La procedencia de la salud

«Los prejuicios que existen contra los gitanos se relacionan con la exclusión social y la pobreza, los factores de riesgo más potentes para perder la salud»

La Organización Mundial de la Salud definió la salud hace décadas como «el completo estado de bienestar físico, mental y social». No sólo como la falta de enfermedad. Por ello es necesario contemplar a la persona en su integridad, como ser humano que vive y se desarrolla en un contexto social. En este entorno (el barrio, la familia, las amistades, etc.) nos encontramos circunstancias que favorecen la aparición de enfermedades generando gran sufrimiento, discapacidad o mortalidad. Por tanto, cualquier persona que se dedique a cuidar la salud debe comprender que la sociedad (entendida como el entorno humano en el que vivimos) tiene mucho que ver con la forma en la que enfermamos: los seres que nos rodean nos dañan o nos protegen.

En el caso de las personas de etnia gitana, los factores sociales que modelan la salud adquieren una especial importancia. Los prejuicios que existen contra el colectivo se relacionan con la exclusión social y la pobreza, que son dos de los factores de riesgo más potentes para perder la salud.

Los escasos estudios que se han llevado a cabo desde las instituciones señalan que el pueblo gitano, en general, goza de peor salud, tiene más problemas para recibir atención sanitaria y lleva a cabo con más frecuencia conductas de riesgo (consumo de drogas, malnutrición, convivencia de muchos miembros en espacios muy reducidos, etc). Sin embargo, si profundizamos en estos informes y tenemos en cuenta el nivel económico, las diferencias se reducen considerablemente. Por tanto, en esta sociedad la pobreza y la marginación producen enfermedades, y los prejuicios se nutren de los valores de muchas personas hacia lo gitano.

Debido a mi trabajo, llevo 6 años acompañando a personas que han sufrido distintos tipos de lesiones neurológicas, sobre todo tras hemorragias cerebrales o accidentes de tráfico. Como fisioterapeuta, vivo cada día los esfuerzos de personas que buscan una segunda oportunidad para recuperar la dignidad que un golpe inesperado les arrebató. En los casos en que he tenido noticias de usuarios gitanos, ha sido a través de comentarios de compañeros de profesión así como de otras áreas. Muchas veces he comprobado que el estigma social del desconocimiento se hace aún más patente cuando se habla de las mujeres, como las abuelas, madres y esposas gitanas.

Hace poco tiempo supe del caso de una madre de etnia gitana que estuvo meses peregrinando con su hijo por distintos servicios de pediatría, porque tenía la sensación de que el pequeño no se movía bien. Desde el principio, la diagnosticaron como una enferma mental, de bajo nivel intelectual, a pesar de que al final se confirmó que el bebé padecía una enfermedad rara que estaba frenando su desarrollo. Nadie, en todo ese tiempo, le recomendó acudir a fisioterapia ni le informó de los beneficios que el tratamiento podía tener para su niño. Dieron por hecho que no sería capaz de mantener responsablemente la asistencia a terapia.

No es fácil decir que la procedencia o apellidos de una persona pueden marcar la diferencia; pero la realidad es que quizá en la salud y en la enfermedad podamos encontrar la huella más profunda del prejuicio, porque los valores que subyacen a la salud señalan quién merece ser cuidado, quién merece vivir o morir, cuánto vale una vida y quienes pueden disfrutar de esa segunda oportunidad.

Por Juan testosterone enanthate cycles routine with russian Anaya Ojeda.