A mi madre, la mujer que me enseñó sororidad

Lo contrario de la libertad se sabe que es la esclavitud. Ser esclavo de algo o de alguien implica someterse a ese algo o alguien por lo que las decisiones no son propias. En las adicciones la persona se somete a una sustancia que lo controla. En algunas relaciones, la persona se esclaviza a la voluntad de otros, a través de lo que dicen o piensan por el “qué dirán”. No es esclavitud cuando, conscientemente, decidimos y pactamos las decisiones desde la voluntad propia. Si entendemos lo que es la esclavitud entonces, hablemos de lo que significa la LIBERTAD.

Yepes Stork afirma que «Yo no soy libre de tener una determinada constitución biopsicológica, ni de nacer en un determinado momento histórico o en cierta región, pero sí soy libre de asumirla o no en mi proyecto biográfico. Imaginarse una libertad pura, carente de estas condiciones, sin limitación, es una utopía; una libertad así sencillamente no existe, pues todos estamos determinados inicialmente, en nuestras decisiones, por la situación que vivimos y por el tiempo en que hemos nacido». Dicho de otro modo: nuestra libertad no excluye sino más bien presupone el complicado dinamismo en el cual se mueve el ser humano. Por lo que la esfera de la libertad no se da de una vez y para siempre, sino que ha de ser conquistada todos los días, a través de cada una de las acciones.

La libertad es la facultad que tiene toda persona para actuar o pensar de determinada forma, o no hacerlo, pero siempre dependiendo de su voluntad, siendo responsable de sus decisiones y todas las consecuencias que éstas acarreen.

En el pueblo gitano nos gusta despedirnos con este saludo Sastipen Tali, salud y libertad. La libertad está en la leche que mamamos, es nuestro sentir, al definirnos como gitanos y gitanas, pero, ¿qué significa esa libertad para la mujer gitana?, ¿es real?

Las mujeres gitanas no gozamos de tantos privilegios ni dentro ni fuera de nuestra cultura.

Cuando Mariola me propuso expresarme acerca de nuestra condición de mujeres, me dio mucha vergüenza volver a escribir. La palabra vergüenza proviene del latín verecundia y una de sus acepciones, dice: sentimientode turbación por una falta cometida, por una humillación recibida o por sentirse objeto de atención de otra persona.¡Qué bien me reflejan estas 20 palabras! Siento vergüenza ajena y dolor por las verdades que nos rodean.

Sentimiento de turbación por una falta cometida.

Es poderosa la culpa, ¿verdad?, pero ¿a quién o quienes le damos poder como jueces de nuestros actos?,¿a quién le colocamos el deber de nuestra autorresponsabilidad?, ¿de nuestra propia construcción personal?, qué ser humano tiene derecho a tomar decisiones en la adultez por nosotras y nosotros mismos?, ¿nos gusta seguir siendo niños y niñas y que dirijan nuestros pasos?, ¿nos gusta permanecer en el infantilismo como una forma egoísta , irresponsable, alejada de nuestra propia y legitima divinidad?

Sentimiento por una humillación recibida.

En el contexto payo.

Decidí formarme académicamente porque hace ya más de 20 años, cuando sentí la alegría de querer compartir el sentimiento y la idea de igualdad como seres humanos y daba charlas, salía en TV, hablaba en foros intelectuales y humanitarios, nunca dejé de ser para los payos la gitanita que hablaba bien. No sabéis como me reventaba esa superficialidad. Hace poco, en octubre del año pasado, volví a confiar y acepté dar una charla en una asociación que promociona esa imagen, son gente muy sentida e intelectual, parece que les preocupa el desarrollo del ser humano desde un enfoque humanitario, impulsando los propios talentos, partiendo de una realidad religiosa aparentemente trabajada. Todas las intervenciones públicas se graban (ya van por la 30 y pico) curiosamente, la mía ha sido la única que no se ha publicado, ¿racismo? Hablé muy claro de muchas cosas, incluida instituciones progitanos de índole religiosa, eso no gusta mucho al poder, esté donde esté siendo ejercido.

He permanecido durante más de un año en el grupo de wasap privado de una asociación feminista de renombre, en cuanto he tratado de igual a igual, preguntando a la señora presidenta, la señora vicepresidenta me ha ordenado, sí ordenado, por wasap privado, que me fuese. Naturalmente, yo no lo he hecho, ¿sabéis cuál ha sido la reacción de la señora presidenta?, irse del grupo con su séquito, por lo que deduzco han creado otro grupo de wasap, al que yo, naturalmente, y a pesar de ser socia, no me han dado acceso. Veremos si a partir de ahora me dejan seguir publicando en su página de Facebook. Estoy hablando de mujeres muy posicionadas académicamente y con poder jurídico. Además de pertenecer a un grupo político que está en el poder. ¿Y qué es lo gravísimo que ha hecho esta gitanita esta vez?, lo mismo, cuestionar el poder desde una condición igualitaria. ¿Dónde está el feminismo en la voz de estas mujeres?

En contextos gitanos.

Yo sigo siendo apátrida, sin territorio dentro de mi cultura, negada por mi gente. Cuánto me dolía cuando estaba trabajando en un poblado marginal de Elche y las niñas gitanas, con su deliciosa inocencia, me decían: ¡ay!, si tú no eres gitana, no hablas como nosotras.Se refería a pronunciar bien las palabras. Reflejaban lo que no se atrevían a decirme los adultos gitanos. Esa era su superficialidad. Yo «hablo bien» porque mi padre fue muy responsable con sus hijas. A pesar de la extrema pobreza en la que nos criamos (ya lo he mencionado en otras ocasiones), nos enseñó a tener dignidad en medio de las circunstancias tan duras y la dignidad se expresa por sentirse persona ocupando tu lugar en la sociedad. Él sabía que lo primero era saber leer y escribir para poder tener ese lugar: si no conoces el mundo que te rodea; ¿cómo te vas a colocar?

Antonia Fernández, madre de Antonia Jiménez

He sufrido por el apartheid que los propios gitanos y gitanas me han asignado, hasta que un día miré para adentro y me di cuenta de mi poder. Me senté al lado de mí misma y empecé a escuchar las voces de mis antepasadas escritas en mi familia por su legado… y decidí honrarlas, dándome a mí misma el derecho que por nacimiento me fue reconocido=SER GITANA.

Con su voz, a la que sí doy autoridad, escuché el dolor de las mujeres gitanas, el dolor del silencio, de la necesidad, de la precariedad de la vida, de las limitaciones de la supervivencia, del poder útil e inútil de los hombres, del choque cultural en nuestros andares, del dolor de nuestros hijos e hijas limitados por las circunstancias y la cerrazón de la cultura…y me puse a investigar qué grado de realidad había hoy en esos dolores, qué avances habíamos hecho como seres humanos, como grupo, observando desde la herramienta que me habían dado los payos=preparación académica. Encontré realidades de dolor tan injustas que me rasgaban las carnes. Realidades basadas en la tradición tan deshumanizadas que contrariaban lo que es el auténtico espíritu gitano. NO es gitano que, tras suplicar ayuda durante años, una madre tenga que renunciar a sus hijos y huir para escapar del maltrato de su hombre gitano. NO es gitano que la ley de la tradición diga que esa mujer ni su familia no pueda pisar la tierra de la familia del marido porque le ha dejado, que haya estado amenazada de muerte y que encima sus hermanicosno le hablen porque ha rehecho su vida con un payo. A una mujer gitana que le arranquen sus hijos y su familia le cuesta mucho sobrevivir. 

¡Olé por estas mujeres, hermanas auténticamente gitanas, valientes y libres!… pero silenciadas.

Pena de la deshumanización y doble moral que abunda en mi pueblo y que sostienen muchas de las tradiciones que nadie se atreve a cuestionar y que están negando nuestra autenticidad como pueblo gitano.

La moral, que es solo un constructo social inventado por humanos con poder, queridos hermanos y hermanas gitanas líderes y lideresas, debe de ser sustituido por la ética, para poder así respetar la esencia de cada ser humano, respetar el alma que, con mucho amor, Dios nos ha dado…no ningún hombre. El impulso de nuestra UNIDAD no puede estar basado en el control y la deshumanización.

Sentirse objeto de atención de otra persona

Siento vergüenza ajena cuando captas que en esa atención no hay igualdad, cuando sientes y corroboras a través de las acciones de quien eres objeto de atención que sólo eres un elemento para su uso, al servicio de sus intereses y de sus logros. Esto abunda en el ámbito académico. Lo gitano es objeto de estudio, pero sólo eso. Es muy difícil que una persona académicamente formada se acerque al mundo gitano como seres humanos, esto solo lo he encontrado, hasta ahora, en Amarí. Tampoco abunda en el mundo gitano. Las personas gitanas formadas académicamente encuentran una barrera de protección que utilizan como distancia y empoderamiento a modo payo. Un reconocimiento que no suele darse dentro de la cultura gitana, ésos no son nuestros códigos. El logro de estas mujeres y hombres gitanos que alcanzan un desarrollo académico es un logro digno de elogio por sí mismo. Es un esfuerzo tan grande estudiar y formarse, algo que en su mayoría desconoce la cultura gitana, que conoce y reconoce otro tipo de esfuerzo de vida. Si pudiésemos aunar ese esfuerzo con el desarrollo consciente en nuestra humanidad, con el desarrollo consciente en lo que cada una y uno es, sabiéndonos querer, estoy segura de que esos saberes académicos poderosos, lograrían cambiar la sociedad…cualquier sociedad.

La libertad implica compromiso, paradójico, ¿verdad? Compromiso consigo mismo, asumiendo tareas y riesgos. La libertad se mide por la categoría de la realidad a la que apunta, no es solo una libertad de elección, sino libertad moral, eligiendo aquello que contribuya a nuestro mejor desarrollo como seres humanos… la libertad no es autosuficiente, no se basta a sí misma, necesita el bien para poder realizarse. 

Cualquier decisión tiene un precio, así que pago el precio que conlleva la LIBERTAD de ser una misma, con los gitanos como con los payos.

¡¡AMO Y EJERZO MI LIBERTAD!!

Por Antonia Jiménez