En los detalles se encuentra la esencia: lo Bello y la Fuerza

Aludir a la generalización es no detenerse en nada, porque es ambigua y peligrosa…, porque su término no define lo particular ni lo humano.

Generalizar gira en torno a una opinión sesgada y prejuiciosa, envolviendo los detalles, el color y la riqueza, pero ¿qué significa generalizar? ¿a qué nos lleva? A no definir nada englobándolo todo, porque utilizándola nos perdemos en la inmensidad de la nada definiéndolo todo…

Precisamente, el racismo alude a la generalización de lleno, distribuyendo a los seres humanos por niveles y definiéndolos desde el prejuicio, el rencor y la ignorancia. El racismo es mortífero, pero cuando se oculta tras “… pero en realidad no lo soy” es más puntiagudo, porque se esconde para no ser descubierto y combatirlo.

Basta ya del odio de ida y vuelta: el racismo en millones de casos tiene dos direcciones, aunque reconozcamos que alguien lanzó la primera piedra provocando un daño atroz que dura siglos, o quizá no, porque sea intrínseco a los hombres y busquemos el dominio sobre los que “inventamos” como más débiles.

Tras esto ¿a dónde nos lleva el racismo hacia los que también lo combaten para conquistar la igualdad fuera del cartel publicitario? Ese cartel tan deslucido ya…

La igualdad no puede reivindicarse desde el rechazo, porque es contradictorio…, sin embargo, nadie lo reconoce porque “no es lo adecuado” en la sociedad en la que hemos desembarcado: únicamente nos sirve para estrellarnos más fuerte y especular sobre el interés de cada cual.

Esta situación sigue sin conducirnos a nada porque no define nada, entonces ¿por qué seguimos utilizando el término igualitario de tal forma sin que nos conduzca a un puerto seguro?

Muchos se esconden tras la defensa de la igualdad firmes y seguros de sí mismos, sin torcer la cabeza lo más mínimo hacia el que también la reivindica, en la misma dirección. En millones de ocasiones para los seres humanos es más fácil encontrar diferencias, protegiéndonos con el escudo del Yo e ignorando al que consideramos “diferente”, aunque luche en la misma dirección para coger más impulso…

Incomparable resulta luchar por la igualdad desde el empoderamiento, cada vez más vigente, efectivo y poderoso. Esas personas que se unen en contra de la desigualdad social, desde sí mismos, creyendo en una meta igualitaria real y llevando el control hacia el lugar donde pretenden llegar, a pesar de las barreras…

Eso es admirable, porque se lucha sin coraza, pero con gran potencia, hacia el fin común donde nos han contado que existe la ambiciada y perseguida igualdad de las Personas.