La visión de los gitanos en la obra de García Lorca

En este artículo, se describirán los símbolos de la tradición popular utilizados por Lorca para sugerir la magia del universo de los calés. Se abordarán los temas principales del tomo Romancero gitano (1928) como el amor, la violencia y la muerte. No se puede olvidar también un fuerte influjo de las atrocidades sufridas por los gitanos por parte de la Guardia Civil Española como un elemento eje de toda la obra. 

Los gitanos en Andalucía. 

Federico García Lorca procede de Andalucía, una tierra que siempre se ha caracterizado por su multiculturalismo y en la que, durante siglos, sus numerosos pueblos vivían en paz y armonía apoyándose unos a otros y colaborando en varios campos, entre ellos, intelectuales y artísticos. Sin embargo, esta situación tan favorable para todos cambió en el siglo XV cuando al trono subieron los Reyes Católicos. El Edicto de Granada del año 1492 obligó a los judíos a convertirse al catolicismo bajo la amenaza de ser expulsados de la Península Ibérica; una situación semejante tuvo lugar diez años más tarde cuando el mismo ultimátum se les dio a los moriscos. Fernando e Isabel esperaban conseguir la homogeneidad en España, por lo que algunas minorías fueron apartadas de la vida pública, perseguidas y despreciadas (Tuñon de Lara, Valdeón Baruque, Domínguez Ortiz, 2007: 222-225). Una de ellas fueron los gitanos que habían llegado a la Península hacia el año 1415 y a pesar de una buena acogida, gozaron de la aceptación y simpatía durante muy poco tiempo, ya que el decreto de Medina del Campo del año 1499 les obligó a abandonar la vida nómada y les prohibió la entrada en muchas ciudades. Luego, el gobierno intentó aniquilar su cultura y llegó a negar la existencia de la nación gitana en la Real Cédula de 1619 que ordenaba: y que no puedan usar el traje, nombre y lengua de gitanos y gitanas, sino que, no lo son de la nación quede perpetuamente este nombre y uso confundido y olvidado (Calvo Buezas, 1990: 13 – 14). No obstante, la discriminación no se limitó a la lucha contra la cultura gitana sino que adquirió formas más violentas, tales como expulsiones, encarcelamientos, separaciones de los matrimonios y de los hijos e incluso genocidios justificados por el decreto de Felipe IV del año 1633, que mandó cazar a los gitanos por el hierro y por el fuego (Ibid: 14). Esta situación no mejoró mucho con paso de los siglos durante las que duró el proceso de asimilación de los gitanos, cuyos métodos fueron múltiples pero casi siempre profundamente represivos (Pajares, 2007: 133). Y en esa condición lamentable les encontró García Lorca, quien fue tentado de hacer una reivindicación del personaje gitano, poetizando su honra, su valor, lo pintoresco de su mundo. Su poesía ennobleció la cultura de la etnia más grande de Andalucía. 

Los gitanos y la Guardia Civil. 

Sin duda, la muestra más cruel de las persecuciones que sufrieron los gitanos durante siglos fue la del tiempo en el que vivía García Lorca, así pues no es de sorprender que este tema se convirtió en uno de los más tratados en dos de sus libros de versos: El poema de cante jondo (1921) y el Romancero gitano (1928). 

Desde el principio sabemos cuál es el signo atribuido a los guardias civiles, ya que en la mayoría de los poemas se nos muestran como crueles, brutos e insensatos. Lo que más destaca en su visión es su arrogancia y su absoluta falta de respeto hacia la cultura gitana. Un ejemplo representativo de este tratamiento de los militares nos lo trae la Escena del teniente coronel de la Guardia Civil, en la que el personaje del título, al entrar en la escena, grita: «Yo soy el teniente coronel de la Guardia Civil./ Y no hay quien me desmienta./Tengo tres estrellas y veinte cruces./ Me ha saludado el cardenal arzobispo con sus veinticuatro borlas moradas.»

Pero la vanidad y el falso orgullo no son los pecados más graves de los guardias civiles, los son la crueldad y la indiferencia ante el sufrimiento de los civiles, que, casi siempre, no tienen culpa ninguna. Así pasa en la Canción del gitano apaleado, escrita en un perfecto verso romance, en la que en el patio del cuartel, cuatro guardias civiles apalean al gitanillo. Lo mismo ocurre cuando el único gitano que pronuncia el nombre de García Lorca, Antoñito el Camborio, quien además puede ser considerado una encarnación perfecta de las características que debería tener un verdadero gitano, está muriendo en un calabozo. Mientras tanto, los guardias civiles permanecen totalmente indiferentes y beben limonada todos. Muestran su desinterés también ante la muerte en el poema Romance sonámbulo y mientras que el cuerpo de una muchacha gitana se mecía en el agua del aljibe, guardias civiles borrachos/ en la puerta golpeaban. 

No obstante, la visión aterradora de los militares, especialmente en la Escena del teniente coronel de la Guardia Civil, es atenuada por el poeta quien subraya la teatralidad y lo grotesco de sus posturas. El teniente no despierta tanto espanto como repugnancia e incluso indulgencia. Parece un muñeco en el teatro de títeres, esta gran dosis de lo artificial le acerca a la estética camp y le quita la apariencia de un ser real. 

Pero esto no cambia el hecho de que ante el poder aniquilador de las fuerzas del orden los gitanos se encuentran absolutamente indefensos, cualquier cosa que hacen resulta ineficaz por lo que al final dejan de luchar. Este comportamiento queda a la vista en la escena del teniente coronel… en la que un gitano encontrado por los guardias en un puente está interrogado pero no da respuestas directas a las preguntas, porque sabe muy bien que lo que dice, no tiene importancia alguna. Eso confirman las observaciones de la teoría de la subalternidad: como los gitanos pertenecen a la capa más baja de la sociedad, no tienen derecho a hablar, o si se atreven a expresar lo que piensan, nadie les hace caso. El gitano de la Escena…, sabe muy bien que no vale la pena responder porque, hable o no hable, de todas formas le van a pegar. 

Ahora bien, lo que hay que subrayar es que el ya mencionado gitano no es un gitano cualquiera, sino un filósofo y librepensador lo que se manifiesta en su modo de hablar tan distinto del lenguaje seco y ordinario del teniente. El gitanillo, quizá una encarnación del mismo poeta quien también se sentía incomprendido en el cruel mundo que le rodeaba, se expresa de una manera poco común, llena de símbolos surrealistas como en la frase: «He inventado unas alas para volar, y vuelo. Azufre y rosas en mis labios». Además, sostiene que estaba en la puente de todos los ríos haciendo una torre de canela. De todo eso se puede sacar la conclusión de que los gitanos son una parte indisoluble de la naturaleza, son un pueblo con una mentalidad y unas tradiciones con raices en la magia y las creencias arcaicas, dispuesto a usar la ilusión y la fuerza de la imaginación para cambiar la realidad. Aún más, el teniente coronel, que nunca ha visto una encarnación tan perfecta de la libertad, una pasión tan desenfrenada ni una pureza de pensamiento tan grande, queda sofocado por las palabras del calé y, en medio de la interrogación, muere como si hubiera recaído sobre él una maldición. En el mismo momento su alma compuesta de café y tabaco, los símbolos de la realidad cotidiana tan lejanos a azufre y rosas del gitanillo, sale y vuela por la ventana. 

El poema más conocido que aborda el tema de la bestialidad de las fuerzas del orden y que se convierte en un arma de lucha durante la Guerra Civil, se titula el Romance de la Guardia Civil Española. El poema proviene del libro de versos el Romancero gitano y es probablemente el más conocido de toda la obra lírica de García Lorca. Los guardias civiles descritos en el romance pierden los rasgos humanos y se convierten en «jinetes del Apocalipsis sin rostros, almas ni capacidad de llorar.» 

«Tienen, por eso no lloran, 

de plomo las calaveras. 

Con el alma de charol 

vienen por la carretera. 

Jorobados y nocturnos, 

por donde animan ordenan 

silencios de goma oscura 

y miedos de fina arena.» 

Y este huracán aniquilador se acerca a la ciudad de los gitanos en la que reina la alegría, los colores vivos y el olor a canela, guinda y almizcle y que se contrapone a lo negro y funesto asociado con las fuerzas del mal. Sin embargo, esa tranquilidad y ambiente de fiesta no pueden durar, lo que anuncia premonitoriamente la exclamación dolorosa: «¡Oh ciudad de los gitanos!», repetida en todo el poema a modo de estribillo. Existe también otra realidad paralela, la de los santos que se muestran solidarios con los calés y les ayudan a luchar contra los guardias civiles. Éstos quedan representados en el poema como personajes infernales que siembran el pánico y la desesperanza. 

En los poemas en los que se muestra la violencia ejercitada por la guardia civil es visible el contraste entre los hijos de la naturaleza – libres, espontáneos y puros, encarnados por los calés, y los militares – las fuerzas que simbolizan la civilización moderna, es decir, los regímenes políticos y la represión institucionalizada. En la visión del poeta, la Benemérita representa la fuerza brutal que va a destruir el universo fantástico y casi mítico de los gitanos. En este caso se confirma su posición de los subalternos, marginados porque se les persigue no por crímenes cometidos, porque normalmente los que mueren no tienen culpa ninguna, sino por su procedencia, por el matiz de su piel. Este pueblo es consciente de que no se puede vencer a las fuerzas del mal, de allí que ni siquiera intente defenderse, aferrándose a lo que les queda como auxilio, a la construcción de las torres de canela en los puentes de todos lo ríos. 

Los gitanos y la muerte. 

Pedro Salinas, amigo del poeta, dijo una vez: el reino poético de Lorca, luminoso y enigmático a la vez, está sometido al imperio de un poder único y sin rival: la Muerte (Salinas, 1984: 383 – 384). Esta frase puede ser el resumen perfecto de lo que realmente es el Romancero gitano. La muerte constituye su parte indisoluble y vaguea por todas las 21 páginas, marcando el mundo gitano y convirtiéndose en un elemento crucial tanto de la mentalidad como de la imagen literaria de este grupo social. Parece que el destino de los calés está decidido de antemano y que existen pocas posibilidades de esquivarlo. 

Ahora bien, la muerte no siempre es funesta y aterradora como los guardias civiles, tiene varios rostros y es imprevisible. En el Romancero gitano Lorca creó su propio lenguaje de símbolos, donde el de la muerte aparece con preocupante frecuencia. El motivo que se repite con insistencia en varios poemas es la luna, que está dotada de un poder maléfico, es una encarnación de la muerte o preside las escenas en las que esta última aparece. 

El poema en el que la presencia de la luna es más evidente es, desde luego, el Romance de la luna, luna. No sólo la escena en la que tiene lugar la acción está envuelta en el brillo lunar sino que el astro de la noche es uno de sus principales protagonistas. La luna aparece personificada, viene como un presagio de la muerte y anuncia a través de una metonimia lo que va a suceder: Niño, déjame que baile./ Cuando vengan los gitanos,/ te encontrarán sobre el yunque/ con los ojillos cerrados.Pero a pesar de su actitud amenazadora, la luna no nos parece siniestra ni terrorífica, más bien al final se muestra maternal porque por el cielo va (…) con un niño de la mano. 

Otra composición relacionada estrechamente con la luna es el Romance sonámbulo con su ambiente lleno de misterio y magia. «Una muchacha gitana está esperando a su amado en una baranda sumergida en el resplandor lunar, pero de tanto esperar pierde la fe en que su novio volverá. Desesperada, se suicida en un aljibe y un carámbano de luna/ la sostiene sobre el agua. Esta plástica metáfora convierte el rayo de la luna en carámbano y éste en el filo de un puñal de plata». 

La última frase confirma el hecho de que los metales y objetos metálicos punzantes, como cuchillos, navajas, puñales y espadas, suelen augurar un triste final. Lo metálico simboliza tanto la frialdad (ojos de fría plata (2), los aires fríos/ de metales y peñascos (3)y la dureza, como la amenaza de la muerte. El arma blanca, con su fuerza y agudeza, da miedo y, por otro lado, atrae como todo lo que es al mismo tiempo bello y peligroso. Esta ambigüedad se manifiesta en el poema titulado Reyerta, donde se establece el símil entre las navajas y los peces: 

(2) Romance sonámbulo (3) Romance del emplazado 

«En la mitad del barranco 

las navajas de Albacete, 

bellas de sangre contraria, 

relucen como los peces». 

No cabe duda que los símbolos que se repiten en varios contextos y adquieren diversos significados son la clave para entender lo gitano en la obra de Lorca. Usándolos, el poeta envuelve la realidad cotidiana de los gitanos en un nimbo de leyenda, convirtiéndola en algo más sublime y lleno de encanto. Pero este universo fantástico creado por Lorca es dominado por una fuerza sobrenatural: la de la muerte que está presente en cada instante y puede asomar de detrás de cualquier esquina o asechar en cualquier rincón. Las muertes en el Romancero gitano son a menudo violentas, con sangre derramada o que brota de las heridas causadas por un cuchillo o una navaja. La constante amenaza de la muerte por parte de los guardias civiles, de gente de la misma raza o de una fuerza misteriosa se transforma en un elemento indisoluble de la existencia de los cañís. 

Los gitanos y la pasión amorosa. 

Aunque el dolor y el sufrimiento son omnipresentes en el universo gitano, existe también una fuerza vital que se opone a la muerte: el amor y la sexualidad (Tanatos se opone a Eros). Igual como en el caso de la muerte, García Lorca escoge unos cuantos símbolos eficaces para referirse a las pasiones desenfrenadas. El más destacable de todos es el caballo que encarna lo masculino: un motivo presente en la poesía popular europea. Aquí podemos citar un epíteto que alude a un atributo del caballo para expresar con más fuerza lo viril: Antonio Torres Heredia./ Camborio de dura crin (4); o, como en el caso que sigue, se sirve de una comparación y una sinestesia para acentuar la belleza irresistible del cuerpo de un hombre calé (Cobre amarillo, su carne,/ huele a caballo y a sombra). (5)  A menudo, el caballo tiene evidentes connotaciones eróticas, que se basan en la fuerza, la energía y la bravura del animal. En el romance Thamar y Amnón, el protagonista viola a su hermanastra y su pasión queda descrita a través de dos versos que no aluden abiertamente al tema, pero sí sugieren metonímicamente una clara tensión voluptuosa: Los cien caballos del rey/ en el patio relinchaban.Como en las religiones animistas, la emoción se contagia a todo el universo. 

La misma situación, aunque carente de matiz violento, se construye en el poema titulado La casada infiel, donde el yo lírico cuenta en primera persona: «Aquella noche corrí/ el mejor de los caminos,/ montado en potra de nácar/ sin bridas y sin estribos.»Esta clara metáfora del acto sexual subraya la absoluta libertad del amor, a través de la del animal. 

(4) Muerte de Antoñito el Camborio. (5) Romance de la pena negra. 

El mismo carácter sexual en los romances lo adquieren el viento, la serpiente, la espada y la luna. El viento, muchas veces, se nos muestra lascivo, como en el romance Preciosa y el aire (Preciosa tira el pandero/ y corre sin detenerse. /El viento-hombrón la persigue/ con una espada caliente).En esta frase también la espada es un claro símbolo fálico; lo mismo pasa con la serpiente en el poema Thamar y Amnón (En el musgo de los troncos/ la cobra tendida canta.). En cuanto a la luna, ésta es un elemento que sintetiza las dos esferas dominantes en la poesía lorquiana: la muerte y la vida. A pesar de su carácter fatídico, es relacionada frecuentemente con el sexo y la fecundación, como en los siguientes ejemplos de Thamar y Amnón y el Romance de la luna, luna: 

  1. «Amnón estaba mirando
    la luna redonda y baja,
    y vio en la luna los pechos durísimos de su hermana.»
  2. «En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño.»

En la representación de actitud amorosa del pueblo gitano se puede observar el mismo juego de símbolos que en otros campos de referencia, aunque con los acentos resituados. En la visión de Lorca, los calés están dotados de una pasión desenfrenada y de instintos primordiales que casi nunca queda insatisfechos. La pasión que quema sus cuerpos se desahoga no sólo en actos de amor y placer para dos amantes, sino que a veces desemboca en actos violentos y crímenes pasionales, lo que subraya la presencia en el universo lorquiano del sexo como un impulso irresistible. Todo lo relacionado con el aspecto carnal de los gitanos refuerza su imagen constituida por la vitalidad, la libertad y un instinto cuasi animal que rige su comportamiento. 

Los gitanos en los dibujos de García Lorca. 

El granadino no sólo describía a los gitanos en su obra lírica. Recreaba también la profunda y mítica tristeza de su existencia, así como lo pintoresco de su folclore, en una serie de dibujos, que solía añadir a las cartas mandadas a familia y amigos o a las sucesivas ediciones de sus libros de versos. Tanto la poesía como el arte plástico de Lorca acentúa sobremanera la marginación y la “otredad” de los gitanos en el mundo andaluz. Muchas veces el gitano surge como una personificación de melancolía y nostalgia producida por haber nacido en la capa más baja de la sociedad andaluza y por la necesidad de vivir a sus espaldas. 

El personaje que García Lorca retrata con mucha frecuencia es uno de los protagonistas de sus poemas, Antoñito el Camborio. En los dibujos está vestido con el traje tradicional de bandolero andaluz, con sombrero calañés, chaleco abotonado, chaquetilla corta, camisa de cuello redondo y adornos de encaje. A menudo, este traje está complementado con elementos del vestido de clown, por ejemplo pompones, gorgueras o gorros cónicos que le asemejan a un mago o un payaso, subrayando su posición de un ser sufriente y marginado. Lo que destaca en los retratos de Antoñito creados por Lorca es la omnipresencia de la luna, el símbolo que reina en el Romancero y que se convierte en un fatídico presagio de muerte. Otro elemento que el poeta repite con obstinación es la lluvia de lágrimas transformadas en sangre, que a menudo cae de la luna o de los ojos sin iris, poniendo a la vista la pena negra del destino de un gitano. Cabe recordar también que García Lorca dibuja casi exclusivamente retratos unipersonales, los protagonistas no entran en ningún tipo de relaciones sociales mostrándose solitarios, alejados de la vida pública, desterrados y sumergidos en su propia tristeza. Otra característica de los gitanos presentados por Lorca es su inmovilidad total, los personajes son estáticos como si estuvieran posando para un retrato o una fotografía, tienen los ojos grandes, sorprendidos con pupilas dilatadas o iris vacío y, muchas veces, las manos cruzadas en el pecho (Plaza Chillón, 2005: 42 – 48). 

1.Gitano con gola y sombrero de mago 
2. Gitano malísimo
 3. Llanto de un gitano por Ignacio 
Sánchez Mejías
 4. Busto de Antoñito el Camborio 
5. Busto de Antoñito el Camborio bajo la luna
 6. Gitano andaluz ante casa de vinos
 




Los dibujos del poeta están llenos de un encanto especial como si los hubiese pintado un niño inocente. Complementan y amplían el significado de sus poemas mostrando al gitano como a un personaje lírico y romántico cuya existencia está dominada por la nostalgia y la melancolía. Estas ilustraciones encantaron también a uno de sus amigos, el poeta Jorge Guillén quien escribe que Lorca realiza sus dibujos con pluma o con lápiz – como un simple dibujante – aficionado. Normalmente, el dibujo obtiene la forma de un ornamento para el texto colocado en el margen, por ejemplo la carta del año 1927 terminó con la frase: 

«Intenté animar esta carta con un dibujo. Y lo hizo de verdad. Esas ilustraciones eran encantadoras: frutas, copas, pupitre con partituras, clarinete, pozo y surtidor al lado de un payaso y dos ramas de limón…»(García Lorca, 1987: 13 – 14). 

Conclusiones

No cabe duda de que a Federico García Lorca, uno de los mejores poetas en toda la historia de la literatura española, le dolía la intolerancia y la injusticia; esta preocupación social dejó una huella visible en su obra. Escribió muchos versos memorables en las que representa a los gitanos, los negros y los homosexuales, sin embargo, resulta interesante que la manera de recrear poéticamente su imagen no es igual en cada caso. 

El poeta describe a los que son más cercanos a sus raíces, los gitanos, que, según él mismo, constituyen el alma de las tierras andaluzas. El personaje del gitano encarna la vitalidad, la fuerza y la bravura, pero al mismo tiempo se encuentra en posición de subalterno, lo que le impide oponer resistencia eficaz a la despiadada brutalidad de la Guardia Civil Española. García Lorca en el Romancero gitano aprovecha los ritmos populares y los típicos cantos andaluces para enfatizar el fuerte vínculo que une los gitanos con el sur de España. Lo que destaca en los poemas es el influjo de la tradición popular que se convierte para el poeta en una inagotable fuente de símbolos, llenando sus obras de caballos malheridos, cuchillos, lunas y metales, sometidos aquí a una transformación surrealista. 

Federico García Lorca dedicó una parte notable de su obra a sujetos relegados a una posición subalterna. Aunque pertenecía al grupo de los “intelectuales del primer mundo”, era capaz de retratar a los subalternos sin traicionarlos y dejándoles hablar a través de sus poemas. De la preocupación social del poeta surgieron algunos de los versos más originales y conmovedores. Evidentemente, escribiéndolos García Lorca contradecía sus propias palabras, con cuya cita terminaré este trabajo: «Es triste. Pero tengo que callar. Hablar sería un escándalo.» (Delbecque, de Paepe, 1998: 823). 

Bibliografía:

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OLGA GRZYŚ.Facultad de Humanidades Departamento de Letras y Lenguas Modernas. UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA DE CRACOVIA