Hermandades gitanas en la Historia: entre la integración y la segregación

En este artículo se pretende hacer un recorrido sobre las hermandades gitanas de la Semana Santa andaluza: sus orígenes, desarrollo y evolución hasta la actualidad.

Las hermandades gitanas en Andalucía suponen en la actualidad, además de un referente religioso para muchas personas de la comunidad gitana, un exponente de la identidad colectiva gitana y andaluza. Más allá de esta aseveración, la comprensión de un fenómeno tan complejo requiere de un análisis de raíz histórica.

Esta tipología de hermandades, que se han clasificado como étnicas, surgieron en la Edad Moderna dentro de una sociedad fuertemente segmentada. Los grupos estamentales originados en el medievo impedían la participación de otros grupos étnicos. Así, ni la nobleza, ni las asociaciones gremiales permitían a negros, mulatos y gitanos integrarse en ellas, aun siendo personas que trabajasen con oficio reconocido en su ciudad, como fue el caso de los gitanos herreros en Sevilla durante el siglo XVI.

De este modo, resulta evidente que las hermandades gitanas aparecen como reflejo de una sociedad segregacionista y el hecho de que se les permitiera tener sus propias hermandades, implicaba una intencionalidad de integración en la sociedad mayoritaria. Si bien es cierto, que ello no implicaba que la sociedad fuese igualitaria, sino más bien todo lo contrario, ya que las hermandades servían como mecanismo de solidaridad colectiva ante el grupo dominante, así como una forma de proyectar una identidad colectiva que fomentase la autovaloración del propio grupo humano.

Las hermandades de negros a nivel interno solían ser horizontales, ya que todos sus miembros eran del mismo estrato social, en este caso esclavos. Sin embargo, las hermandades gitanas eran verticales, ya que dentro del grupo los gitanos tenían distintos oficios, y, por lo tanto, la posición de sus miembros podía variar, aunque siempre estuvieran dentro del estamento de los trabajadores.

Las hermandades gitanas que surgen en la Edad Moderna respondiendo a este modelo fueron la de Málaga (1682), Jerez (1660), Écija (1564) y Sevilla (1753). Algunas de ellas desparecieron por un tiempo y resurgieron con fuerza en el siglo XVIII fruto de las persecuciones que se inician en el período de la Ilustración. De este modo, la hermandad era un lugar de refugio y protección.

Por otra parte, la desaparición de las representaciones étnicas en el Corpus Cristi debido a la homogeneización en el proceso ilustrador del siglo XVIII también pudo influir, sobre todo en el caso de Sevilla, donde era la fiesta más representativa de la ciudad. Si las hermandades fueron un mecanismo de solidaridad y a su vez de autovaloración, no es de extrañar que, en el caso de Sevilla, las persecuciones, sobre todo con la redada del Marqués de la Ensenada en 1749, y la prohibición de tener representación en el Corpus Cristi, hicieran asociarse a la comunidad gitana. En este sentido, la fecha fundacional en 1753 es muy llamativa, respecto de los argumentos que defendemos.

También llama la atención que no tenemos referencias de la hermandad de Málaga a lo largo del siglo XVII y será en la segunda mitad del siglo XVIII cuando resurjan noticias de la misma.

Al finalizar la Edad Moderna se produce el rompimiento de la sociedad del Antiguo Régimen y su progresiva sustitución por la sociedad liberal burguesa. Esta transformación social pondría fin a la organización gremial cerrada, de tal manera que muchas hermandades gremiales se transformaron en hermandades de barrio con un carácter más abierto. Ello provocaría que los gitanos se integrasen en este tipo de cofradías, y al mismo tiempo, que las cofradías de gitanos se transformasen en hermandades no tan cerradas, permitiendo el acceso a personas ajenas al grupo étnico.

Este proceso es iniciado en el siglo XIX y perdurará hasta el siglo XX. Una evidencia del mismo es que personajes destacados del toreo gitano durante la primera mitad del siglo pasado, provenientes de estratos sociales humildes, se hicieron hermanos de distintas cofradías. Así, Joselito “el Gallo” era de la Macarena, mientras que Gitanillo de Triana era de la hermandad de los Gitanos. A ellos les siguieron otros ejemplos posteriores, Rafael Ortega “el Gallo” que era de El Gran Poder, Rafael de Paula del Prendimiento en Jerez y Curro Romero, hermano de los Gitanos, los Javieres y el Cachorro de Sevilla.

En el siglo XX, después de la guerra civil el nacional catolicismo bajo la dictadura franquista potenció la fundación de hermandades, con el apoyo de las élites políticas y económicas locales. En consecuencia, surgieron numerosas hermandades gitanas en ciudades andaluzas donde no existían, como fueron Granada en 1939, Córdoba en 1940, Jaén en 1955, Utrera en 1956 y Lebrija, que resurge a partir de 1961. Todas ellas eran y son hermandades abiertas.

Foto: El primitivo Nazareno de la Salud recogiéndose en San Román hacia 1935. (Foto: Joaquín Turina. Fundación Juan March)

Sin embargo, aunque el aperturismo de las hermandades de barrio propiciase la entrada de muchas personas gitanas en ellas, la llegada de la sociedad democrática posfranquista que fomenta la interculturalidad se ve reflejada en el hecho de que las minorías no quieren ver desaparecer su cultura fruto de una falsa integración. Así pues, las hermandades gitanas están teniendo un resurgir que se observa en la fuerza que ha adquirido la hermandad de los gitanos de Granada en el barrio del Sacromonte. Así, aunque la hermandad fue fundada en 1939, a raíz del desplazamiento de la población gitana al barrio del Almanjayar en el inicio del período de la transición a la democracia, se ha producido un desarraigo respecto al barrio del Sacromonte que ha producido como resultado una potenciación de la hermandad como referente cultural identitario.

Asimismo, la sociedad democrática que fomenta la igualdad, si no tiene en cuenta la diversidad puede terminar provocando un cerramiento de la comunidad gitana sobre sí misma. En este sentido, es llamativo que en los últimos años hayan surgido nuevas hermandades gitanas como la fundada en Almuñécar en 1990 y el caso de Vera (Almería) donde hace dos años que procesiona una hermandad gitana. Incluso se ha producido una externalización del mismo proceso a Barcelona y Madrid, donde se fundaron sendas hermandades en 1989 y 1996 respectivamente. Los conceptos aplicados al pasado sobre la fundación de hermandades de tipo étnico debido a la necesidad de proyectar una autovaloración frente a la sociedad dominante, pueden seguir presentes en la actualidad, aunque las hermandades de barrio hoy en día tengan un carácter no excluyente y abierto.

Así, tanto la potenciación de las hermandades ya existentes, como el surgimiento de otras nuevas en localidades donde no existían, puede responder a la necesidad de reproducción de la identidad colectiva gitana en tanto que minoría no representada en otros órdenes, ya sea político, social o económico. Además, al analizar en ellas los papeles que juegan determinadas figuras de la sociedad dominante, es curioso que el paternalismo de las élites dominantes sigue presente en ellas, ya sea a través de donaciones o de apoyos explícitos a nivel público y mediático.

En conclusión, la evolución y desarrollo de las hermandades gitanas andaluzas puede correr el peligro de sufrir un proceso de involución histórica al no encontrar referentes positivos de la propia cultura en la sociedad dominante y mayoritaria a todos los niveles: político, económico, social, cultural y mediático. De tal forma, que ante la homogeneización y globalización que propone el mundo actual, de nuevo las hermandades se conviertan en el refugio de la comunidad gitana ante los ataques externos.

Bibliografía

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Por Fernando Jiménez Carpio. Primavera de 2019