Cuando asimilamos la pobreza

«La corrupción testosterone gel pills price vegetable protein brota de la riqueza,
y el prejuicio señala a la pobreza.»

Cuando se nace en la pobreza, en muchas ocasiones se asimilan situaciones como las de la exclusión y el rechazo. Esta asimilación viene siendo uno de los vetos con los que nos topamos cuando nos cuestionamos las causas de los problemas que envuelven a la población gitana. Dicha percepción la encontramos cuando numerosos gitanos se definen a sí mismos y, sin duda, cuando la población mayoritaria también lo hace. Es frecuente la descripción de esta minoría a través de valores negativos y pesimistas que a través de valores positivos o de aliento.

Durante siglos numerosos romá han asimilado la exclusión tratando de conservar su identidad, y esta situación no tendría por qué confundirse con un estado natural de pobreza. Es indudable que la estigmatización es un hecho, lo más triste es que se incrementa si la pobreza también lo hace.

Constantemente los medios informativos contribuyen a retroalimentar esa proyección sombría, infundiendo al temor y proyectando una visión de las familias de ostentación o de pobreza extrema. No es habitual encontrar un espacio que ofrezca un mensaje de normalidad o que contribuya de algún modo a valorar la mezcla de culturas que existen en Andalucía, incluyendo lo que los gitanos han aportado a la construcción de nuestra identidad.

En ciudades como Sevilla, Jaén, Granada y Algeciras, algunas familias nos miran con recelo ya que por allí han pasado durante décadas individuos que les prometen reformas en edificios, en calles y en su persona. Esas ayudas casi siempre suponen parches económicos que coinciden con campañas políticas. Así, las generaciones más envejecidas van siendo reemplazadas por otras que nacen en calles enfangadas por aguas fecales, y en ese entorno también se asientan el analfabetismo y dificultades mayores para acceder más fácilmente a la educación formal.

Las mujeres gitanas salen bastante perjudicadas ya que junto a situaciones de marginalidad, van unidas tradiciones herméticas y machistas que las obligan a vivir entre el desconocimiento y la subsistencia. Ellas son las que tratan de enderezar caminos para que la familia no se fragmente, pero muchas de ellas son demasiado jóvenes, por lo que les falta madurez para buscar alternativas, dando a luz a numerosos hijos hacinados en viviendas que intentan sostener.

El presente de los gitanos varía con el paso de los años según los pueblos y ciudades a nivel estatal (sin olvidar que ganarse la vida nunca ha sido fácil para la mayoría de la sociedad). El miedo y el prejuicio hacia los gitanos más pobres sigue existiendo, y sus hijos crecen en calles más degradadas y retiradas que el resto de la población.

Para impedir que esta realidad continúe, personas sensatas e implicadas, trabajan diariamente por incentivar la cooperación y la concienciación desde varios ámbitos (desde los centros educativos, en las calles, en el acompañamiento de los menores y de las personas mayores, en el acercamiento a otras personas a través de charlas, de talleres, de actividades, etc.). Muchos individuos trabajan cara a cara promoviendo el acceso a los recursos, así como la puesta en práctica de las capacidades de superación y autoconfianza a las que podemos llegar.

El miedo entre unos grupos y otros es una línea invisible y potente que empeora el entendimiento, por ello las personas nos alejamos más aún.

Con el fin de entendernos, trataremos de no buscar culpables o inocentes en esta discordia constante, así será más fácil encontrar alternativas para alcanzar una convivencia en paz. En el caso de los romá, conseguir la igualdad no tiene que significar renunciar a lo genuino que les transmitieron sus familias; serán ellos mismos los que decidirán qué dejar atrás para seguir avanzando hacia la integración. El respeto a la diversidad cultural puede impulsarse con propuestas reales y entendibles para todos, sin tratar de borrar lo que los gitanos son desde hace siglos para «convertirlos» al presente de la inmensa mayoría.

Editorial del Nº1. Invierno de 2014.
Por Mariola Cobo Cuenca.