Lo mejor que me ha pasado ha sido haber nacido en una familia gitana

 

Yo soy Rocío Vargas Vargas, nací en Camas (Sevilla) y tengo 64 años. Mi familia proviene de una dinastía porque mi abuelo Manuel Vargas Jiménez tenía una fragua en Sevilla. Gran hombre inteligente y culto, desde pequeño tuvo inquietudes intelectuales. Su fragua en Triana fue un lugar donde “mejor se ha cantado” porque se reunían por las tardes y surgían las mejores tertulias y vivencias flamencas de las familias gitanas como, por ejemplo, El Bengala, los Pelaos, los Puyas, gente de Triana, el Pies de plomo, el Gallina, el Cateno, el Herejía, etc., y muchos más donde a compás de martillo, se llenaban de grandes emociones y cante jondo.

Mi abuelo lo hacía todo en la herrería, como por ejemplo las herramientas a una ferretería muy conocida como era la célebre ferretería Cáceres, siendo además forjador.
Mi abuela Rocío vivía en la calle Sol donde se trasladó mi abuelo. No puedo confirmar que el abandono de Triana por parte de mi abuelo fuera obligado o por amor hacia ella…

Mi madre y mi padre eran primos segundos. Él vio a mi madre tres veces y a la tercera se casó con ella. Él era curtido, con más de 40 años y buscaba a una mujer señorita como ella lo era con más de 20 años. Cuando la conoció, él trabajaba en la fragua, pero antes fue torero conocido como Nicolás Vargas “Gitanillo de Camas”. Juntos montaron una churrería en Camas donde trabajaron más de 20 años.

A nosotras nos han dado una educación perfecta, por ejemplo, en cuanto a poner la mesa…, con cubiertos para el pescado, la dignidad de sentarnos, vestirnos, etc.

Mi hermana Antonia ha trabajado como ejecutiva en una empresa de trabajo temporal y se ha jubilado. Tiene el don de pintar como los ángeles, formándose también en el Pabellón de Chile.
Mi hermana Pastora ha trabajado en una oficina como secretaria, así como en varios trabajos de cara a la administración y ya está jubilada. Ellas dos y yo tenemos hijos universitarios.

Lo mas importante que ha marcado la vida de mi familia es que fuéramos gente culta y sobre todo preparada. No tengo carrera universitaria, ahora es cierto que he trabajado en una entidad pública 30 años, hasta que me operaron de una rodilla. Tras esto, comencé a estudiar y me dieron el titulo de “guía acompañante de turismo”, labor que sigo haciendo en dos museos de Sevilla: Los Venerables y Museo de Arte y Costumbres Populares.

Vivo con mi marido, Manuel Gómez, que no es gitano, en el barrio en la Macarena y llevamos juntos 31 años. Él ha trabajado en el Círculo Mercantil de Sevilla toda su vida. Uno de mis hijos, Nicolás, es historiador y el otro llamado Jaime ha hecho módulos de FP y ahora trabaja en la hostelería.

Lo más importante es que tengo una vida plena y feliz. Me gustaría trasladaros a todos que nos ha marcado que mi madre, siendo una gitana tan señorita, en el colegio fuimos un ejemplo de tener un uniforme perfecto, por ejemplo.

He hecho tres ponencias acerca del “por qué saltan las alarmas cuando ingresa un gitano en el hospital”. Mi día a día es maravilloso. Soy creyente y lo primero que hago en el día es la “Liturgia de Laudes”, que es el “Oficio Divino”. Tras ello, voy a clase, al aula de la experiencia y a los talleres en el Seminario de la Universidad impartido por Rafael Infante, intercambiando esto con mi visita guiada al museo.

Mi vida está muy vinculada a la Parroquia de San Gonzalo de Triana. Somos del Camino Neocatecumenal y acompaño a mi marido enfermo oncológico, que lleva 36 sesiones en radioterapia. Hace poco me invitó la presidenta de la “Asociación contra el Cáncer” para que diera una charla sobre mi experiencia como acompañante en oncología.

Mi esposo esta lleno de sueños que, ante la enfermedad, cobran más fuerza con la esperanza de recuperarse; además hemos hecho mucho bien a las personas para recuperarse y tener esperanza, porque la vida no tiene el peso de la muerte. Ese techo que en la planta baja del hospital vemos siempre (…)