después no hay trabajo.

 

¿Cómo os conocisteis?

Gonzalo: Pues te vas a echar a reír, de verdad… Tenía yo una furgoneta cuando me saqué el carnet y la vi con una amiga y casi la pillo cuando nos conocimos… Ella iba andando y me gustó. Antes de salir, nos conocimos… Y allí empezó todo.

Esperanza (Sonríe)

 

¿Hubo impedimentos en vuestra alianza?

Esperanza: Sí. Yo entré en un centro de menores un año y medio. Y mi madre no quería que yo estuviese con él. Yo tenía 15 años, era muy pequeña… Y él tenía 18 y al ser gitano, pues ya… Él tenía coche y mi familia no lo quería ver. Cuando yo estaba en el centro de menores mi madre bloqueó mi teléfono para que él no me pudiera llamar. Él me mandó una carta y cuando salí en libertad nos buscamos.

 

Gonzalo: entre mi gente no hubo problema, por lo menos de mi parte no hemos sido racistas; mis padres me dijeron que racismo ni por moras, ni por indias ni por francesas… Me dijo mi padre que “la cuchara que yo tuviera era con la que iba a comer”.

 

Esperanza: ¿qué te gustó de Gonzalo?  

(Ella sonríe, Gonzalo interviene): ¡ella ya no me puede ni ver! A veces me dice que le he destrozado la vida con sus niños (…)

 

Gonzalo, ¿qué te gustó de ella?

A mí me gustó todo de ella.

 

Esperanza, ¿cómo te has encontrado dentro de la cultura gitana?

Bien, a mí me han tratado muy bien y además mi suegro me defiende a mí más que a él.

(Interviene Gonzalo): Cuando ella se enfada, ¡mi padre me echa para abajo, el gitano…!)

 

Gonzalo ¿cómo te sientes dentro de tu cultura? ¿Cambiarías algo?

Yo cambiaría algunas cosas: tenemos “una ley” que pagamos hasta con el gato… Tenemos “una ley” los gitanos muy tonta, tal y como suena. Para unas cosas muy bonitas, como el respeto a la mujer y la pureza que nos da, pero para otras es muy tonta, porque “pagamos” con el que menos culpa tiene siempre; porque aquí cuando pasa algo con alguien yo me voy a su casa y nos damos con los puños, pero pagarla ¿con el perro, el gato y el burro?

Si mi hermano hace algo ¿por qué llamas a mi puerta? Si mi hermano es un chorizo, ¡yo no lo soy!

Así es la vida…

Los niños que andan aquí abajo en la calle “sueltos” no tendrán un trabajo porque sus padres no han tenido “mano dura con ellos”, “la madre del cordero” viene de ahí…

 

Gonzalo, ¿cómo te sientes cuando no estás entre los tuyos, por ejemplo, cuando convives con personas no gitanas?

Pues me siento bien, no he tenido problemas y cuando canto con mi guitarra, casi todos tienen corazón y me dan algo. Yo a casi todos los payos los veo buenas personas, habrá alguno que no lo sea, pero conmigo no hay problemas.

 

¿Qué es la pureza para vosotros al uniros una mujer no gitana con un hombre gitano?

Gonzalo: La pureza es que se quiera de corazón y que se sea trigo limpio, porque ahí no se manda, digo yo…

 

Esperanza: En el amor no se manda, es lo más fuerte que nos ha dado el Señor.

 

¿Qué deseáis para vuestros hijos?

Esperanza: Que estudien y el día de mañana tengan su trabajo. Quiero decir que a los niños los eduquen en cada casa y no solo en el colegio; que no estén enseñados para encontrar una mujer y ella esté todo el día limpiando, porque hay mujeres que encuentran a hombres que solo las quieren para limpiar y nada más. Si quieren estar solos pues que ellos se hagan su comida y limpien ellos, pero que no tengan que tirar de una mujer para eso nada más…, que mis hijos encuentren su trabajo y estén bien, ya que su padre no tiene un trabajo hasta el día de hoy que ellos lo hagan, porque nosotros un día tenemos y otro no tenemos, vivimos al día. Si estudian podrán tener su sueldo todos los meses asegurado.

 

Mi padre fue un celoso que no quiso que mi madre estudiara, solo limpiara y todo lo que cogía de dinero se lo gastaba en borrachera, hasta que ella dijo “hasta aquí” y se quedó ella sola y nos mantuvo a los tres. Mis hermanos todos estudiaron y yo no. Entré en el centro de menores con 15 años y cuando salí fue ya con Gonzalo con 18 años, después ya no lo hice: la mayor culpable fui yo…

Gonzalo: Yo estoy muy orgulloso de lo que soy, no me hace falta tener más, sin embargo, no sabes la vergüenza que me da a mí cuando estoy con la familia de Esperanza, que es de Los Bermejales y cuentan que ellos han estudiado, uno es policía, otro funcionario, o celebran que han aprobado un examen y yo sentado ahí sin saber lo que es “un aprobado”…

No me hace falta soñar para tener otras cosas, soy el que soy, pero vamos, que todo el mundo tiene derechos, eso lo dicen, pero no es tan así… “La ilusión de la vida es un momento, es un momento… En la casa de los pobres lo que no falta es la alegría”

 

Entrevista: Mariola Cobo Cuenca.

Fotografía: Luis Miguel Zapata Luna.