¿A quién beneficia el racismo? Mordaza sonora

Un elemento dentro de la construcción individual de la identidad es el de la pertenencia al grupo. La teoría de la identidad social dice que los individuos y grupos se ven presionados a comparar, clasificar y evaluar cuando se encuentran en situaciones o con comunidades desconocidas para establecer su identidad y la de su colectivo, de manera que se favorezca a sí mismo y a su grupo, ayudando a la persona a una concepción positiva de sí misma, ocupando un lugar aceptable y seguro. La autoestima del endogrupo se alimentaría de la discriminación del exogrupo.

La construcción del concepto de raza, no tiene ningún sustento científico, es una construcción sociocultural precisamente para sostener las identidades sociales. El racismo biologicista, en su argumentación perversa, sostiene la existencia de razas puras superiores e inferiores (idea también sostenida dentro de la cultura gitana bajo la creencia de «la pureza de la sangre», como muestra la intolerancia implícita ante matrimonios entre gitanas y payos) que determinan las capacidades biológicas. Éstas, se manifestarían en el desarrollo intelectual, conducta y potencial cultural, defendiendo, por supuesto, la separación de razas y que, bajo ningún concepto deben mezclarse. ¿Os suena?

Claro, los tiempos cambian y Hitler pasó a la historia condenado por sus hechos y evidenciando la estúpida y malvada locura del racismo biologicista. La idea no se iba a rendir fácilmente y encontró su aclimatación en el ámbito de la cultura, segregando a según quien, desde las diferencias culturales, con la misma base: la separación grupal, la explotación, opresión, marginación del considerado inferior, etc. Todo esto, para sostener la superioridad con la única justificación primaria de la sed de poder, así de básico, hermanos, hermanas, sí, tan básico que ofende. Y es que los tentáculos del pulpo: aversivo, simbólico, institucional y cultural, se gestan dentro de un mismo cerebro en donde el prejuicio está encubierto, expresándose por vías indirectas, con la comunicación no verbal, a través de acciones abstractas, atacando desde cuestiones no vinculadas a la «raza».

Las dimensiones de poder varían según el estatus. El racismo institucional es claro ejemplo del racismo dentro del poder formal, en el que también se incluye la estructura jerárquica de una cultura, la interpretación discriminatoria de leyes y normas desde el ejercicio de las funciones dentro de las instituciones para seguir sosteniendo la diferencia. Para mí, el más difícil de evidenciar y erradicar, es el racismo dentro del poder informal sobre la base de un sistema de creencias que busca mantener prejuicios y discriminación y que conduce inexorablemente al racismo interpersonal, donde la interacción saludable entre la raza humana se quiebra al hacerse imposible la comunicación. 

En esa necesidad identitaria legítima, sobrevuela para posarse la soberbia. Para alimentarse de la carroña del racismo, devorando la auténtica condición de la que partimos: nuestra condición humana, salvadora, donde el afecto, la comprensión y la solidaridad hacen posible la supervivencia.

Creo en el ser humano y creo en la vida y estoy segura de que somos muchas y muchos las que deseamos contribuir a un mundo mejor. Personas que entendemos que la erradicación del veneno del racismo tiene un antídoto que se segrega en nuestro cuerpo, uniendo mente y corazón, se llama inteligencia interpersonal. La cultura gitana sabe mucho de eso, ha sabido adaptarse a través de los tiempos a las realidades, sobreviviendo. Ahora no se trata sólo de sobrevivir, se trata de convivir con realidades distintas, enriquecedoras. Ahora se trata de disfrutar del medio social, beneficiándonos de los saberes mutuos. Se puede partir de la lectura, si nos sentimos incapaces, todavía, de tolerar al otro. Leer nos ayudará a entender otras formas de pensamiento y emociones que nos ayudarán a desarrollar nuestra capacidad empática. La escucha activa, intentando comprender «al otro», agrandando las orejas para captar con el sentir, tal como desearíamos que escuchasen nuestra vida. Observándonos en la interacción, preguntando ante las dudas lo significativo y buscando momentos de introspección, estando a solas con nosotras mismas. Aprenderemos a sustituir la necesidad de poder, constitutiva del racismo por el agradable sentimiento de seguridad desde la certeza psicológica que proporciona la libertad de compartir, invitar o evitar sin invadir o ser invadido. Saboreando nuestro lugar en el mundo cuyo territorio comienza desde nuestro ser.

Observando y saboreando la vida como nos enseñaron a hacer nuestros silenciosos y sabios mayores. 

Bronislawa Wajs, Papusza – legendarna poetka cyganska. Reprodukcja:Marek Skorupski

Sólo soy una atenta observadora del ser humano, de la cultura paya… hablo como gitana, anhelando y trabajando para que la mordaza del silencio impuesto por los «míos» como mujer gitana, renegada de creencias limitantes, sea desatada”.  Dedicado a Papuzca.

MISOGINIA (ELLA ES PELIGROSA)

«Se la teme como una amenaza en la comunidad, como un ser de odio, afanado en urdir daño.

Tiemblan si alza la voz, se niegan a escuchar, pero actúan firmes y expedientemente dar la espalda, contar cuentos de la distorsión, creerlos.., seguir esa piedra; pedir su cabeza en la plaza.

«Todo tiene un límite»

¿Por qué tanto miedo a su palabra?

Las cosas verdaderas son como la naturaleza, permanecen, se recomponen, abren espacios, crean luz..

Una mujer que no calla defiende la dignidad de la especie.

Insiste, desenmaraña la trama.

En sus caminos neuronales, un catálogo razonado sobre el problema del mal y cómo poder VIVIR.

Su mente y su cuerpo utopía social de respeto, amor y convivencia, fuente cotidiana de posibilidad y alegría para la comunidad.

Sus palabras desvelan, si, la mentira, el abuso, la trampa, requieren, sí, Fuerza y Valor, y la LIBERTAD de razonar y expresarse sí.

Peligroso no es un apoyo fértil, sino suelo.

Pueblo perdido en la violencia, ESCUCHA, es más fácil»

Michelle Renyé

Por Antonia Jiménez