El duelo de Cándida Vargas Borja

Cándida recuerda a su hijo Ramón

¿Por quién guarda su luto, Cándida?

El motivo de mi luto es por causa de mi hijo Ramón, el mayor. Él tenía 30 años y fue por un accidente de coche, en Méjico. Entonces, pues fue algo muy grande, porque él iba a comprar su mercancía de colonias, porque vendía colonias y a la vuelta, ya no lo vi más…

Fue algo muy fuerte, verdaderamente muy grande, porque el dolor de un hijo es superior a lo que pueda ver verdaderamente una mujer, o un padre, unos hermanos, pero sobre todo una madre. Es algo muy fuerte, supera todo, supera todo… Y bueno, vives el día a día como puedes, como bien puedes, porque verdaderamente es difícil. Nos ha cambiado la vida a todos, sobre todo pues la manera de comer, la manera de dormir, la manera de estar en casa, eso es lo que significa el luto para mí.

¿Su hijo vivía con ustedes?

Sí. El luto es algo que lo llevo por él, la significancia, el motivo, la razón… Esta ropa es muy sagrada para los gitanos y cuando se pierde a un ser querido, es algo verdaderamente… (guarda silencio)

Lo llevo por él y es el motivo de mi ropa, lo llevo por él y la llevo muy a gusto. No porque lleve la ropa, alomejor…, porque he tenido varias amigas que han perdido hijos y al cabo de los años se la han quitado. No significa que dejas de sentir el dolor, me han dicho, pero dicen que al principio lo pasan un poquito mal, entonces eso ya no lo sé… 

Si tú me preguntas el día de hoy cuánto tiempo pienso llevarlo, pues el día de hoy. Mañana no lo sé. Alomejor pasan pues 5, 6, 10 años, si no me he ido de este mundo pues hasta que me vaya. El día de hoy es hasta lo que sé: hoy por hoy. Realmente es algo grande, es algo fuerte, porque es un hijo.

¿Quién se lo transmitió a usted?

Mi padre, que “Dios lo tenga en su gloria”, era extremeño, mi madre extremeña y yo nací aquí en Sevilla. Me crie en Sevilla, pero me casé con 16 años y al casarme, pues seguí lo que es al marido y a los suegros y nos fuimos para Méjico. Ellos estaban en Méjico, es más, mi hijo nació allí en Guadalajara, Jesús es de aquí de Sevilla y mi niña nació en la capital de Méjico. Con los años acudió mi padre, mi madre, allí tuvieron a mi hermano, en fin, yo fui la causa de que ellos estuvieran allí y conocieran aquel país.

Mis suegros son personas que viajan mucho, estuvieron muchos años en Brasil, en Canarias y verdaderamente nuestras raíces y nuestra familia son de aquí de Sevilla. Mis abuelos, que ya no están en este mundo, partieron también y me queda mi madre, nada más…

El luto significa la largura de la falda, es el tiempo que piensas llevar el luto, porque se habrá visto de diferentes maneras porque hay diferentes situaciones, diferentes causas, diferentes lugares… Hay lugares donde lo llevan de una manera o donde lo llevan de otra. Yo lo llevo así porque, alomejor, lo he visto de mi madre, por decirlo así, porque así lo sentí de llevarlo… Yo lo llevo muy a gusto, yo llevo la ropa de mi niño muy a gusto.

¿Qué significa el luto para usted, Cándida?

¿Qué es el luto? El luto sin pañuelo no es el luto. Un luto verdaderamente para mí sin el pañuelo no es un luto, además llevo mi mandil, dicen que es pequeñito y lo llevaba antes más largo. Pero lo principal de un luto es la ropa ancha, así para mí, lo que es el luto lo principal y no lo contrario, tiene que ser la ropa ancha. El pañuelo, que es lo más importante y me representa, es por mí misma. Hace tres años y medio de eso (guarda silencio).

¿Es la primera vez que lo guarda?

No. Lo llevé por mi hermano, pero claro, por mi hermano lo llevé pero no me puse pañuelo ¿de acuerdo? Lo que me puse fue manga larga, ropa ancha, pero por causa de que, aunque era mi hermano lo llevé tres meses; pero al irme pues tenía a mis hijos, yo no iba a estar como dicen, aunque es su tío y lo amaban, y lo querían, era algo especial para la casa, pero claro, lo llevé tres meses por motivo de ellos también.

Lógico, llevar significa lo que es el luto, o el hábito, porque también le decimos el hábito, porque no estás en restaurantes, en cafeterías no te sientas, no ves la televisión, no asistes a ningún acontecimiento. Yo, cuando pasó esto de mi niño, no quiero que se me recuerde ni mi cumpleaños, ni el día de las madres…, para mí no hay festividad, lo que es para mí, es más, no quiero festividad. Como ves, así estoy por dentro ¿de acuerdo? No porque te obligue nadie ni porque diga que somos de etnia gitana, ni porque la familia si te lo quitas van a hablar, o la gente, no, no, no, para nada, eso no, eso no, al contrario: es por ti misma. Yo lo llevo por mí misma, a mí nadie me ha obligado, ni cómo llevarlo, ni qué ponerme, yo me lo he puesto conforme al dolor de mi hijo, así me lo he puesto: falda larga, mi pañuelo, y mis hijos me dijeron: “mamá quítate el pañuelo porque es algo que nos causa más impacto, bastante ya mal lo estamos pasando”. 

Cuando mi hermano, lo llevé tres meses, pero me lo quité cuando empecé a trabajar aquí en una empresa de limpieza en la que me aceptaron con mi ropa. Ya luego me quité esa ropa porque ellos no tienen por qué… En ese tiempo yo no tenía casa porque vivía en la de mis suegros y me la quité por causa de mis niños, porque, aunque no tuve luto, hasta el año no entré en ninguna fiesta. Pasó el año y aunque yo no llevaba ninguna ropa, es un año, y no entré en ningún cumpleaños, ni en ningún acontecimiento y me fui para Méjico. Me lo quité también porque si viene una Navidad viene también la de mis hijos, en la que ponen su árbol de Navidad.

El luto de mi padre también lo llevé, un par de meses nada más, también por causa de la situación, la causa de mis niños, … pero ya por causa de mi hijo, pues ya es diferente, es diferente… Y ¿por qué es diferente? porque aquí la pena pues ya la llevamos todos, de diferentes maneras porque como dicen “así me siento bien, así me siento a gusto y así es lo principal”.

¿Dónde perdió a su hijo?

Todo ocurrió en Méjico. Yo estaba allí, también estaba su hermano y su padre. Ya no he vuelto más ni volveré… Para mí esa tierra con la mano izquierda he hecho cruz y raya y no quiero saber nada de Méjico.

Allí se quedó la vida de mi hijo, aunque él “se trajo” por causa de la familia que reunimos, pero su vida se quedó allí, allí se quedó… Y yo no tengo nada allí, al contrario, son recuerdos, sitios donde asistía, donde estaba con él, lugares donde él iba. Ni quiero Méjico ni quiero saber nada del país, que realmente es un país muy bonito, donde hemos vivido momentos muy felices, la verdad, que nos ha dado para vivir económicamente muy bien, porque nuestro trabajo era vender la peletería, las pieles y las colonias. Entonces era darnos mejor vida que aquí en España, porque aquí yo no tenía aquí casa, no había trabajo, no había nada… 

Mi hijo se me casó allí, pues muy jovencito, con 16 años, fue padre con esa edad y ahora mismo tengo una nieta que tiene 16 años: se llama Rubi. 

¿Dónde vive su nieta Rubi ahora?

Está ahora mismo con sus abuelos, porque su madre, al año de mi niño, pues al año se casó con otro chico y bueno, pues es ley de vida, porque realmente es así. Yo no la juzgo porque, como dice, es una cosa que, ha tenido que hacer su vida y yo no la voy a señalar para nada, al contrario, y bueno pues ahora mismo mi nieta está con sus abuelos que la han criado. Ella es morena como mi hijo, muy bonita…

Y usted ¿ve a su nieta? 

No, desde que ha pasado esto no, la niña está muy dañada, está incluso en un psicólogo y según su abuela está encerrada. Lleva muy mal la pérdida, mi hijo era muy buen padre, buen hijo, buen esposo, buen amigo, porque es que ¿qué te puedo contar de él? La niña tenía 13 años y entonces esto ha cambiado nuestras vidas, cambia mi casa, mi vida…

Para mí no hay navidades, mis hijos llevan 3 años sin tomar uvas, aquí no se hace una comida de Navidad, ni unas uvas, no, porque esto y el dolor de llevarlo es por alguien, por alguien tuyo, de tus entrañas, lo más fuerte que pueda existir en este mundo, que es un hijo.

Aunque somos cristianos, mi hijo era cristiano también y aunque sé que está con el Señor, porque verdaderamente está con “el Padre”,por supuesto…

Algún día lo veré, lo veremos, porque sí lo veré, no sé en el tiempo porque la verdad, no sé en qué tiempo, pero la esperanza es esa, la única esperanza que podemos tener es que cuando partamos de este mundo nos vamos a encontrar con él en el cielo. Al ser cristianos pues mi casa ha sido cristiana, he criado a mis hijos en el Evangelio, conocen “la Palabra”, todos están “pasados por las aguas” de mayores, que no es el bautismo del católico apostólico y romano que es de pequeños, sino el bautismo de las aguas cuando eres adulto: es “un paso de fe”. Entonces pues yo sé que está con el Señor, pero claro, la separación de la carne es muy fuerte, es algo que te cuesta superar, te cuesta mucho superar…

Solamente con solo pensarlo te cuesta ya, antes tenía una amiga que me decía que su hijo se fue con 18 años y yo decía qué duro tiene que ser Dios mío, para ella, porque es lo más fuerte y la consentía… Yo llevaba un grupo de mujeres en ese tiempo en la Iglesia Cristiana, tengo incluso un cuadro que me hicieron ellas, mi apodo es “Piro”. Mi hija Janet también me regaló un pergamino, pero todo esto lo quité por coraje por la vida sin entender el porqué.

Grupo evangélico Sinaí

Yo dejé ese grupo en 2015, cuando me fui a Méjico con la fe de que, en diciembre, venirnos los cuatro: su padre, mis dos niños y yo. Estuve dos meses allí con mi niño porque él estaba pagando su coche a letras y fui para ayudarlo.

Por la despedida del grupo yo antes era así, antes de que le pasara esto a mi niño. Ahora me he vuelto reacia, un poquito dura, se puede decir, mi corazón está endurecido por la vida porque no es justo. No es justo, entonces no solamente es mi persona, sino por un niño sano…

Mi hijo Jesús me habla mucho del Señor porque tiene conocimiento, es el que me consuela muchísimas veces, saca “palabra” realmente de la Biblia y como él dice, es un propósito: el Señor se lo ha llevado porque es su corazón, de él…, no era que era humilde, sino que tenía su corazón iluminado, que es diferente, una cosa es un ser humilde y otra cosa es ser un ser humilde de corazón. Era bueno, bondadoso, él no podía ver a nadie que pidiera porque ya estaba él repartiendo dinero a todo el mundo: niños, mujeres, grandes…

Se compadecía, iban lloviendo los dos, veían a unas señoras mojándose y mi hijo le daba el paraguas, ellos se quedaban mojándose “nosotros somos jóvenes, mejor el paraguas para ellas” decía, fíjate qué calidad, qué calidad de hijo era, no más, lo máximo.

Vinieron mucha gente de Madrid, de Alicante, de Canarias, familiares, sí, porque nosotros cuando habíamos pagado lo que son “los vivos”, yo lo llamo así porque dicen que el morir no, pero el “vivir en cristo es ganancia”, pero quién lo hubiera sabido… 

El traerlo de Méjico costó un dinero, pero de eso se encargó la familia y la que no era familia, porque ahí hubo algo muy especial para poderlo traer de Méjico, porque si se hubiera quedado allí yo me quedo allí, yo me quedo allí comiendo, como digo yo, una tortilla seca. Lo tengo aquí, voy, le pongo sus flores, lo limpio, al menos… Es muy duro esto porque la verdad, cada vez me cuesta más trabajo. Dicen que el tiempo lo cura todo, bueno, no lo cura todo, pero te vas acostumbrando al dolor conforme va pasando el tiempo… 

Dicen que el tiempo lo cura todo, he estado dos años muy mal, llevando a mis hijos cada dos por tres al hospital con crisis. Estoy en manos de psicóloga y psiquiatra, me están viendo dos, tengo un tratamiento bastante fuerte, yo no dormiría, yo no duermo en el día, mayormente las pastillas son las que me hacen de dormir… Comer, si puedo comer de pie pues como de pie, si no pues como rápido, a cien por hora, me levanto y me pongo el café porque soy “muy cafetera” y qué te puedo decir verdaderamente…

¿Está su hija con usted?

Sí, lo que pasa es que como está fatal con la alergia y la pastilla que le dan para la alergia, pues le da muchísimo sueño, esa es la razón de que ahora esté durmiendo en casa. Es soltera.

Cándida, ¿qué opina acerca de que las nuevas generaciones sigan la tradición del luto?, ¿la mantendría? 

Yo no opino, yo ahí no me meto.  No es antigua tradición, hoy en día es por como tú la sientas, como tú lo quieras llevar, que tú lo quieras llevar largo, corto, que quieras llevar la ropa estrecha, que no quieres llevar el pañuelo o quieres llevarlo en la cabeza…

¿Qué le recomendaría yo a la juventud? Pues en primer lugar que ninguna persona pase por lo que yo he pasado, pero no se sabe en esta vida, … pero yo no podría decir o aconsejar a alguien “no lleves esta ropa” porque esto yo lo llevo acorde con lo que yo estoy por dentro y así me ven por fuera, no hay más, ésta es la única palabra que te puedo decir.

Eso ya es según la persona, ya no es según la familia, es según la persona y según el sitio, porque eso también depende mucho. Hay lugares donde se lo ponen de diferentes maneras… 

A mi hija no lo recomendaría el día que yo partiera, pero irme yo de este mundo antes que ellos, porque a eso es a lo que estamos acostumbrados, que los hijos entierren a los padres, pero no que un padre entierre a un hijo, ni aún en la Biblia está para consolarte esas palabras. Entonces yo no lo recomendaría eso a una hija porque soy su madre ¿es normal? Si yo me voy es normal que yo me vaya antes, que sería un dolor, por supuesto, que ese dolor es un dolor que te quedaría, pero no se lo recomendaría.

¿Su marido Ramón guarda el luto?

Sí, él se fue de aquí porque el dolor de él… (guarda silencio). Cada cual lo lleva de diferentes maneras porque esto es a nivel personal, lo que es el luto, el hábito, “la ropica”, porque esto se habla siempre con mucho respeto e incluso me respetan mucho, muchísimo… Entre nosotros los gitanos nos respetamos, si hay alguien con música, si yo paso quitan la música, si voy pasando por un coche y alguien tiene música, la quitan inmediatamente, porque el gitano es alguien que no tiene raza, porque somos verdaderamente la etnia gitana y no somos raza, no somos perros, como se suele decir: somos la etnia gitana.

Alomejor el luto se irá con el tiempo, irá disminuyendo, no lo sé, alomejor habrá muchísima gente que por ser cristiana bíblicamente, pues serán 40 días ¿de acuerdo? Yo soy cristiana, pero yo me salto eso porque es algo que no lo siento; si me dijeran “quítate el luto que te voy a dar un trabajo” pues te digo: “perdóname, pero prefiero comer pan duro, pero mi ropa no me la quito porque la llevo a gusto”. 

Esto, si no se lleva a gusto pues no se lleva, para llevarlo lo tienes que llevar verdaderamente, porque si te pesa pues te lo tienes que quitar. No quiera decir que no sientas el dolor, el dolor lo sigues teniendo, lo sigues pasando y es algo insuperable. La pérdida de un ser querido no la superas y conforme dices que pasan los años, que vas poniéndote mejor, no es que te pongas mejor, sino que vas viviendo con el dolor, te acostumbras a vivir con el dolor. 

No es que lo pongas en un rincón de tu corazón, por ejemplo, yo tengo “mi corazón partío”. Mi corazón está en mis tres hijos y me falta “un cacho” y me cuesta respirar. Todo me cuesta, tengo mis momentos, mis ratos, tengo mis días malos, “días más o menos”…

¿Hace algo que le guste a lo largo del día, que le aporte? ¿su “cafelico”, como ha descrito?

¡Eso sí! El simple hecho de decir me voy a echar un cacho de pan con manteca, le echo azúcar, pero por el motivo de beberme el café, verdaderamente esa es la causa. En la mañana me tomo un café, termino de comer y estoy deseando de comer cualquier cosa para tomarme el café, esa es una de las causas, pero otra cosa pues no me motiva verdaderamente… 

Aunque me han ofrecido mis hermanas en Cristo, grupo evangélico, porque aparte de hermanas, algunas son familia, yo digo a veces que «sí, sí», en “la Pastora” pero no me hagas caso porque alomejor te digo «sí, sí» y lo mismo no voy… No estoy en calidad de prometer con nadie, porque no sé si puedo cumplir, mi cabeza es como…, pienso una cosa, pero luego no lo hago.

Enfrente del ambulatorio de Polígono Sur está el “templo de Sevilla”, el púlpito donde predican ellas. Todas somos de las mismas edades, yo era la “dirigente” de todas. Ahora no estoy en estado de aportar a nadie, porque verdaderamente eso es ayudar a tus hermanas. Yo he estado en Méjico 30 años, me fui, yo trataba de vivir aquí ¿de acuerdo? pero claro, la situación no me lo permitía, la economía y la vivienda, todo lo demás no lo permitía, entonces me volví a marchar… Pasaban alomejor 2 o 6 años, volvía otra vez, estaba 2 años aquí, me tenía que volver otra vez… Yo me casé aquí porque somos hijos de primos hermanos: mi madre es prima hermana de mi suegra y él, primo hermano de mi suegro”.

Reflexión de su hijo, Ramón Santiago, “Si quieres aumentar tu valor, no te llenes el pecho de medallas, llénate el corazón de virtudes»

Nota de Ramón para su familia

Entrevista: Mariola Cobo Cuenca

Fotografía: Luis Miguel Zapata Luna