Federico García Lorca

“Ha hecho más daño con la pluma que otros con la pistola” (Ramón Ruiz Alonso a Miguel Rosales, sobre el poeta Federico García Lorca, al detenerlo en la Calle Angulo de Granada el 16 de agosto de 1936)

Lo cierto es que el propio Ruiz Alonso (principal responsable del asesinato, junto a Queipo de Llano y José Valdés) fue el que puso la denuncia que ni siquiera llevó físicamente a aquella casa, aunque popularmente se crea que a Federico lo detuvo la Guardia Civil. Con ellos tenía otro frente abierto: en el ‘Romance de la Guardia Civil Española’ los había descrito rodeados de simbología macabra (seres jorobados y nocturnos con calaveras de plomo, una vaga astronomía de pistolas inconcretas, caballos negros con herraduras negras, avanzan sembrando hogueras, tienen el alma de charol, ordenan silencios de goma oscura y miedos de fina arena…) frente a la libertad del pueblo gitano, al que persiguen con un deseo obsesivo de matar.

Por las calles de penumbra, huyen las gitanas viejas con los caballos dormidos y las orzas de monedas. Por las calles empinadas suben las capas siniestras, dejando detrás fugaces remolinos de tijeras.

La Guardia Civil es la represión, lo primitivo, destruyen todo aquello que no comprenden. El pueblo gitano es la naturaleza, la magia constantemente aniquilada. Federico se pone de nuestra parte frente a la represión institucional que esos seres jorobados simbolizan. Si nos hicieran desaparecer, quiere que nos busquen en su frente, juego de luna y arena. Ahí estaremos.

 

Noelia Cortés en la Huerta de San Vicente de Granada.

Su tierno sentido del humor se comprueba en la anécdota en la que Federico se defendía declarando por una denuncia que le habían puesto, debido a sus palabras hacia la Guardia Civil en ciertos poemas.
Le acusaban de haberlos llamado borrachos en el ‘Romance Sonámbulo’ (“La noche se puso íntima /como una pequeña plaza. /Guardias civiles borrachos, /en la puerta golpeaban”), a lo que él respondió que bueno, que podía ser que fueran, por ejemplo, borrachos de gloria (ni él mismo se tomó en serio la ridícula escena de declarar por algo así).

Éste es el Federico (que no Lorca, ¡no se llama así!) del que debería hablarse: del humano, la persona con sentimientos e inquietudes que fue asesinada a los 38 años. No es una herramienta política oportuna contra los del lado contrario, no es una tesis que debatir entre académicos, no es un nombre al que sacarle brillo en fechas señaladas. Quien quiera acercarse a él no debe conformarse con decir cada 18 de agosto que lo mataron: debe visitar la Huerta de San Vicente, leer sus obras, sentir sus palabras, informarse de lo que le hicieron (y quiénes, y por qué, y cuándo, y cómo). Y contar estas cosas a todo el mundo.

La vida de Federico no es más relevante que ninguna de las otras que fueron arrebatadas por la misma causa, su cuerpo no importa más que los demás que arañan también los barrancos entre Víznar y Alfacar. Su nombre es uno más entre cientos de miles de muertos a manos de los pájaros oscuros del fascismo… No obstante, ocurre algo muy bonito: a él le conocemos y queremos todos y, por eso, todos los otros, aunque anónimos, viven en él.

Cantamos su versión de ‘La Tarara’ desde niños, escuchamos a Camarón y a Lole y a Manuel y a Enrique Morente cantar sus letras, sentimos la frustración ardiente de los amores complicados en los versos de Leonardo y la Novia cuando se escapan (no quiero contigo cama ni cena y no hay un minuto del día que estar contigo no quiera, porque me arrastras y voy y me dices que me vuelva y te sigo por el aire como una brizna de hierba), y en otras muchas palabras suyas sentimos todo el abanico de emociones mediante las cuales estamos en el mundo. Conocemos su cara, y su nombre, y sus viajes. Que vino de Nueva York horrorizado por el trato que recibía (recibe) allí la población afroamericana. Que escribía por las noches asomado a su balcón en la Huerta. Que era hijo del Federico y la Vicenta. Que dibujaba y tocaba el piano. Que pasó terroríficas horas encerrado en el Gobierno Civil de Granada antes de ser fusilado. Que su Andalucía rural fue la atmósfera de la que sacó el simbolismo para los sentimientos profundos e intangibles. Incluso desde su imaginario poético y teatral se pueden bordar formas mejores de comprender lo que sucede alrededor: a mí nunca me sale decir que Gata Cattana murió, prefiero pensar que se la llevó la Luna por el cielo de la mano, como al niño de la fragua. Que viene a ser lo mismo, pero es muy distinto. Hemos escuchado a Lola Flores recitar el ‘Réquiem por Federico’ que le escribió su amigo Rafael de León. El poeta es nuestro amigo.

 

¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado como caña de maíz.

(Muerte de Antoñito el Camborio)

Federico es tan humano que, incluso desde su propio poema, le piden amparo como a alguien que está ahí. En su romancero el aire se conmueve, el viento desea, el agua se pone fría para que nadie la toque, el río canta, la Luna baila…

Él es el culpable de que nos planteemos esa guerra entre Sueño y Tiempo que cantaba Camarón. ¿Quién es más poderoso: el sueño o el tiempo? El sueño es capaz de viajar a través del tiempo a donde quiera, su realidad es intangible y capaz de mirar y presentir tiempos que están por llegar, por eso
el sueño va sobre el tiempo flotando como un velero”.

Pero el sueño siempre acaba despertando y aparece, encadenado, donde el tiempo está: el presente. Por eso “nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño”.

Y si el Sueño finge muros en la llanura del Tiempo, el Tiempo le hace creer que nace en aquel momento”, así sigue La leyenda del tiempo, cuya melodía era una popular cancioncilla andaluza que el poeta quiso transcribir a piano para que no se perdiera en el Tiempo, y que está bordada en nuestras entrañas por los hilos de las voces de Camarón y Morente, como en una ensoñación… Un Sueño.

– Apoliticismo –

Se ha intentado, durante décadas, desmentir que Federico políticamente se decantase… y llevárselo, así, al lado que representa lo contrario a lo que él quería dejar en el mundo.
Luis Rosales, poeta granadino que le dio refugio y en cuya casa detuvieron, lo definió como un hombre con el sentido de la justicia siempre inclinado hacia los débiles y los pueblos oprimidos, con una constante vital y personal hacia la justicia.

Santiago Ontañón contaba que su buen amigo Federico decía ser anarcocatólico, porque las vírgenes andaluzas eran demasiado bellas como para no fascinarle.
Pepe Caballero recordaba como en Madrid, al estar apunto de estallar la Guerra Civil, tomaban una cerveza y comenzó a arder una Iglesia cercana. Ante este terrible presagio, Federico no podía dejar de repetir: “pobreticos obreros, madre mía, los obreros… Pobreticos”.

Por supuesto que Federico tenía una posición política (aunque Vila San Juan se empeñarse encarecidamente en despojarle de ella en el recuerdo). El recuerdo de Federico es profundamente sociopolítico, sin relacionarle con un partido o movimiento concreto (él decía que era del Frente Popular de la Poesía). Por algo es la imagen que usó Dellafuente para su Nana del pordiosero.

Los estudiosos que afirman que no tenía nada contra la Falange ni era lejano a ella, deberían comprender que es una atrocidad tan grande como la de escuchar a representantes del neoliberalismo citando a Miguel Hernández.
A Federico lo detuvo el aspirante a Falangista Ramón Ruiz Alonso, uniformado de la Falange sin haber sido aceptado en ella, y habiéndole demandado él mismo por una supuesta radio mediante la cual intercambiaba información con los rojos de Rusia, por la cual revolvieron hasta su piano esperando encontrarla. Una vez ya estaba Federico en el Gobierno Civil, Queipo de Llano dio, en la distancia, orden de que le dieran “café, mucho café”. Este es el acrónimo de Camaradas Arriba Falange Española… Y nos lo mataron.

Al niño Federico, que había sido el primero en tratar a los gitanos con dignidad en la literatura. Que se asomaba por una ventanica a su cocina de la Huerta de San Vicente para pasar horas hablando con las mujeres del servicio y escuchar sus historias. Que firmaba manifiestos antifascistas y había escrito al Gobierno protestando por el tratamiento que había dado la derecha a Manuel Azaña. Que al escuchar bombas bajaba con su albornoz a esconderse debajo de la cola del piano, muerto de miedo.

Él era el único que siempre tuvo el presentimiento de que lo iban a matar.

Cómo acercarse a él dado que el arte es la manera más cercana al corazón de conocer una cultura y una época anteriores, hay que elegir muy bien los referentes que hablen en nombre del poeta.
Esos catedráticos tan inteligentes que olvidan su condición humana, descartados. Mejor preguntad a la gente mayor de Granada. A Curro Albayzín, a Dellafuente, a Ayax y Prok, al Chico la Pena, a los gitanos de las 3000.

A Víctor Fernández, principal responsable de que vayan a buscar sus huesos en la fuente Aynadamar. A Ian Gibson, gracias al cual contamos con testimonios imprescindibles.
Pero nunca a quienes se lucran de la marca García Lorca y se olvidan de FEDERICO, nunca a quienes se niegan a reconocer lo profundamente andaluz de su obra, nunca a los nietos políticos de sus asesinos.

Había cien cuerpos en la fosa el Federico,
yo te juro que ninguno de ellos era rico.
Ahora, visitan su museo en la Plaza Romanilla…
Antes de entrar, ¡todo el mundo de rodillas!
Que sois los mismos que lo fusilaron,
si no sois los mismos, sois los niños que criaron… Vaya hipocresía, qué vergüenza, qué descaro. ¿Quién se lucra de un pasado que no le pertenece?

Spirit – Ayax y Prok. Recomendamos investigar el escándalo granadino conocido como La Caixa de Bernarda Alba, al que estas líneas hacen referencia. Los bolsillos codiciosos y corruptos que han puesto el legado de Federico como aval a la banca para que les preste el dinero que robaron en su nombre, desde luego, no merecen representarle en nada jamás.

Nuestra propuesta final para sentirle más cerca del alma, es una lista de canciones que le honran. Desde el cariño puro, sólo sintiendo:

Mi recuerdo a Lorca – Canelita
Homenaje a Federico – Camarón
La ciudad de los gitanos – Soleá Morente

Romance de la pena negra – Manuel Molina

Verde – Manzanita
Bodas de sangre – Pata Negra
Kamborio – El Coleta
Niña de las dunas – María José Llergo
Verde que te quiero verde – Alba Molina
El balcón – Lole y Manuel
Nana del pordiosero – Dellafuente
Take this waltz – Leonard Cohen
Gacela del amor imprevisto – Enrique Morente,

Mi niña se fue a la mar – Paco Ibáñez
Yerma – Gata Cattana
No me encontraron – Miguel Poveda

Que no nos interesa ningún análisis frívolo de su figura, por muy universitario que sea… Nos interesa que Antonio Flores hizo una película en su honor llamada El balcón abierto.

Y abierto queda este balcón para sentir a Federico y comenzar a hablar de él desde el corazón, que es el mejor homenaje posible.

 

Federico García Lorca, cedida por Victor Fernández.

Escrito por Noelia Cortés